• 29
  • Jul
  • 2016

Este filósofo francés es el único que puede explicar el fenómeno Donald Trump

Por Jedd Legum para Think Progress

TrumpWWE31Donald Trump tiene perplejos a los expertos políticos.

Los expertos han estado prediciendo su caída durante meses. Cada “metida de pata” que supuestamente iba a destruir su apoyo sólo lo ha hecho más fuerte. Trump sigue dominando las urnas.

Usted no encontrará a Roland Barthes en las mesas de análisis de la carrera presidencial en los diarios del domingo por la mañana. Barthes es un filósofo francés que murió en 1980. Sin embargo, su trabajo puede ser la clave para entender la popularidad de Trump y su poder de permanencia.

Barthes es mejor conocido por su trabajo en la semiótica, el estudio de los signos y símbolos. Pero no se limita a largos tratados esotéricos. Más bien, Barthes publicó gran parte de su trabajo en piezas cortas y accesibles para descomponer los elementos de la cultura popular.

Su más famoso ensayo, publicado en su libro Mitologías 1957, se centra en la lucha libre profesional. ¿Podría un ensayo acerca de la lucha libre profesional ser la clave para la comprensión de la cuestión Trump? Vale la pena señalar que, antes de que fuera candidato presidencial, Trump fue un participante activo en la WWE (una empresa de entretenimiento deportivo en la que se agrupan uno de los más populares staff de lucha libre televisiva de Estados Unidos). En 2013, Trump fue incluido en el Salón de la Fama de la WWE.TrumpWWE4-638x441

En su ensayo, Barthes contrasta la lucha libre profesional con el boxeo.

El público sabe muy bien la distinción entre la lucha libre y el boxeo. Se sabe que el boxeo es un deporte basado en una demostración de la excelencia. Uno puede apostar sobre el resultado de un combate de boxeo, pero apostar en la lucha libre no tendría ningún sentido. Una pelea de boxeo es una historia que se construye ante los ojos del espectador; la lucha libre, por el contrario, debe enfocarse en cada momento, no importa el paso del tiempo, no importa su transcurrir. La conclusión lógica de la lucha no le interesa al fanático, mientras que por el contrario un combate de boxeo siempre implica una ciencia del futuro. En otras palabras, la lucha libre es una suma de espectáculos, uno tras otro, cada momento impone el conocimiento total de una pasión que consiste en mantenerse en pie y solo, sin tener necesariamente que esperar hasta el momento culminante de un resultado.

En la actual campaña, Trump se está comportando como un luchador profesional, mientras que los oponentes de Trump están llevando a cabo la carrera como si fuese un combate de boxeo. A medida que el resto mide su siguiente golpe, Trump se cubre la cabeza con una silla de metal.

TrumpWWE2Otros en el campo republicano se manejan en base a las normas y la construcción de una estrategia que, según dichas normas, dará lugar a la nominación. Pero Trump no se ocupa de esas cosas. En su lugar, Trump se centra en cada momento y la obtención de la máxima cantidad de pasión en ese momento. Sus partidarios lo aman.

La clave para generar la pasión, según Barthes señala, es posicionarse para hacer justicia contra las fuerzas del mal por cualquier medio necesario. “Los luchadores saben muy bien cómo manejar la capacidad de indignación del público llevando al límite el concepto de Justicia”, escribe Barthes.

Trump sabe cómo definir su oponente: China, los “ilegales”, los gestores de fondos financieros,  y se compromete a ir tras ellos con una violencia desenfrenada. Si para lograrlo se deben cruzar algunos limites, mejor que mejor.

Para un luchador profesional, la energía lo es todo. Un fanático de lucha libre está menos interesado en lo que está sucediendo, o en la coherencia de cómo un hecho conduce al siguiente, que en el hecho de que algo está pasando. Es en ese sentido que Trump se entrega por completo. Él es omnipresente en la televisión, y cuando no puede hacerlo en frente de la cámara, llamará a los medios para saliral aire. Cuando no está en la televisión, está twitteando alardes, insultos e incongruencias. Cuando se queda sin cosas que decir, hace retweets de comentarios al azar de sus seguidores.

A lo largo de esas manifestaciones el insulto favorito de Trump – que ha empleado en varias ocasiones contra Jeb Bush y, más recientemente, contra Ben Carson – es que sus oponentes tienen “baja energía”.

TrumpWWE1-638x432La acción frenética es suicida para un boxeador, y también para un político tradicional. Pero Trump no está afectado por estas limitaciones. El puede decir la cosas más locas, Trump puede sugerir a una popular presentadora de Fox News que le hizo una pregunta difícil que estaba menstruando, por ejemplo, y a los partidarios de Trump les encanta.

Algunas peleas, entre los luchadores más exitosos, están coronadas por una escena final, una especie de fantasía sin límites, donde las reglas, las leyes del género, se suprimen, desaparece el árbitro y los límites del ring, desbordando hacia el pasillo y llevando a todos afuera en tropel, a luchadores, segundos, el árbitro y los espectadores.

Pero ¿por qué no pueden ver los votantes que lo que ofrece Trump es sólo una actuación? Como ilustra Barthes, eso es hacer la pregunta equivocada.

Es evidente que en tal circunstancia ya no importa si la pasión es genuina o no. Lo que el público quiere es la imagen de la pasión, no la pasión misma. La verdad no es un problema en la lucha libre ni en el teatro.

Esta analogía revela por qué los ataques a Trump son tan ineficaces. Recientemente, Rand Paul y otros han empezado a llamar a Trump como un “actor”, en lugar de un candidato legítimo. Esto es como correr en el medio del ring durante una pelea de WWE gritando: “¡Todo esto es falso!”. Estás en lo correcto, pero no tendría ningún sentido ni será bien recibido.

Uno de los puntos centrales del análisis de Barthes es que el boxeo -con sus reglas tradicionales y el decoro- no es moralmente superior a la lucha libre profesional. De hecho, a pesar de su artificio, se podría argumentar que la lucha libre hoy en día expresa una búsqueda más noble que el boxeo, que es una actividad irremediablemente corrupta y dominada por abusadores domésticos y misoginos.

Del mismo modo, Trump es capaz de tomar ventaja de la disfunción evidente del sistema político tradicional. En 2016, los candidatos se han visto ensombrecidos por la financiación  masiva que a menudo dependen de unos pocos grandes donantes. Muchos candidatos republicanos tienen posiciones compatibles con esta élite de aportantes, pero no el electorado en general.

En comparación con este sistema, las cosas que Trump está ofreciendo: pasión, energía, sentido de justicia, pueden no parecer tan malas.

Roland Barthes ha muerto hace 35 años, pero tiene algo que decir.

 

 

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  • 10
  • Jul
  • 2016

En estos siete meses de gobierno macrista aquellos que no lo votamos nos hemos visto desagradados y sorprendidos no ya por sus políticas económicas, sociales o culturales, que eran previsibles, y seguramente por eso no lo votamos, sino por las manifestaciones públicas de funcionarios de gobierno o caracterizados adherentes que han ejercido un discurso llano y directo que inclusive ha impactado, positiva o negativamente, en gran parte de sus propios votantes: el discurso de la derecha.

derechaEs tiempo de asumir como ciudadanos que en lugar de escandalizarnos con ese discurso debemos comprender que estamos siendo gobernados por un grupo de dirigentes con ideas de derecha, con convicciones de derecha, que no son oportunistas o que no están acorralados para ejecutar esas políticas como sucedió en otros tiempos de nuestra historia, sino que lo hacen sin tapujos suponiendo honestamente que eso es lo que se debe hacer. Quizás en lugar de cuestionar al gobierno por ser de derecha debiéramos pensar qué cosa anida en nuestra sociedad para decidirse a elegir un gobierno de derecha.

Escuchamos al Ministro de Energía decir que si a una persona el precio de la nafta le resulta caro debe dejar de comprar, o a la Vicepresidenta decir que hay que decirle a la gente pobre que era una mentira que podía vivir de “esa forma” eternamente, o a un clásico ideólogo de la derecha económica como Javier Gonzalez Fraga decir que se le había hecho creer al “empleado medio” que se podía comprar plasmas o tener celulares de última tecnología, o al Ministro de Finanzas sostener que un brutal aumento de tarifas equivale a “dos pizzas” o afirmar que “el trabajo sucio” (por el ajuste y la fabulosa transferencia de recursos a los más ricos) ya estaba hecho, o la visión de descartar cualquier tipo de intención delictiva en la acción de sacar dinero del país para depositarlo en paraísos fiscales.

Todo esto nos escandaliza cuando debiera resultarnos normal, porque son ideas de la derecha en un gobierno de derecha. ¿Qué otra cosa podríamos esperar?

michettPero ¿por qué nos escandalizamos? Porque aunque suene sorprendente la Argentina no ha tenido gobiernos de derecha elegidos democráticamente desde la Ley Saenz Peña para aquí, y aquellos que siendo elegidos viraron hacia políticas de derecha, como sucedió con Frondizi o Menem, lo hicieron manteniendo una discursiva alejada de ese entramado ideológico.

Incluso hasta buena parte de las diversas dictaduras que supimos conseguir en el siglo XX ocultaban su impronta de derecha detrás de un discurso bañado por la retórica de la defensa de la nacionalidad en peligro y la construcción del ser argentino.

El actual gobierno encabezado por Mauricio Macri es claramente un gobierno de derecha, que prometió ejecutar políticas de derecha y que con más del 50% de las voluntades electorales se siente legítimamente avalado para no esconder lo que piensa, y decirlo; aún cuando ni la mayor parte de los funcionarios de gobierno y la mayor parte de sus votantes no se asuman a sí mismos como de derecha, lo cual sería materia de análisis de algún psicólogo.

vdalA algunos les resultará chocante que en los siete párrafos anteriores haya utilizado catorce veces la palabra “derecha”, porque como nos han dicho repetidas veces no existen más las derechas y las izquierdas… Al menos eso es lo que la “inteligencia” global nos viene explicando desde 1980, que las ideologías han muerto y que la Historia ha llegado a su fin en el mejor sistema posible, que es la democracia liberal…de derecha.

El filósofo italiano Ernesto Bobbio, escribió en 1994 un interesante y breve libro llamado “Derecha e Izquierda”, bien avanzada ya la ola neoliberal global que nos indicó que felizmente no hay otra alternativa a este mundo de hoy, y que la sociedad no existe porque somos seres libres capaces de llevar adelante nuestra vida responsablemente en base a nuestras exclusivas decisiones, porque  “Sí, se puede”.

macri villaVolviendo  a Bobbio, él analiza como las diferencias entre derecha e izquierda siguen existiendo y explica con especial claridad en qué consisten esas diferencias, basadas en dos cuestiones centrales del pensamiento político: la igualdad y la libertad.

Para Bobbio la forma de distinguir entre políticas de izquierda y de derecha es identificar cuál es su posición frente al ideal de la igualdad, entendiendo que frente a la problemática de la igualdad uno debe hacerse tres preguntas:

  1. Entre quiénes nos proponemos repartir bienes o impuestos.
  2. Qué bienes o impuestos vamos a repartir.
  3. Qué criterio utilizaremos para repartirlos.

Es decir que ningún proyecto político “puede evitar responder a estas tres preguntas: «Igualdad sí, pero ¿entre quién, en qué, basándose en qué criterio?»”.

Las respuestas a estas tres preguntas pueden ser variadas: “los sujetos pueden ser todos, muchos o pocos, o incluso uno solo; los bienes a repartir pueden ser derechos, ventajas o facilidades económicas, posiciones de poder; los criterios pueden ser la necesidad, el mérito, la capacidad, la clase, el esfuerzo, y otros más”. Inclusive se puede tomar la posición extrema de responder a la última pregunta con la respuesta “sin ningún criterio”, es decir, dar a todos lo mismo, que sería el llamado “igualitarismo”, que es claramente una visión utópica de la igualdad, la “igualdad de todos en todo”, una mera declaración de intenciones sin aplicación real posible. Del mismo modo ponerse en la otra posición extrema de una feroz desigualdad nos lleva a una sociedad distópica, la utopía al revés, un sistema cruel y apocalíptico.

Por eso debemos concentrarnos en cómo un proyecto político responde a las tres preguntas sobre el ideal de igualdad, ya que “cuando se le atribuye a la izquierda una mayor sensibilidad para disminuir las desigualdades no se quiere decir que ésta pretenda eliminar todas las desigualdades o que la derecha las quiera conservar todas, sino como mucho que la primera es más igualitaria y la segunda es más desigualitaria”.  “Por una parte están los que consideran que los hombres son más iguales que desiguales, por otra los que consideran quantropologa-poltica-bobbio-3-728e son más desiguales que iguales”.

A esta distinción debe sumársele la posición que entiendo más sustancial en este análisis de qué significa la derecha política, que es la valoración que hace la derecha sobre la desigualdad abrazándose a la idea de una igualdad-desigualdad natural en lugar de una igualdad-desigualdad social.

La izquierda parte “de la convicción de que la mayor parte de las desigualdades que lo indignan, y querría hacer desaparecer, son sociales y, como tales, eliminables”, la derecha en cambio “parte de la convicción opuesta, que las desigualdades son naturales y, como tales, ineliminables”.

La derecha se afirma en el criterio de que las diferencias entre las personas son naturales o bien se afirman en una “segunda naturaleza que es la costumbre, la tradición, la fuerza del pasado”. La desigualdad entonces tiene motivaciones naturales o está consagrada por la fuerza de la tradición, por lo establecido, y por ende indubitable. De esta conclusión se extiende que la pobreza no puede transformarse sino solo gestionarse.

Otro factor que permite identificar el pensamiento de derecha además del de la desigualdad es el ideal de libertad.

En general cuando se establecen políticas que son proclives a ampliar los espacios de igualdad estas políticas restringen en mucho o poco la libertad de elección del ámbito privado, es decir, aplicar decisiones a favor de mayor igualdad afecta la libertad de algunos para beneficiar el acceso en igualdad de otros.

Lo particular es que la libertad es un principio intrínsecamente desigual, porque “la libertad privada de los ricos es inmensamente más amplia que la de los pobres. De esto surge que la pérdida de libertad golpea naturalmente más al rico que al pobre, al cual la libertad de elegir el medio de transporte, el tipo de escuela, la manera de vestirse, se le niega habitualmente, no por una pública imposición, sino por la situación económica interna de la esfera privada”.  Por eso la derecha suele hacer centro de su discurso más a las políticas de libertad que a las de igualdad, porque las políticas de igualdad tienen “como efecto el delimitar la libertad tanto al rico como al pobre, pero con esta diferencia: el rico pierde la libertad de la que gozaba efectivamente, el pobre pierde una libertad potencial” que en la realidad le es muy difícil practicar.

bobbioEste desarrollo que hace Bobbio para identificar en qué consiste el pensamiento de la derecha política permite claramente relacionar el pensamiento del gobierno de Macri con esa derecha.

Es la derecha que dice que los pobres no tienen derecho a consumos de otras clases superiores en realidad no está insultando a los pobres sino declarando lo que piensa y entiende sobre la vida de una sociedad.

La derecha no pretende modificar la vida de los que menos tienen, sino convencerlos de que en base al uso de su libertad podrán salir de su subordinada condición, de cuya responsabilidad son los propios arquitectos. “Sí, se puede”, y si no se puede es porque no saben hacer uso de la libertad para lograrlo, por lo tanto son responsables de su suerte; no es la sociedad la que genera pobres y desiguales, sino los propios pobres son los causantes de su condición y por ende culpables de su posición social, y por supuesto los ricos serían exitosos por sus capacidades de utilizar su libertad para enriquecerse.

El gobierno macrista se hizo las tres preguntas de Bobbio, ¿entre quién, en qué, basándose en qué criterio?, para decidir sus políticas: Entre quién, entre los poderosos, en qué, los recursos que estaban siendo absorbidos por el Estado, con qué criterios, el del mérito y la responsabilidad individual.

Por eso no es la indignación o el enojo lo que corresponde frente a las políticas del macrismo, sino el adecuado encuadramiento ideológico, el macrismo es la ordinaria expresión de la derecha liberal.

Durante décadas en la Argentina hemos hablado de la derecha, esa que nadie parece querer asumir, hoy la tenemos gobernando, es tiempo de comprenderlo, con la ignominia no alcanza.

(Texto entrecomillado extraído de Bobbio, Norberto, “Derecha e Izquierda. Razones y significados de una distinción política”. Taurus, Madrid, 1995) 

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  • 25
  • Jun
  • 2016

El FMI pidió este miércoles que el país “combata su elevada pobreza y creciente desigualdad y advirtió que ambos factores pueden frenar el potencial de su economía” y advirtió “sobre severas señales que, sostuvo, pueden bloquear el camino del futuro crecimiento si no son atendidas rápidamente”.

ECORRECTION / IMF Managing Director Christine Lagarde smiles during a press conference at the International Monetary Fund (IMF) in Washington, DC, on February 19, 2016. Lagarde, who battled financial fires across Europe as managing director of the International Monetary Fund, was officially named to a second five-year term. / AFP / Andrew Caballero-Reynoldsl Fondo Monetario expresó que se presenta una “perturbadora caída de la productividad y falta de inversiones en trabajadores y en capital físico” y que “esa tendencia se exacerba con el crecimiento de la desigualdad y la persistente elevada pobreza” según señala en un reporte oficial.

El informe sostiene que “hay una necesidad urgente de abordar la pobreza. Los últimos datos muestran que uno de cada siete personas viven en la pobreza, incluyendo uno de cada cinco niños. Alrededor de un 40% de esos pobres tiene trabajo. Un complemento salarial más generoso combinado con un salario mínimo federal mayor ayudaría a aliviar la pobreza”, señala el informe.

“La distribución de la riqueza y los ingresos está cada vez más polarizada y la pobreza ha aumentado”, dijo el FMI y remarcó que el país tiene “una urgente necesidad de atacar la pobreza”, además de que “los ingresos por trabajo se redujeron 5% en los últimos 15 años y que la clase media es la menor en 30 años”.

“La pobreza no sólo crea significativas tensiones sociales sino que además corroe la participación en la fuerza laboral y debilita la capacidad de invertir en educación y mejorar la atención de la salud”, dijo Christine Lagarde, Directora Gerente del FMI, en una declaración.

Por otro lado, “la actualización de los programas sociales para apoyar a los pobres que no trabaja también sería un paso hacia adelante. Además sería positivo incrementar y mejorar la inversión en la educación infantil, la subvención de cuidado de niños para las familias de menores ingresos, y la expansión de la educación terciaria y profesional, cuyos efectos pueden ser importantes a la hora de reducir la desigualdad de ingresos y la pobreza cuando se mira a un horizonte a más largo.

Para finalizar indica el reporte del FMI que “Estados Unidos debería invertir más en educación e infraestructura y extender su apoyo a los pobres mediante reformas impositivas, elevar el salario mínimo y aplicar mejores programas de atención a la niñez que permitan a los pobres conseguir y mantener sus trabajos.”

Ahhh… perdón no les aclaré, habla de Estados Unidos

 

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  • 17
  • Jun
  • 2016

Cuando se habla de las “cortinas de humo” muchas veces suelen parecer exageraciones de teorías conspirativas propio de mentes perversas.

Pues bien, aquí José Luis Espert, economista estrella del establishment argento, propone sin medias tintas usar una cortina de humo.

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  • 11
  • Jun
  • 2016

El inefable Jorge Lanata acaba de escribir una columna en el diario Clarín, titulada La Tregua, proponiendo un gobierno de unidad nacional que incluya a TODOS, incluido los odiados y perversos kirchneristas.

Ahora, pasados seis meses, el vocero del poder (el verdadero poder claro) dice: el ajuste no dio resultado, el gobierno perjudica a los más débiles, el déficit fiscal es igual o peor que durante el cristinismo, Macri baja en las encuestas, los aumentos de tarifas fueron hechos por estúpidos, estamos en recesión, no llegará la prometida lluvia de inversiones, hoy es posible hacer una bicicleta financiera como nunca antes, solo vendrán capitales especulativos, aumentará la conflictividad social.

Ante la inoperancia del macrismo la solución para Lanata es un acuerdo político nacional incluso con los kirchneristas dentro. Del “que se vayan todos” del 2001 al “que vuelvan todos” del 2016.

Años de cavar y cavar para ampliar la grieta y terminar volviendo a trabajar para tirar la tierra de nuevo dentro del agujero… la paradoja del odio.

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  • 25
  • May
  • 2016

El neoliberalismo difundió ya desde sus inicios en la década de 1980 la idea de la implosión de la Sociedad y tras ella la desaparición de la ligazón entre los ciudadanos que pasaron a ser individuos librados a su propia suerte, o mejor dicho a su propia responsabilidad.

puedoEsa idea perversa de que no existen las condiciones históricas, sociales, económicas y políticas que rodean la vida de una persona y que su mayor o menor “éxito” estará dado exclusivamente por su esfuerzo, su capacidad y su talento, luego de 3 décadas ha logrado introducirse en la conciencia colectiva decorada por la literatura de autoayuda que encontró en ese camino una enorme veta comercial y un público necesitado de que le explicaran que sí, se puede.

La idea de que cuánto hacemos se debe a nuestras responsabilidades y por lo tanto que de nuestra decisión depende lograr los objetivos que nos proponemos ha dado forma a todo tipo de empresas de consultores, de asesores, de coachs y charlistas que recorren las reuniones empresarias explicándoles a gerentes y trabajadores lo bien que pueden hacerlo si solo se lo proponen. Esta ola de voluntarismo pasó de la empresa a la política en todas partes del mundo, entre ellas España, o Argentina, donde el presidente Macri invita a la reunión de Gabinete a un “Experto en Felicidad”, tiene a un filósofo a sueldo que organiza “Talleres de Entusiasmo” o la gobernadora Vidal lleva a sus ministros a un “Retiro Espiritual” de fin de semana.

coachEl filósofo coreano Byung-Chul Han desarrolló este fenómeno en sus libros La Sociedad del Cansancio y La Sociedad de la Transparencia, y el sociólogo español Jorge Moruno, publicó la pasada semana un artículo en su blog, titulado “Coaching, el disolvente de la política” en el que analizó con precisión y claridad en qué consiste este costado del pensamiento único neoliberal:

Coaching, el disolvente de la política

Jorge Moruno Sociólogo

Cuando trabajaba en el Barcelona Bus Turístic y paraba en el World trade center (donde llegan los ferries repletos de turistas), pude presenciar en varias ocasiones corros al aire libre donde se impartían sesiones de motivación a un grupo de trabajadores. Seguro que sabéis de lo que hablo porque lo habéis vivido (sufrido) o visto en alguna película; el típico trabajo de comercial agresivo donde hay que vender sí o sí para alcanzar las cifras de negocio que te permitan volver a sobrevivir un nuevo día de trabajo. Un espíritu a lo Jerry Maguire impulsado por el conocido slogan enséñame la pasta. Estas sesiones representan el extremo de toda una industria de la motivación que es funcional a las nuevas formas de explotación. Se extiende cual mancha de aceite desde el campo laboral hasta el terreno de la política; desparece así, la excusa de la sociedad ante tu fracaso porque ahora todo depende de tu actitud y habilidad.

Tras un discurso de terciopelo donde todo se lubrica de buenas palabras, sueños deseados y pensamiento positivo, se levanta una jaula ideológica asfixiante que percibe en el otro o bien una relación tóxica de la que alejarse para no verse contaminado, o bien una relación sana que te impulsa a perseguir tus objetivos. La realidad viene dada, las cosas suceden, y solo nos queda saber manejarnos en este nuevo entorno salvaje si no queremos quedarnos fuera. El campo de lo que existe, de lo que se percibe como bueno y posible, —y su reverso— se ve redefinido bajo la luz de una nueva forma de ejercer el poder sobre el cuerpo y la mente colectiva e individual. Se pretende por encima de todo eliminar la dimensión política del conflicto y el desacuerdo en la sociedad. Se perpetuán las razones de la desigualdad negando que pueda existir un conflicto que ponga en duda la distribución en las relaciones de poder. Por lo tanto, el único conflicto que existe es el que tienes contigo mismo, ya sean los traumas, los miedos o tu mala actitud, lo que te impiden alcanzar tus sueños está en ti. Se promociona la cultura de la aversión al conflicto asociándolo a la negatividad y a las malas vibraciones que entorpecen el camino hacia el éxito.

Esta lógica del individualismo posesivo pensada en círculos académicos de EEUU, aplicada luego en el ámbito laboral e inoculada como sentido de época, busca configurar un nuevo paradigma ideológico ante la exigencia encarnizada de la competitividad. Frente el cierre impuesto por el régimen de las finanzas, la escalera de la movilidad social colectiva se ve sustituida por la insistencia individual por convertirse en empresario de uno mismo. Modelar la plastilina humana hacia una dirección concreta, para luego, una vez interiorizada, la materia prima esté lista para asumir la cualificación requerida y los papeles que debe representar. La obligación de ser feliz se convierte en el faro totalitario que normaliza e impulsa la desigualdad social. La libertad se convierte de este modo en sinónimo de una forma concreta y particular de entender la felicidad, que de no lograrse, se debe exclusivamente a la toma individual de decisiones incorrectas.

En un modelo laboral cambiante, lleno de incertidumbres y precariedad propias de un mercado ultracompetitivo, la solución a los problemas pasa por convertir a los problemas en la fuente de la solución. Dando por hecho que lo que produce el malestar no puede cuestionarse y cambiarse, es mejor cuestionarte por qué te produce malestar cuando podría ser fuente de tu felicidad. El discurso es un hecho. Cuando nombran a la sociedad  se refieren al mercado, cuando dicen mercado hablan de los intereses de los accionistas de las empresas financieras, de los inversores. Cuando hablan de adaptarse a la realidad quieren decir adaptarse a las necesidades que demanda el mercado, es decir, los beneficios a corto plazo de los accionistas.  El mercado es así un axioma, una verdad articulada como incuestionable por la sociedad, tal y como lo fueron las leyes sagradas, los dioses y los reyes absolutos. Defender la democracia es defender a la sociedad contra el oscurantismo, contra todo aquel y toda relación social que pretenda elevarse por encima de ella,  intente sublevarse contra el demos (el pueblo) e instaurar una tiranía.

No es mi intención lanzar una diatriba contra la felicidad y la necesidad de verse realizado, sino de evitar hacer de la felicidad un mantra inquisitorial que impida desarrollar una crítica política y económica. La libertad no es sinónimo de felicidad. Albert Rivera[1] traslada las prácticas de la gestión empresarial a la arena política cuando reduce la resolución de los problemas políticos a una cuestión de actitud positiva, y afirma que el presidente del gobierno hace las veces de coacher de la sociedad. Visto así  el problema no reside en las causas que lo originan, el problema es no afrontar de forma adecuada el reto que tienes delante. No te preocupes en cambiar las cosas, es mejor que cambies tu actitud ante las cosas. Así se entiende que se tache de venganza la apuesta política que denuncia la desigualdad, y se califique de justicia a no poner en duda las razones que producen dicha desigualdad. El servilismo costumbrista entiende que para tener un país feliz hace falta un presidente feliz. Contra este disolvente de la política que busca evitar discutir y remover las razones sobre por qué nos pasa lo que nos pasa y cómo podemos buscar alternativas colectivas, solo hay un antídoto, el mismo que sirve para paliar la soledad, la pulsión servil y el cinismo: la política que democratiza la democracia.

[1] Líder y joven candidato de CIUDADANOS, una nueva formación política española de centro derecha, que ocupó el cuarto lugar en las últimas elecciones. Figura que representa a la nueva derecha vinculada al discurso del marketing político.

 

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