• 8
  • Jun
  • 2017

En una crucial elección se enfrentan en Gran Bretaña nuevamente dos modelos después de más de 30 años de rancio neoliberalismo, con un paréntesis de neoliberalismo con fragancia a Tercera Vía.

El Pensamiento Único alumbrado por Margaret Thatcher a comienzo de los 80 se retira por un momento de la escena y regresa el debate sobre un modelo político y económico neoliberal dominante, y sus consecuencias, frente a la nueva opción de un proyecto de bienestar que enfrente y resuelva los tremendos resultados sociales que dejan las políticas neoliberales. Se enfrentan en las urnas el partido Conservador gobernante y el Laborismo que se renueva volviendo a las fuentes; y se enfrentan dos grupos de edad claramente marcados: los jóvenes y el resto.

Precisamente el Laborismo, conocedor de que el nudo de los votantes conservadores se encuentra entre la gente por encima de los 40 años, presenta un spot en el que pide a los jóvenes que hablen con sus padres y abuelos para que voten por ellos, pensando en ellos, en su futuro trabajo, en la defensa de sus derechos, en su posibilidad de estudiar, en su posibilidad de acceder a una vivienda.

En tiempos de grietas a nivel global la grieta británica se marca por la edad, los jóvenes de hasta 30 años votan marcadamente distinto que a partir de los 40. Y aquellos a quienes impacta directamente en sus vidas y proyectos el neoliberalismo en acción van por un cambio.

El Laborismo opositor en plena era del Yo les pide a los ciudadanos que a la hora de votar lo hagan pensando en otro.

Si eso no es un cambio díganme cuál es el cambio.

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  • 6
  • May
  • 2017

El filósofo Slavoj Zizek escribió un artículo en el portal The Independent sobre las elecciones en Francia, que se dirimen entre el voto al “neofascismo populista” de Marine Le Pen o el “centrismo liberal” de Emmanuel Macron, titulado “No creo en los liberales. No hay opción real entre Le Pen y Macron“.

El artículo levantó muchas críticas aunque su significado más profundo es preguntarse si es bueno votar a quien defiende una realidad que es la causa de las consecuencias más temibles encarnadas en la figura de Marine Le Pen. ¿No se estaría acaso, simplemente por miedo, generando las condiciones para asegurar la continuidad de lo mismo? ¿Si es el neoliberalismo el germen de las reacciones populistas a las que se temen, para qué seguir insistiendo con votar neoliberales disfrazados de civilizados centristas? ¿Es real la alternativa entre Macron y Le Pen?

Presento el artículo para PENSAR la realidad europea, y por qué no, la nuestra.

NO CREO EN LOS LIBERALES. NO HAY OPCIÓN REAL ENTRE LE PEN Y MACRON

El título de la columna de Hadley Freeman en The Guardian, la voz de la izquierda liberal anti-assange y pro-Hillary en el Reino Unido, lo dice todo: “Le Pen es una revisionista del holocausto de extrema derecha. Macron no. ¿Difícil elección?” Como era previsible, el texto en sí comienza con: “¿Es comparable trabajar en la banca de inversión con ser un revisionista del Holocausto? ¿Está el neoliberalismo al mismo nivel que el neofascismo?”, y reprueba con sarcasmo incluso el apoyo condicional de la izquierda al voto a Macron en la segunda ronda, la postura del tipo “yo ahora votaría a Macron – con muy pocas ganas”.

Este es el peor chantaje liberal que existe: hay que apoyar a Macron incondicionalmente, sin importar que sea un neoliberal centrista, sólo porque está en contra de Le Pen… Es la vieja historia de Hillary contra Trump: ante la amenaza fascista, todos deberíamos unirnos entorno a su bandera (y olvidar a conveniencia la brutal maniobra de los de Hillary para echar a Sanders, lo que acabó contribuyendo a su fracaso en las elecciones).

No podemos preguntarnos, al menos: sí, Macron es pro-europeo, pero ¿qué tipo de Europa personifica? La misma Europa cuyo fracaso alimenta el populismo de Le Pen, ¡la Europa anónima al servicio del neoliberalismo! este es el punto clave del asunto: sí, Le Pen representa una amenaza, pero, si todos respaldamos a Macron, ¿no nos quedamos atrapados en una especie de círculo vicioso y combatimos el efecto apoyando su causa?

Me viene a la mente un chocolate laxante que se vende en Estados Unidos. Se anuncia con un paradójico “¿Estas estreñido? ¡Come más chocolate!” En otras palabras, para curar el estreñimiento, come aquello mismo que lo provoca. En este sentido, Macron es el candidato del chocolate laxante que nos ofrece como cura aquello mismo que causó la enfermedad.

Nuestros medios presentan a los contendientes de la segunda vuelta como representantes de dos visiones de Francia radicalmente opuestas: el centrista independiente frente a la racista de extrema-derecha. Sí, pero ¿ofrecen una alternativa real? La de le Pen es una versión suavizada y feminizada de un brutal populismo anti-inmigración (el de su padre), y Macron representa el neoliberalismo con rostro humano, que su imagen también contribuye a feminizar ligeramente (véase el maternal papel que juega su mujer en los medios). Así que el padre está fuera y la femineidad dentro, pero…¿Qué tipo de femineidad? Como señalaba Alain Badiou, en el universo ideológico actual los hombres son adolescentes juguetones, bandidos, mientras que las mujeres aparecen como duras, maduras, serias, legales y castigadoras. Hoy en día la ideología dominante no espera de las mujeres que sean subordinadas, sino que las llama para -les solicita, espera de ellas- que sean jueces, administradoras, ministros, directoras ejecutivas, profesoras, policías y soldados. En nuestras instituciones penitenciarias se da a diario una escena paradigmática, la de una profesora/juez/psicólogo cuidando de un joven delincuente inmaduro y asocial…Así está surgiendo una nueva figura de la femineidad: un agente del poder frío y competitivo, seductor y manipulador, que hace buena la paradoja de que “en las condiciones del capitalismo las mujeres pueden tener más éxito que los hombres” (Badiou). Esto, por supuesto, de ninguna manera las convierte en sospechosas de ser agentes del capitalismo; simplemente es señal de que el capitalismo contemporáneo ha inventado su propio ideal de mujer como símbolo del frío poder administrativo con rostro humano.

Ambos candidatos se presentan como anti-sistema, Le Pen obviamente en modo populista y Macron de forma mucho más interesante: está fuera de los partidos políticos existentes pero, precisamente por ello, representa el sistema como tal en su indiferencia a las opciones políticas establecidas. En contraste con Le Pen, que simboliza la pasión política, el antagonismo del Nosotros contra Ellos (desde los inmigrantes a las élites financieras no patrióticas), Macron simboliza la tolerancia apolítica que todo lo envuelve.

Con frecuencia oímos que la política de Le Pen obtiene su fuerza del miedo (el miedo a los inmigrantes, a las anónimas instituciones internacionales financieras…), pero ¿acaso no aplica lo mismo a Macron? Fue primero porque los votantes tenían miedo de Le Pen, y así se cierra el círculo, no hay visión positiva con ninguno de los candidatos. Ambos son candidatos del miedo.

Lo que de verdad está en juego con este voto se entiende mejor si lo situamos en su contexto histórico a gran escala. En Europa Oriental y Occidental hay señales de una reordenación del espacio político. Hasta hace poco éste estaba dominado por dos partidos mayoritarios que aglutinaban todo el cuerpo electoral, un partido de centro derecha (cristiano-demócrata, liberal-conservador, popular…) y un partido de centro izquierda(socialista, social-demócrata…), con partidos más pequeños que atraían a un grupo de votantes menor (ecologistas, neo-fascistas, etc.). Ahora emerge poco a poco un partido que simboliza el capitalismo como tal, por lo general relativamente tolerante con el aborto, los derechos de los homosexuales, minorías étnicas y religiosas, etc. Opuesto a este partido se sitúa otro cada vez más fuerte, populista y en contra de la inmigración, apoyado en sus márgenes por grupos directamente racistas y neo-fascistas.

El caso de Polonia es un buen ejemplo de todo ello: tras la desaparición de los ex-comunistas, los principales partidos son ahora el “anti-ideológico” liberal de centro del ex-primer ministro Donald Tusk, y el conservador cristiano de los hermanos Kaczynski. Hoy en día lo que está en juego en el Centro Radical es cuál de los dos partidos, el conservador o el liberal, conseguirá erigirse como representante de la no-política post-ideológica, mientras que el otro quedará descartado por “seguir atrapado en un espectro ideológico anticuado”. A comienzos de los años noventa, a los conservadores esto se les daba mejor; más tarde, fueron los izquierdistas liberales los que parecieron ganar la partida, y Macron es la última figura de un Centro Radical puro.

De este modo hemos alcanzado el punto más bajo de nuestras vidas políticas: una pseudo-alternativa como nunca antes. Sí, la victoria de Le Pen podría acarrear peligrosas consecuencias. Pero temo igual el alivio que seguirá a la triunfante victoria de Macron: suspiros relajados de todo el mundo, gracias a Dios que han podido mantener el peligro a raya, Europa y nuestra democracia están a salvo, así que podemos volver a adormecernos en nuestro capitalismo liberal…La perspectiva de lo que nos espera es triste, un futuro en el que, cada cuatro años, volveremos a sufrir un ataque de pánico, asustados por alguna forma de “peligro neofascista”, y se nos volverá a chantajear para que demos nuestro voto al candidato “civilizado” en elecciones insignificantes y carentes de visión positiva…

Por eso los liberales en estado de pánico que nos dicen que deberíamos abstenernos de cualquier tipo de crítica hacia Macron están profundamente equivocados: Ahora es el momento de sacar a relucir su complicidad con el sistema en crisis, pues después de su victoria será demasiado tarde y la tarea habrá dejado de parecer urgente en la estela de la auto-satisfacción. Dada la desesperada situación en la que nos encontramos, enfrentados a una falsa alternativa, deberíamos reunir el coraje suficiente y simplemente no votar. Abstenernos, y comenzar a pensar. El tópico “basta de hablar, actuemos” es muy engañoso. Ahora, deberíamos decir precisamente lo contrario: basta de presión para hacer algo, comencemos a hablar seriamente, esto es,¡pensemos! Y con ello quiero decir que deberíamos dejar atrás la auto complacencia del izquierdismo radical que repite sin cesar que las alternativas que se nos ofrecen en el espacio político son falsas, y que sólo una izquierda radical renovada puede salvarnos…Sí, en cierto modo es verdad, pero ¿por qué, entonces, no emerge esta izquierda? ¿Qué visión puede ofrecer aún la izquierda que sea suficientemente fuerte para movilizar a la gente?

No deberíamos olvidar nunca que la gran razón por la que estamos atrapados en el círculo vicioso de Le Pen y Macron es la desaparición de una alternativa de izquierdas viable

Slavoj Zizek, filósofo y crítico cultural, es profesor en la European Graduate School, director internacional del Birkbeck Institute for the Humanities (Universidad de Londres) e investigador senior en el Instituto de Sociología de la Universidad de Liubliana. Su última obra es Menos que nada. Hegel y la sombra del materialismo dialéctico (Akal)

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  • 15
  • Abr
  • 2017

A dos semanas de las elecciones en Francia donde se presume una victoria en la primera vuelta de Marine Le Pen, candidata de la derecha nacionalista del Frente Nacional, se registra un sorprendente crecimiento en las encuestas del candidato de la izquierda Jean Luc Melenchon, por el partido Francia Insumisa, que lo coloca casi en pie de igualdad con los candidatos conservador y el socialista peleando por entrar en la segunda vuelta.
Melenchon es un candidato de izquierda por fuera del bipartidismo tradicional, desilusionado por el viraje del Partido Socialista hacia el neoliberalismo en los 90.
El diario Le Figaró lo etiqueta como “el Chavez francés” tratando de atacarlo como “populista de izquierda”.
En una entrevista de hace dos años mantenida con Pablo Iglesias, el líder de Podemos, la nueva vertiente progresista de la política española, Melenchon, que habla perfecto español, se refiere a cómo lo sorprendió la experiencia de los llamados “populismos latinoamericanos” y de qué modo Europa no logra comprender ni las razones ni las particularidades de estos movimientos políticos en Sudamérica.
Resulta muy interesante escuchar el esfuerzo intelectual de este europeo por comprender la realidad latinoamericana libre de prejuicios.

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  • 25
  • Mar
  • 2017

Las pruebas estandarizadas como la llamada APRENDER en la Argentina están destinadas a objetivos que no tienen que ver con el aprendizaje y sus posibles mejoras.

Prueba de ello es la utilización que el gobierno de Macri ha hecho de ellas para atacar a los docentes y a la Escuela Pública.

En EEUU estas pruebas tienen una larga historia con similar propósito por ello resulta revelador lee el siguiente artículo escrito por una especialista que advierte sobre los verdaderos objetivos de estos exámenes y promueve una campaña de boicot lanzada por padres a este tipo de pruebas.


Por qué el movimiento Opt Out es crucial para el futuro de la educación pública
Por Diane Ravitch

Muchos padres y educadores están indignados por el exceso de pruebas y el mal uso de ellas que se han incrustado en la política federal desde la promulgación de la ley No Child Left Behind en 2002. Ninguna nación de alto rendimiento en el mundo pone a prueba todos los niños cada año en los grados 3 al 8, como lo hemos hecho desde la aprobación de la ley NCLB.

Los niños pequeños se sientan para los exámenes que duran hasta 15 horas durante dos semanas y el destino de sus profesores se basa en su rendimiento. Los padres recuerdan que hacían pruebas en la escuela no más de una vez por año y que sus pruebas fueron hechas por sus profesores, y no por una corporación multinacional. Los padres no pueden entender cómo las pruebas se han convertido en un ensayo de resistencia y en el objetivo de la educación.

Los políticos afirman que las pruebas son necesarias para informar a los padres, profesores y el público cómo los niños están educacionalmente en comparación con sus pares en otros estados. Sin embargo, esta información ya se obtiene de la prueba federal, la Evaluación Nacional del Progreso Educativo (NAEP). Los padres han entendido que las pruebas no sirven a ningún propósito más que al de clasificar a su hijo. Nadie está autorizado para ver las preguntas de la prueba después de la prueba, ningún niño recibe un diagnóstico de lo que saben y no saben. Ellos sólo reciben una puntuación. En todos los estados, la mayoría de los niños han sido clasificados como “fracasos” porque los testmakers (especialistas en el examen) ya que adoptaron una calificación de aprobación que garantiza al fracaso de cerca del 70 por ciento de los niños. Los padres han aprendido que el nivel de aprobación no es objetivo; es arbitrario. Cuando se parametriza un examen se puede configurar para que pasen todos, para que no pase nadie, o para que pase algún porcentaje de los niños.

En los últimos 14 años, los padres han visto cómo se han destruido las escuelas del barrio en base a los resultados de las pruebas. Ellos han visto a sus queridos maestros ser despedidos injustamente, a causa de calificaciones de los exámenes de sus alumnos. Ellos han visto perder horas destinadas a las artes, la educación física, y cualquier otra cosa que no pueda ser examinada. Ellos han visto cambios en sus escuelas públicas locales que no les gustan, así como una pérdida de control de parte de los sectores políticos federales o estatales.

En el pasado, las empresas dedicadas a hacer las pruebas advirtieron que los exámenes deben ser utilizados únicamente para el fin para el que fueron diseñados. Ahora, estas mismas empresas venden sus pruebas de buena gana y sin advertencia sobre el uso indebido. Una prueba de lectura del cuarto grado es una prueba lectura del cuarto grado y no debe utilizarse para clasificar a los estudiantes, para humillarlos, para liquidar a docentes y directores, o para cerrar las escuelas. Pero es lo que está pasando.

Las comunidades han sido devastadas por el cierre de las escuelas del vecindario.

Las comunidades han visto sus escuelas etiquetadas como “defectuosas”, basadas en los resultados de las pruebas, y esto es asumido como tal por el estado.

Sobre la base de los resultados de las pruebas, los castigos abundan: para estudiantes, docentes, directores, escuelas y comunidades.

¡Esto es una locura!

¿Qué podemos hacer como ciudadanos para detener la destrucción de nuestros hijos, sus escuelas, y nuestros dedicados educadores.

Excluirse de las pruebas, el Opt Out.

Usar el poder de los sin poder: DECIR NO. No participes. Retirá el consentimiento de acciones que dañan a tu hijo. La revocación del consentimiento en un sistema injusto, esa es la fuerza que hizo caer los regímenes comunistas en Europa del Este.

La exclusión voluntaria de las pruebas es la única herramienta disponible para los padres, la otra es derrotar a los funcionarios en las elecciones (que es también una buena idea, pero va a tomar mucho tiempo para dar sus frutos). Una sola persona no puede derrotar al gobernador y los representantes locales, pero una persona puede negarse a permitir que su niño forme parte de pruebas tóxicas.

La única y más poderosa herramienta que los padres tienen para parar esta locura es negarse a permitir que sus hijos participen en las pruebas.

Veamos lo que pasó en el Estado de Nueva York.

Hace un año, el gobernador Andrew Cuomo estaba en modo de enfrentamiento total contra los docentes y las escuelas públicas, mientras se desvivía en elogios sobre las de gestión privada. Se comprometió a “romper el monopolio”, de la educación pública. La Junta de Regentes del Estado de Nueva York estaba controlada por miembros que estaban en completo acuerdo con la agenda de Cuomo de llevar a cabo los llamados Common Core, exámenes de alto riesgo, y evaluar luego a los maestros por los resultados de esas pruebas.

Pero en 2015, alrededor de un cuarto de millón de niños se negaron a rendir las pruebas en el estado de Nueva York. El poder entró en pánico y el gobernador Cuomo convocó a una comisión para reevaluar los Common Core, las normas y las pruebas. De la noche a la mañana sus declaraciones negativas sobre la educación cambiaron de tono, y se llamó a silencio. La legislatura nombró nuevos miembros que modificaron el sentido de los exámenes de prueba y castigo. El presidente de la Junta de Regentes del Estado de Nueva York decidió no buscar la reelección después de una carrera de 20 años, y en su lugar fue elegida la Dra. Betty Rosa, una veterana docente que fue apoyada activamente por los líderes del movimiento “Opt Out”.

De nuevo en 2016, el movimiento de exclusión mostró su poder. Si bien las cifras oficiales aún no han sido publicadas, los números coinciden, evidentemente, a los de 2015. Más de la mitad de los estudiantes en Long Island decidieron excluirse y no hacer las pruebas. Las autoridades federales y estatales han advertido acerca de posibles sanciones, pero es imposible sancionar a un gran número de escuelas a las que concurren niños de clase media y de comunidades ricas. Esos mismos funcionarios no tienen ningún problema en cerrar escuelas en los distritos urbanos pobres, y tratar a los ciudadanos de esos barrios como peones de ajedrez, pero no se atreven a ofender a un bloque organizado en las comunidades que pueden hacer sentir su poder político y sus votos.

El movimiento Opt Out ha sido ridiculizado por los críticos, ha sido acusado por los medios como un frente impulsado por el sindicato de maestros, menospreciado por el ex secretario de Educación como “madres blancas suburbanas” que están decepcionadas de que su hijo no fuera tan brillante como ellas pensaban, estereotipado como un grupo de padres blancos privilegiados con niños de bajo rendimiento, etc., de hecho existen padres negros e hispanos que forman parte del movimiento Opt Out, porque sus hijos y sus escuelas sufren las mayores penas en la locura de esta prueba.

En la ciudad de Nueva York, donde la cantidad de adhesiones al Opt Out era pequeña, los padres fueron amenazados con que sus hijos no podrían entrar en la escuela secundaria o la preparatoria de su elección si adherían al movimiento Opt Out.

Hasta el momento, el movimiento de exclusión no se ha desanimado o frenado por estas tácticas de burlas e intimidación. Las condiciones no han cambiado, por lo que el movimiento Opt Out sigue.

La realidad es que el movimiento Opt Out es de hecho una arma poderosa. Es la única arma que hace que gobernadores, legisladores, e incluso miembros del Congreso tengan miedo de la opinión pública y de su acción pública. Ellos tienen miedo porque no saben cómo detener a los padres que deciden excluirse voluntariamente, no pueden controlar la opción que tomen los padres, y ellos lo saben. Ofrecen compromisos y promesas para el futuro, pero todo esto es un engaño porque no se ha dejado de lado el arma de las pruebas, y no lo harán hasta que el movimiento Opt Out pase de ser la excepción para convertirse en la norma.

En algunas comunidades del Estado de Nueva York, Opt Out ya es la norma y si los políticos y burócratas siguen sin modificar su imprudente idea de valorar los resultados de las pruebas más que a los niños, el movimiento Opt Out no se detendrá.

Salva a tu hijo. Protege a sus escuelas. Detén la privatización de la educación pública. Tu tienes el poder. Di NO. Opta por NO.


Este artículo fue publicado por primera vez en el blog de Diane Ravitch y en The Huntington Post

Diane Ravitch Profesora de Investigación de Educación, Universidad de Nueva York; Autor: “El reino del error ‘

«En el momento de escribir esto, la historiadora Diane Ravitch es a la vez el personaje más temido y venerado en la educación estadounidense. Para los reformadores de la educación de las corporaciones, un grupo que Ravitch ha llegado a identificar como privatizadores de nuestras escuelas públicas, es una astilla en el ojo colosal y con autoridad. Compuesto por los multimillonarios Bill Gates, Eli Broad, miembros de la familia Walton de Walmart fame, los gestores de los fondos más especulativos que pueden ser evocados, y las más poderosas figuras políticas en el país, incluyendo a Barack Obama, se trata de personas que están muy acostumbrados a conseguir lo que se proponen. Y vaya si se han salido con la suya: Durante los últimos 10 años, los privatizadores han dominado por completo el discurso educativo, realizando con éxito cambios no probados y radicales en el sistema, usando su riqueza casi ilimitada para comprar cualquier cosa y cualquiera que se interpusiera en su camino, mientras financiaban docenas de grupos para bloquear el camino de otros.
Pero Ravitch es una conciencia que no se puede comprar. Ella también es una apóstata. Mientras trabajaba como subsecretaria de educación EE.UU. bajo George H.W. Bush, Ravitch fue una defensora de las pruebas estandarizadas y la “rendición de cuentas”, que constituyen la base de gran parte de la reforma educativa. Pero con el tiempo Ravitch hizo algo único en el Mundo Feliz de la educación: Buscó pruebas del éxito en las diversas políticas de reforma y descubrió el fraude y el fracaso. Esto la llevó a un período de reconsideración radical.
Entonces Ravitch hizo algo muy valiente y poco común: Admitió públicamente que había cometido errores de juicio. Aún más, llegó a la conclusión de que algunas de las políticas que había defendido en realidad eran dañinas.»

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  • 26
  • Feb
  • 2017

Cuando el giro neoliberal iniciado a mediados de la década de 1970, experimentado primero a través de gobiernos dictatoriales como el de Pinochet en Chile, llegó a las democracias occidentales en la década de 1980 con las presidencias de Ronald Reagan en Estados Unidos y Margaret Thatcher en Gran Bretaña; debió construirse un consenso popular para la aceptación del neoliberalismo que buscaba recomponer el poder de las clases altas, y para ello ambos jefes de estado recurrieron a un conflicto disciplinador que derivase en una corriente de aprobación popular que permitiera generar el suficiente consenso y aprobación para ejecutar los cambios.

El conflicto disciplinador fue elegido oportunamente en base a tres premisas: 1) debía generar el alineamiento de la clase media con la posición del gobierno; 2) consistiría en el enfrentamiento con un sindicato, institución largamente desprestigiada entre dicha clase; y 3) debería involucrar a un rubro laboral cuya lucha no produjese empatía en la población sino todo lo contrario, molestias y dificultades;  todo esto con la inestimable colaboración de la justicia y los medios de comunicación.

El caso Reagan y los controladores aéreos

El primero en generar consenso neoliberal mediante el conflicto disciplinador fue Ronald Reagan en el verano de 1981, siete meses después de haber asumido, cuando el sindicato de controladores aéreos, PATCO, no acepto la oferta salarial de la Administración Federal de Aeronavegación y paralizó todos los aeropuertos de Estados Unidos en plena temporada de vacaciones.

El sindicato de controladores aéreos tenía ganado entre la población una pésima imagen dada su habitual recurrencia a las huelgas que generaban disgusto entre los pasajeros en un país en el que el transporte aéreo es entendido como un servicio esencial, a tal punto que durante una huelga en 1970 el influyente New York Times había sostenido en un editorial que el sindicato PATCO era “una amenaza para la civilización”.

El gobierno de Reagan respondió a esta nueva huelga de manera brutal y decidida, ocupando los puestos de trabajo con 3.000 supervisores, 2.000 rompehuelgas y 1.000 militares que lograron reanudar la mayor parte de las operaciones. Junto a ello abrió la inscripción extraordinaria en la escuela de controladores multiplicando por 3 la matrícula, al mismo tiempo que declaraba ilegal la huelga aplicando un ultimátum a los trabajadores en conflicto: regreso al trabajo en 48 horas o despidos en masa. Dos días después el gobierno despidió a más de 10 mil controladores aéreos, se impuso la prohibición de que el Estado los retomara en cualquier otra actividad, y la justicia sancionó con multas millonarias al sindicato que terminó por ser disuelto al no renovársele su personería legal.

Los otros sindicatos aéreos ante este giro represivo decidieron romper la huelga, lo mismo hizo la central sindical nacional AFL-CIO que desconoció al gremio de los controladores aéreos. El trabajo organizado retrocedió ante el poder del gobierno decidido a todo.

La posición adoptada por Reagan tuvo el acompañamiento de la clase media que se vio afectada por la huelga en plenas vacaciones y su triunfo significó un espaldarazo para sus políticas sociales y económicas, esencialmente para la flexibilización de las condiciones de trabajo, la emulación de actitudes similares que las empresas de la actividad privada tomaron contra las huelgas, además de reducir a la nada la futura capacidad de lucha de los trabajadores estatales. Según el periodista y cineasta Michel Moore ese fue el preciso momento en que comenzó el giro neoliberal en Estados Unidos, a partir de allí todo fue retroceder ante el embate de las políticas tendientes a enriquecer a los más ricos. Paradójicamente fue la propia clase media, que apoyó la decisión de Reagan de destrozar la huelga aérea, terminó gatillando sobre su propia cabeza.

El rol de los medios no fue menor, a tal punto que una encuesta realizada por The New York Times / CBS News en septiembre de 1981, luego del conflicto, indicó que el 51% de los encuestados, en hogares de trabajadores, dijeron que pensaban que los sindicatos tenían demasiada influencia.

Según la revista The Nation el verdadero legado político de la Era Reagan no fue, como todos suponen, el recorte de impuestos para los más ricos, sino el quiebre de toda la estructura sindical.

Ronald Reagan que era un presidente poco popular a comienzos de 1981 se transformó de pronto en un héroe nacional gracias a su drástico manejo de la huelga y el frente sindical.

El caso Thatcher y la huelga minera

En el caso de Margaret Thatcher el conflicto disciplinador se produjo en marzo de 1984 y se trató de una huelga minera lanzada por el sindicato minero NUM, el más poderoso de Gran Bretaña. Se considera este episodio uno de los dos que permitieron a Thatcher afianzar su poder, el otro fue la Guerra de Malvinas, para lograr imponer el giro neoliberal en Gran Bretaña orientado a las privatizaciones, desindustrialización y destrucción del poder sindical al que se acusaba de ser el causante del deterioro productivo del país.

Thatcher acababa de ser reelegida al frente del gobierno gracias a su victoria militar contra la Argentina, y se disponía ahora a enfrentar al que llamaba “el enemigo interior”, los sindicatos.

El hecho se produjo cuando el ente estatal que administraba la actividad minera (NCB) informó el cierre inmediato de varias minas lo que significaba el despido de 20 mil trabajadores, más del 10% del plantel total del país. Ante la gravedad de la noticia el sindicato NUM llamó a los mineros a la huelga para preservar la fuente de trabajo, era la oportunidad anhelada por Thatcher, Muchos analistas consideran que la decisión de la NCB no fue casual, sino que consistió en una provocación dado que el gobierno había comenzado en 1981 a acumular reservas de carbón suficientes para varios años para enfrentar un eventual conflicto laboral.

En un contexto económico de alto desempleo y desindustrialización, y en un marco social ganado por la frase de Thatcher “la sociedad no existe, solo hombres y mujeres individuales”, la huelga minera se encontró con un escenario sumamente hostil para alcanzar sus objetivos.

La huelga minera se extendió por un año, de marzo de 1984 a marzo de 1985, y terminó con la absoluta derrota de los trabajadores. El gobierno contó con el obvio apoyo de los empresarios pero también con el masivo respaldo de la clase media británica, por efecto de una clara reacción clasista, y otra vez, como en el caso de Reagan y los controladores aéreos, frente a una acción gremial cuyas consecuencias amenazaban su bienestar, todo ello sustentado en unos medios de comunicación que jugaron a favor del gobierno mintiendo, ocultando y tergiversando hechos y noticias, especialmente la BBC y el diario sensacionalista The Sun, quien intentaba ligar al líder sindical  minero Arthur Scargill con Adolf Hitler.

A lo largo del año que duró la huelga 3 obreros murieron en enfrentamientos con las fuerzas policiales y más de 11 mil fueron detenidos acusadas de delitos como desordenes públicos, obstrucciones de rutas y atentados contra la autoridad.

También en este caso la justicia británica se alineó con el gobierno y en setiembre de 1984  el Tribunal Supremo declaró ilegal la huelga y en febrero de 1985 dictaminó oficialmente que los piquetes mineros eran ilegales.

Ya de manera temprana el gobierno de Thatcher dejó en claro que su posición frente a los huelguistas sería irreductible, ya que tres meses después de iniciado el conflicto, en junio de 1984, se produjo la llamada “Batalla de Orgreave” que enfrentó a unos 5 mil huelguistas contra una cifra similar de efectivos  policiales. La represión fue brutal y el saldo dejó cientos de detenidos y heridos.

El grado de disciplinamiento alcanzado por el gobierno fue tal que en el contexto de desempleo imperante en Gran Bretaña en aquella época, que solo dos sindicatos se solidarizaron con los mineros en huelga, los marinos mercantes y los conductores de ferrocarril.

Cumplido el año de conflicto los mineros aceptaron su derrota sin conseguir ninguna de las reivindicaciones que desataron la huelga y 80 mil de ellos nunca recuperarían su puesto de trabajo y más de 70 minas serían cerradas.

El gobierno conservador neoliberal de Margaret Thatcher consiguió la victoria deseada sobre el “enemigo interno” y se afirmó en el poder, ya sin ningún obstáculo, para lanzarse a implementar el programa de gobierno que hizo desaparecer al viejo estado de bienestar británico y suplantarlo por el estado neoliberal. El dirigente sindical mercantil, Mark Serwotka, recuerda: “El legado fueron años de desaliento y derrotismo (…) Los sindicatos vieron que si el gobierno conservador podía pulverizar la industria minera, podía hacerlo con cualquiera”.

Macri en la búsqueda de “su” conflicto disciplinador

Luego de su victoria electoral de 2015 Mauricio Macri, cuyos votos propios representaron un tercio del electorado, no ha logrado generar el suficiente consenso que le permita aplicar sus políticas de transformación neoliberal reclamadas por los poderes económicos globales, esencialmente los relacionados con la reforma laboral. La única amalgama social que une al gobierno de Cambiemos con sus adherentes es el antikirchnerismo, pero esta posición no está referida a un desacuerdo con las políticas económicas del anterior gobierno sino con una multicausalidad de carácter social y cultural relacionada con moralidad, clasismo, formalismo y odio, todas razones que no han resultado suficientes para construir el consenso que se requiere para un nuevo giro neoliberal.

Macri tiene un poder limitado por su minoría legislativa y un escenario político que no logra alejar la posibilidad de un eventual retorno del peronismo a corto plazo, esa falta de fortaleza política requiere que su gobierno logre aumentar el consenso social que apruebe un nuevo giro neoliberal que deberá sustentarse esencialmente en la clase media hiperindividualista, que es su capital político, en el dominio de la justicia, que demuestra tenerlo, y el discurso mediático favorable, que está claramente alineado; pero queda un cuarto elemento aún inaccesible, la desarticulación de la protesta social y la desestructuración del factor sindical peronista. Y para este último objetivo, quizás la madre de todas sus batallas, le es imprescindible un “conflicto disciplinador”.

Carlos Menem en los 90, cuando llevó a cabo una política similar a la que pretende Macri, no necesito un conflicto disciplinador para alcanzar el consenso para ello, ya que contó a su favor con la idea instalada en el inconsciente colectivo durante dos décadas, acerca de que el Estado era el enemigo de la sociedad y la razón de toda decadencia, sumado a un contexto de aguda crisis económica y golpes hiperinflacionarios, razón por la cual pudo arremeter con el giro neoliberal noventista sin mayores dificultades ante el beneplácito general.

Macri y los sectores de poder económico hubiesen deseado contar con ese mismo escenario de crisis económica y consecuente estallido social a la hora de llegar al gobierno, cosa que le hubiera facilitado alcanzar el consenso necesario para su giro neoliberal siglo XXI, pero el gobierno de Cristina Kirchner resistió hasta el último minuto con prácticas reñidas con la ortodoxia económica, y la crisis anhelada no sucedió. Mucho menos puede contar con una posición de la ciudadanía contraria al rol del Estado, ni siquiera en el sector antikirchnerista, la sociedad argentina viene de más de una década en la que la acción del Estado volvió a ocupar un lugar protagónico, logrando revertir el desastre al que condujo al país el dominio del poder del mercado, recuperando derechos perdidos durante la década de 1990.

Por lo antes descripto el gobierno macrista tiene una sola posibilidad de generar el consenso buscado para convencer que sus políticas económicas son, como diría Margaret Thatcher, la única alternativa, y que las reformas son necesarias y responden a “lo normal” de cualquier economía del mundo, que son “lo que debe ser”; y esa única posibilidad es la generación del conflicto disciplinador.

Un factor que juega a favor del macrismo en esta búsqueda es el drástico quiebre que existe en la sociedad argentina, entendiendo que una parte de esa sociedad no tardaría en ponerse del lado del gobierno ante el conflicto, mucho más si contamos el desprestigio tradicional que tiene la imagen de los sindicatos en nuestra sociedad, fundamentalmente en la clase media.

El conflicto disciplinador debe contar con un presupuesto esencial: debe ser ejecutado contra un colectivo de trabajadores cuya imagen sea fácilmente atacable a los ojos de la sociedad, y en nuestro país hay dos perfiles que cumplen con este supuesto, los trabajadores del transporte y los docentes. Es decir, grupos de trabajadores cuyas medidas de fuerza tienen como consecuencia un inmediato mal humor social ya que su actividad modifica la rutina cotidiana de la mayoría de las personas. Mientras las huelgas industriales, rurales o de otros servicios suelen generar empatía en la población los paros de actividades docentes o del transporte producen el efecto contrario, molestia que rápidamente se traduce en deseos de solución del conflicto de la manera que sea, sin importar si es a favor o en contra del trabajador en huelga.

En el caso de los docentes el lazo que los une con las familias en la sociedad argentina es delgado, ya que la escuela ha dejado de ser un espacio educativo para transformarse en una instancia de lugar y tiempo imprescindible para la organización cotidiana de las familias, y que cualquier modificación de esa rutina desata una cadena de problemas individuales que repercuten en todas las actividades de las personas.

En su primer año de gobierno Mauricio Macri no pudo encontrarse con su conflicto disciplinador, ya sea por la astucia de la razón o la perspicacia de la conducción sindical, el movimiento obrero organizado ha evitado por el momento enfrentarse de manera drástica con el gobierno. Esta situación resulta agridulce para el macrismo, porque por un lado le dio aire político al gobierno en su primer año pero por el otro lo ha limitado en su accionar al no poder profundizar los cambios hacia el giro neoliberal; de allí la necesidad por construir el conflicto disciplinador.

Cuando a principios de año el gobierno decidió no abrir la paritaria docente nacional puso la piedra basal del conflicto frente a un conjunto de gremios siempre dispuestos a usar la herramienta de la huelga. La falta de paritaria nacional obliga a los gobiernos provinciales a limitar sus ofertas salariales a la pauta inflacionaria del 18% prevista en el presupuesto nacional, por eso días después de esta novedad la gobernadora María Eugenia Vidal levantó las paredes del conflicto al ofrecer un aumento salarial escalonado que equipare a la inflación del 2017, consagrando de tal modo la pérdida salarial del orden del 10% que produjo el fallido 2016, y anunciando, sin que todavía los gremios hubiesen analizado el paro, que si los docentes hacen huelga les descontará los días de su salario.

La oferta de Vidal, que se verá replicada en cada provincia, es un desafío directo a los gremios que reaccionaron con el previsible anuncio de huelga. El esperado conflicto disciplinador ha sido puesto en marcha.

Al mismo tiempo la corte provincial dictaminó, en un caso de empleados sindicalizados en CTA, que es legal descontar días de huelga a los agentes estatales, y los medios de comunicación adictos al gobierno comenzaron a demonizar al líder sindical docente Roberto Baradei y a difundir la tradicional idea ya asentada en el inconsciente colectivo, que incluso repitiese en alguna ocasión la propia Cristina Kirchner, de que los docentes son trabajadores privilegiados, vagos y ventajeros.

El siguiente paso fue inundar las redes sociales con la idea de reemplazar a los docentes en huelga por nobles ciudadanos que sí están interesados en la educación y en nuestros niños.

El conflicto disciplinador está lanzado, y el gobierno parece dispuesto a emular a Reagan y a Thatcher para obtener de él el consenso necesario para poner en marcha la parte sustancial del giro neoliberal: el ataque a los derechos del trabajador en medio de un escenario signado por el desempleo, la reducción del consumo y la detención de la economía.

Como se observa existen enormes y nada casuales similitudes entre los conflictos disciplinadores de Reagan y Thatcher y el que pretende Macri, es urgente que los responsables de los gremios docentes comprendan que están metidos dentro de un juego que los supera en importancia y deberán tener la suficiente inteligencia y capacidad política para no terminar siendo utilizados como llave que active el giro neoliberal versión Macri.

Deberán agudizar la inteligencia para detectar las trampas, evaluar las herramientas adecuadas de lucha, y comprender que el conflicto docente es más que un problema de los trabajadores de la educación sino el anhelado conflicto disciplinador que necesita el macrismo.

Todavía se está a tiempo de redireccionar el conflicto hacia más imaginativas zonas de interés para los trabajadores antes de verse envueltos en una irremediable vorágine de la cual el gobierno ya no los quiera dejar salir.

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  • 17
  • Feb
  • 2017

Un paíss crece 25% en un año y todo miran admirados para ver qué maravillosos avances hicieron para semejante resultado.

Se trata de Irlanda, lo que hizo fue ultraglobalizarse y ofrecer su territorio para que empresas de países centrales (Apple por ejemplo) se instalen virtualmente en su territorio y eludan pagar impuestos en sus propios países. 

Una versión neopanameña para deleite de los números macroeconómicos y alimento de la burbuja.

Por supuesto que la mejora del 25% en la vida de los irlandeses te la debo.

Leer el artículo de la BBC

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  • 30
  • Ene
  • 2017

El 20 de enero de 2009 Obama asumió su primera presidencia, once meses después ordenó un bombardeo a Yemen.
El 20 de enero de 2017 Trump asumió su presidencia, diez días después ordenó un bombardeo a Yemen.
Ambos argumentaron luchar contra el terrorismo.
¿Las cosas son más complejas que como nos la cuentan los medios de comunicación tan apegados al relato del bueno y el malo, no?

Archivo 30-1-17 20 55 09

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  • 8
  • Dic
  • 2016

IMG_0370Hace unos días el Presidente Macri autoevaluó su primer año de gobierno con 8 puntos y esto desató un debate acerca de la justicia de esa calificación.
Para analizar la cuestión es esencial establecer el criterio a partir del cual se evalúa, y aquí es donde comienza la confusión. Macri fue claro en que evalúa su gestión de gobierno, ahora bien, ¿cuáles han sido los objetivos que se propuso?
La evaluación se hace en base a qué cosa se pretendía y a qué instancia de cumplimiento se llegó sobre esa pretensión inicial. Ponerse un 8 significa haber estado muy cerca del objetivo propuesto, por lo tanto el problema de la divergencia sobre la justicia de la calificación debe incluir el análisis de cual era el objetivo.
En base a esto es que estoy de acuerdo con la calificación que se puso el Presidente porque entiendo que sus objetivos fueron generar una transferencia de fondos desde el Estado hacia los sectores más encumbrados de la economía, favorecer un regreso a la financiarizacion de la economía, promover una recesión económica para combatir la inflación, impulsar una creciente apertura económica para productos importados, reducir los costos salariales para volver más competitivo el trabajo a nivel internacional, estigmatizar al gobierno anterior como corrupto para impugnar sus políticas, proponerse recuperar tarifas en base a eliminación de subsidios, potenciar el perfil extractivista y agrario de la economía nacional, desactivar el Mercosur y buscar alianza dentro del TTPI
De esos objetivos el gobierno concretó varios y estuvo cerca de concretar otros, sin desaprobar en ninguno, por lo cual un 8 es una calificación correcta.
Ahora si queremos evaluar a alguien en base a criterios distintos a los que se ha propuesto entramos en problemas.
Si consideramos como objetivos mejorar el estado económico de los más necesitados, impulsar la industria nacional, proteger el trabajo, aumentar los salarios, combatir el estancamiento mediante el consumo, mantener las alianzas estratégicas regionales, entonces la calificación con 8 puntos aparece como excesiva y alejada de la realidad. Pero no fueron estos los objetivos del gobierno por lo cual no deben ser estos los parámetros de su evaluación.
A partir de este caso surge ahora si con toda claridad aquella falacia tan políticamente correcta de “hay que apoyar a Macri porque si a Macri le va bien a todos nos irá bien”. Hoy, con la autoevaluación presidencial ha quedado saldada la discusión sobre este punto, Macri se ha sacado un 8 y aprobado con creces su primer año de gobierno mientras la gran mayoría de los argentinos apenas han llegado al 4 de sus pequeños y terrenales objetivos.

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