• 23
  • Abr
  • 2016

tupac2Acabo de intentar postear en Facebook un artículo en que la organización Tupac Amaru denuncia amenazas a la diputada Balconte para que declare en contra de Milagros Sala y Máximo Kirchner, pero cuando lo hago me encuentro con que Facebook me bloquea por “cuestiones de seguridad” el link de la web de la Tupac.

¿Extraño no?

El artículo que Facebook impide publicar es el siguiente:

TRAS SER AMENAZADA MABEL BALCONTE DECLARÓ EN CONTRA DE MILAGRO SALA E IMPLICÓ FUNCIONARIOS NACIONALES

 

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  • 3
  • Abr
  • 2016

El honestismo es un término que puso en circulación el escritor Martín Caparrós en un ya recordado artículo en el diario Página 12 en el año 2009 titulado “Las elecciones y el honestismo” y que luego lo convirtió en una de las palabras incluidas en su libro “Argentinismos”.

Caparrós definió el honestismo como “esa idea tan difundida según la cual –casi– todos los males de la Argentina contemporánea son producto de la corrupción en general y de la corrupción de los políticos en particular. Llamo honestismo a esta tendencia a pensar que si los trabajadores ganan poco no es porque sus patrones se quedan con buena parte de lo que producen, y que si los desocupados no tienen trabajo no es porque el mercado argentino esté organizado para producir soja y servicios y comprar todo lo demás afuera, sino porque los políticos afanan.”

La consagración del honestismo se produjo en las elecciones de 1999 en la que triunfa la Alianza encabezada por el inútil Fernando de la Rua pero se fue incubando, como lacra, tal la caracterización de Caparrós, durante el menemismo, donde los políticos opositores y los periodistas críticos se dedicaron durante una década a poner en superficie toda la espectacularidad de la corrupción del menemato pero dejando en sombras lo importante: la destrucción del aparato productivo nacional y la entrega del país a los intereses financieros internacionales.

Caparrós le daba al término aún más claridad: “llamo honestismo al modo más reciente de disimular o negar u olvidar que nuestro país –y tantos otros– está como está porque sus estructuras económicas y sociales fueron armadas para que esté así, para que se beneficien unos pocos, para que se jodan los más”, es decir, el honestismo es una forma de la antipolítica, que niega las decisiones ideológicas y todo lo referencia a la honestidad o no honestidad del político. Lo que el honestismo esconde es que un honesto puede gobernar para los poderosos o bien puede gobernar para los sectores populares, lo mismo que un deshonesto.

Así como Caparrós afirmó que el honestismo tuvo su consagración en la elección presidencial de 1999 en la que se impuso Fernando de la Rua, también es posible afirmar que el honestismo ha vuelta a ganar una elección, la de 2015 que colocó a Mauricio Macri en la presidencia.

La cara más visible del honestismo en la Argentina ha sido Lilita Carrió, y creo que luego de estos 100 días del gobierno de Macri podemos decir que es la única verdaderamente honestista que queda en pié en la Argentina, porque el macrismo nacido al calor del honestismo ha demostrado que el honestismo tiene límites para sus votantes.

Para el honestismo es escandalosa la existencia de Cristobal López, hombre vinculado al poder kirchnerista y dedicado al negocio del juego y los medios de comunicación, pero no parece ser un problema que exista un Daniel Angelici, empresario del juego y parte del grupo de amigos íntimos del Presidente, ni que exista un Héctor Magneto, hombre fuerte de los medios argentinos que recibe múltiples negocios del nuevo gobierno.

Para el honestismo es escandolosa la existencia de Lázaro Baez, hombre vinculado al poder kirchnerista y receptor de obra pública, pero parece no ser un problema que exista Nicolás Caputo, “hermano de la vida” del presidente Macri que ha recibido decenas de contratos de obra pública en la CABA y ahora comenzó a recibirlos por cientos de millones de pesos de la Nación.

Para el honestismo eran un escándalo las carteras Luois Vuitton de Cristina Kirchner, pero no parecen serlo las joyas regaladas en Chile a la vicepresidenta Michetti.

Para el honestismo era inadmisible la hija del Ministro Rossi como funcionaria en el Banco Central pero no lo son los hermanos del Ministro Peña en diversas áreas, el ahijado galán de la Ministra Bullrich en Anses ni el yerno del Ministro Aguad en el ARSAT.

Para el honestismo era escandaloso que la entonces novia del vicepresidente se convirtiera en panelista de diversos programas televisivos oficialistas, pero no parece preocuparle que la novia del Ministro Avelluto haya sido nombrada como Coordinadora de Prensa del Ministerio de Cultura.

Para el honestismo era imposible de soportar que el avión presidencial pudiera usarse para llevar a la hija o hijo de Cristina Kirchner pero no parece ser relevante que el helicóptero presidencial transporte hasta el jardín de su casa en el country al ministro Dietrich y su hijo adolescente.

El honestismo, por principio, no debiera aceptar que la primera dama tuviese una marca de ropa acusada de contratar talleres clandestinos, que la compañía de aviación de la familia presidencial, Macair Jet, se quede con rutas de propiedad de Aerolíneas Argentinas, que continúe en las sombras el escándalo por la derivación de fondos públicos por cifras millonarias a agencias de conocidos periodistas como Fernando Niembro o Luis Majul, que el Presidente pase sus minivacaciones de Semana Santa en la estancia de un millonario británico condenado como delincuente por apropiarse de áreas públicas y además accionista de Edesur, principal beneficiaria de los aumentos en la electricidad, y tantas otras cuestiones que el honestismo parece no registrar.

En su edición de hoy el oficialista diario Clarín, a través de uno de sus columnistas estrella, le dice a la honestista Carrió: “Cuidemos al Presidente, Lilina mía (…) que Nico Caputo, el amigo del Presidente, haga obras con el Estado es un problemita que deberíamos hablarlo en la intimidad, sin levantar tanta polvareda”.

El honestismo argentino parece haber alcanzado su límite, y la única que sobrevive a esta “lacra de los noventa”, como la calificó Caparrós, es Elisa Carrió; ya que ni siquiera su copia simulada, Margarita Stolbizer, ha sobrevivido al límite del honestismo cuando al preguntársele por el rol de Angelici en el gobierno declara “no conozco el tema así que no puedo opinar sobre eso” mientras elige el tono de rubio que se pondrá si finalmente es elegida como jueza de la Suprema Corte.

Creo que el honestismo está muriendo, y quizás en cuatro años habrá terminado su agonía, y como prueba de que alguna vez algo así existió solo quede el testimonio vivo de la inefable Lilita.

A partir de ahora nadie puede levantar la bandera del honestismo para desviar la atención, propia o ajena, de lo que realmente pasa. El kirchnerismo fue un cambio cultural que intentó volver la política a su lugar de poder, el honestismo encarnado por el triunfo de Macri fue la fuerza en contrario que va quedando desnuda, la antipolítica puesta a suponer que los problemas de los argentinos radican en la existencia de dirigentes corruptos. Pero cuando al honestismo se le caen los ropajes quedan al descubierto las ideologías, los pensamientos, las prioridades, los intereses y las intenciones, o sea, la política, porque una derecha honesta no es menos derecha que una deshonesta, lo importante finalmente es no quedarse con los fuegos artificiales del honestismo, ese que parece haber alcanzado finalmente su límite.

Hoy cuando llueven los despidos en lugar de las inversiones, aumentan los precios por encima de los salarios, se siguen enriqueciendo los más ricos pero se emprobecen los más pobres, se encadena un tarifazo tras otro con porcentajes obscenos del 300 0 400%, se transfiere riqueza a los sectores más poderosos, se anula la posibilidad de jubilarse para cientos de miles de argentinos, se ingresa en una nueva etapa de endeudamiento financiero, donde las PYMES entran en terapia intensiva y los derechos adquiridos por millones de argentinos son catalogados como “una fiesta”, los ciudadanos deberán optar por apoyar este modelo conservador, retrógrado y de derecha o no hacerlo, pero ya sin la tabla de salvación de su buena conciencia que fuera el agonizante honestismo.

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  • 25
  • Mar
  • 2016

Quizá pocas veces como hoy un medio de comunicación masiva de enorme importancia mostró su debilidad frente a las nuevas plataformas de autocomunicación masiva que circulan por la red.

En un artículo de su edición de hoy el Clarín, nada menos que el mascarón de proa de la corporación mediática más poderosa de la Argentina y una de las tres más poderosas de Latinoamérica, criticó al gobierno por haber privilegiado la emisión de vídeos y fotos exclusivas del encuentro entre Macri y Obama a través de la cuenta oficial que el presidente hace poco tiempo abrió en la novedosa plataforma Snapchat.

Inclusive el texto del articulo se vuelve aún más patético ya que suena como una novia madura y despechada que ve como su príncipe azul que tanto trabajo le tomó conquistar la engaña con la joven y espectacular nueva red social. A tal punto que confunde una plataforma de intercambio social como “un medio” e incluso le agrega un toque nacionalista a su reacción, “un medio extranjero”, le llama a Snapchat.

Es tal el sinceramiento de los temores de Clarín que llega al punto de calificar este hecho como un impedimento para “garantizar el libre acceso a información pública”. Increíblemente el aliado periodístico de Macri dice “La realización de una cobertura audiovisual oficial y su entrega a un medio extranjero como Snapchat, cuya plataforma no favorece la reproducción libre de los contenidos en otros medios, no es la forma más conveniente de hacer publicidad de los actos de un gobierno republicano y democrático”, aunque parezca mentira Clarín se preocupa por la reproducción libre de contenidos y hasta menciona la palabra “pluralidad”, cosas veredes Sancho.

Incluso en esta rabieta sentimental el Clarín factura a Macri haber entregado material exclusivo de su asunción a través de su cuenta oficial de Facebook, desliz que en su momento supo perdonar, mas no olvidar.

El sociólogo catalán Manuel Castells en su libro Comunicación y Poder alude precisamente a la posibilidad de que las viejas formas de comunicación masiva se vean superadas por el tráfico de relaciones e información en red a través de las plataformas que la mayor parte de la población porta en sus celulares, encabezadas por las ya tradicionales Facebook y Twitter, luego ampliadas por Whatsap.

Castells llama en su libro a estas nuevas formas de la comunicación como “medios de autocomunicación de masas” tomando como base la tradicional fórmula de los “medios de comunicación de masas” tradicionales, que según este sociólogo comienzan a desafiar a los viejos medios eludiéndolos al momento de vincular el acontecimiento y su difusión.

La idea es que las personas pueden hoy informarse de lo que está sucediendo sin la mediación de los medios de comunicación tradicionales, lo cual no significa que no existan otras mediaciones, pero sí que podría disminuir sustancialmente esta poderosa mediación. La reacción de Clarín ante los vídeos exclusivos que la presidencia publicó por Snapchat no son solamente un reflejo de un desaire de parte de Macri a su aliado periodístico fundamental sino la evidencia de que los tiempos están cambiando, como diría Bob Dylan.

Es una realidad que los medios de comunicación llamados tradicionales están retrocediendo en todo el mundo, cada vez se venden menos diarios y las nuevas generaciones se van alejando de la televisión sincrónica, y la razón de ello es que las noticias circulan más, y antes, por las redes sociales y que el modelo televisivo está yendo claramente a la TV diacrónica de plataforma en red como lo indica el llamado “modelo Netflix”.

Estas novedades no solamente afectan el negocio de las viejas corporaciones de medios sino que también hieren sus ambiciones de poder, que como bien dice Castells es un proceso, no una posesión detentada por algo o alguien, en el cual los medios hoy juegan un rol trascendente, pero que dentro de ese proceso no tiene ni mucho menos el lugar comprado.

La decisión de Presidencia de derivar información de la visita de Obama por las redes, en este caso por Snapchat, tiene el claro objetivo de generar atención en una red social muy joven especialmente poblada por jóvenes, que en su mayoría no consumen los medios informativo tradicionales, y por lo tanto de explorar nuevas vías de comunicación entre el gobierno y “la gente”.

La campaña electoral de Cambiemos tuvo un especial apego y apoyatura en las redes sociales, esencialmente Facebook, Twitter y YouTube, aunque su principal sostén estuvo dado por los medios tradicionales de comunicación de masas, los más poderosos. Quizá esta decisión haya sido una vía de exploración para ir marcando, desde el poder político, la cancha de quién es el que manda, dentro de este “proceso” en que se ha convertido el Poder en este siglo XXI.

Mientras, la reacción destemplada de la corporación Clarín se parece más a una advertencia de quién se siente con derechos (matrimoniales) y dispuesta a dar una dura batalla por hacer valerlos.

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  • 20
  • Mar
  • 2016

El estereotipo del mexicano es el de ser vago e irresponsable, Hollywood se ha ocupado de explotarlo hasta el infinito, al punto que desde niños hemos consumido la idea a través de los dibujitos de Speedy Gonzalez con sus amigos Pablo y Fernando, lentos, cansados, siempre tirados durmiendo a la sombra.

En cambio el estereotipo del alemán es el de un trabajador metódico y persistente, fuerte y decidido, que es capaz de hacer milagros económicos y hasta de resignar vacaciones.

Producto de esos genotipos. como todos sabemos, Alemania es la primera economía de Europa y país modelo, mientras que México es un país periférico azotado por el narco y la corrupción.

Pero del mismo modo que pasa con los records, los mitos también están para ser destruidos.

Por lo tanto ni los mexicanos son vagos ni los alemanes los reyes del trabajo.

La OCDE ha hecho una medición de cuáles son los países que pertenecen a esta organización que más tiempo trabajan en un año, y cuales menos. Recordemos que la OCDE es una organización internacional que agrupa a todos los países centrales del mundo y algunos de las llamadas economías emergentes globalizadas.

El resultado arrojó que entre los 39 países analizados México es el país donde más se trabaja y Alemania donde la población dedica menos tiempo al trabajo. (ver cuadro AQUÍ)

Y si todavía hay que destruir otro mito es el de los japoneses, de quienes se dice que son verdaderas máquinas laborales, pues no, ocupan el puesto 22 en la escala. ¿Y Estados Unidos, el país donde el trabajo te promete todo tipo de satisfacciones? Ocupa el lugar 17, apenas por encima de la media de la suma de todos los países.

¿Vieron que Grecia se encuentra en graves problemas económicos? Obviamente se nos ha dicho que eso pasa porque han vivido una fiesta y que los griegos son gente poco afecta al trabajo y esa tendencia a la ociosidad los hace padecer su pobreza. Pues no, ocupan el cuarto lugar de la escala, siendo el país europeo donde la gente más tiempo trabaja. Por lo tanto el país europeo con mayores problemas económicos es el que más horas trabajan sus habitantes.

En la OCDE solo se encuentran representados tres países latinoamericanos: México, Costa Rica y Chile, y sorpresivamente para la mitología global, ocupan tres de los cinco primeros lugares del estudio, es decir, Latinoamérica, ese continente lleno de indolentes, ventajeros y vagos tiene sus tres representantes en la elite de los que más tiempo trabajan.

Abandonemos entonces ese ya insostenible mito y empecemos a pensar en serio en la larga historia de dominación entre las naciones para entender por  qué unos países son más ricos que otros, y dejar de repetir que se trata por sus esfuerzos medidos en tiempos, que no son más que justificaciones que repiten ciertos sectores para generar normativas y leyes que precarizan y flexibilizan a los trabajadores en busca de disminuir el costo de la mano de obra para seguir alimentando la diferencia de riqueza entre naciones, a favoir de esas en las que la gente menos tiempo trabaja.

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  • 13
  • Mar
  • 2016

El Plan PROCREAR sigue existiendo pero ya sin sorteos y con tasas de mercado, los Precios Cuidados siguen vigentes pero nadie se preocupa de cuidar los precios, el Ministerio de Trabajo sigue en pié pero no se ha interpuesto para impedir ni uno de miles de despidos, el Plan Conectar-Igualdad continúa pero transferido a las provincias que no disponen de ninguna acción para igualar conectando, el INDEC dejó de engañar con sus índices porque ya no genera ningún índice,  el Ministerio de Desarrollo Social tiene sus móviles guardados y su personal de terreno en oficinas, YPF sigue siendo estatal pero pierde a su CEO nacional y es controlada por un ex CEO de Shell, Aerolíneas Argentinas sigue como línea de bandera pero comenzó a cancelar rutas como las del corredor patagónico, el AFSCA se transformó en el ENACOM pero en su Directorio solo hay representantes de medios comerciales a los que debiera controlar, la Secretaría de Comercio encargada de controlar precios entre otros de supermercados quedó en manos de un empresario de supermercados, el Centro Cultural Kirchner es utilizado como comedor diplomático sin ninguna programación cultural, el programa Futbol para Todos pasó a control de los medios privados y de “para todos” pasó a ser solo para quienes tengan cable o internet, la UIF encargada de combatir el lavado de dinero es conducida por abogados del HSBC el banco lavador más sancionado en el mundo, entre otros tantos casos.

El Estado se va transformando en un simulacro, una cáscara, como una escenografía de cartón de los sets de filmación donde se simula una realidad que ya no es, una mera superficie que se va vaciando de contenido.

En esta ocasión la ofensiva neoliberal cambia de estrategia, no ejecuta la política de arrasamiento que llevó a cabo en los 90, y esta nueva etapa construye una ficción de Estado, un simulacro más acorde con los tiempos que corren, ya no los de la inocencia y la candidez, sino los que dividen las aguas entre avispados y avestruces.

Un Estado Zombie, un Estado que sigue allí, ante nuestros ojos, que parece seguir viviendo, pero está muerto, que está siendo objeto del crimen perfecto.

del crimen perfecto.

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  • 18
  • Feb
  • 2016

0014280057Es realmente poco habitual la visita de un Presidente de Estados Unidos en ejercicio a la Argentina en calidad de visita de estado.

Es ampliamente conocido que la Argentina es un país que históricamente cultiva uno de los mayores niveles de antinorteamericanismo del planeta y ha sabido mantener a distancia sus vínculos con la gran potencia mundial por muy diversas, y muchas veces contrapuestas, razones, aún durante gobiernos conservadores o dictaduras militares.

Solo tres presidentes norteamericanos visitaron la Argentina en visita oficial de Estado: Dwight Eisenhower, en 1960 durante la presidencia de Arturo Frondizi, y George Bush en 1990 y Bill Clinton en 1997 ambos durante las presidencias de Carlos Menem.

Otros presidentes como el caso de Franklin Roossevelt en 1936 o George Bush (hijo) en 2005, visitaron el país pero con motivo de ser sede de reuniones de organismos regionales, la Conferencia  Interamericana el primero y la Cumbre de las Américas el segundo.

La anunciada presencia de Barack Obama en visita de Estado sería solo la cuarta de un presidente norteamericano, y Macri apenas el tercer presidente de la historia argentina en ser su anfitrión.

Lo llamativo, por lo simbólico, son las fechas elegidas para las dos últimas visitas. Bill Clinton se entrevistó con al presidente Menem el 17 de octubre de 1997 y Barack Obama visitará al presidente Macri el 24 de marzo de 2016.

Como diría el inefable Carlos, seguramente es fruto de la “casualidad permanente”.

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