Entradas del mes Diciembre, 2013

  • 31
  • Dic
  • 2013

suizaSuiza se propone establecer la llamada Renta Básica Universal (RBU) para todos los ciudadanos, sin importar su situación, de 2.800 dólares para adultos y 700 dólares para niños por mes. Es decir, abonarle a todo ciudadano suizo por el mero hecho de serlo una asignación mensual fija sin condiciones ni diferencias.

Esta medida que suena totalmente innovadora y hasta a primera vista altamente progresiva, observada con más detalle muestra un costado neoliberal y hasta reaccionario.

El presupuesto necesario para enfrentar el gasto de RBU reemplazará a todos los demás pagos actuales del sólido esquema de la seguridad social suiza: jubilaciones, seguro de desempleo, salud y decenas de subsidios menores.

Es decir, en lugar de un complejo esquema de compensaciones sociales como el actualmente existente para abordar la problemática individual de cada ciudadano según sus necesidades, sea por estar desempleado, por ser parte de la tercera edad, por sufrir alguna enfermedad invalidante, por accidente o por pobreza, solo habrá un único ingreso universal para todos por igual.

No debe perderse de vista un dato: en Suiza la línea de pobreza está fijada en 2.200 francos suizos por habitantes, la RBU que se propone se ubica entre los 2.000 y 2.500 francos suizos.

Suiza imagesLa pregunta es si el presupuesto de un Estado debe ser dedicado a darle a todos los ciudadanos un mismo ingreso, como el que se analiza; o debe aplicarse a detectar cuáles son las necesidades para compensar las diferencias obvias que una sociedad expone entre sus habitantes, como se hace actualmente.

Si finalmente se aplica la RBU, en Suiza recibirán del Estado 2.700 dólares al mes tanto el presidente de un banco como un desempleado, el gerente de un laboratorio como el operario de limpieza de esa misma empresa, lo cual, por ejemplo, congelará el problema de la desigualdad sin modificarlo, siendo que Suiza es uno de los países más desiguales de Europa en materia de diferencia de ingresos (existe un movimiento que propone establecer un techo a esta desigualdad en 12 veces entre sueldos mas altos y más bajos).

Podemos llevar este razonamiento a la idea manifestada por Elisa Carrió en Argentina, que considera que la Asignación Universal por Hijo debiera ser cobrada no solo por los hijos de familias en emergencia económica, sino por todos los niños argentinos, sin importar si ese niño pertenece a una familia de altos recursos o a una familia pobre.

Recordemos que Cavallo en los años 90 propuso eliminar el PAMI y darles a los jubilados una asignación adicional equivalente al presupuesto de ese organismo dividido la cantidad de afiliados, para que cada uno se ocupe privadamente de solventar sus gastos de salud.

Lo que puede aparecer a primera vista como una idea “justa”, se rebela a poco de analizarla como una medida insolidaria destinada a privatizar los gastos sociales y a simular una igualación de una base real absolutamente desigual.

Conviene aplicar un análisis del mismo tema a esta propuesta suiza que suena tan atractiva a los oídos progresistas, pero que en los hechos es la privatización de la responsabilidad del Estado de ordenar sus gastos para atender las diferencias, atenuar las desigualdades y asistir a los necesitados.

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  • 6
  • Dic
  • 2013

Es habitual escuchar por estos tiempos la remanida idea de que “ya no existen las izquierdas ni las derechas”.

Lo extraño de esta afirmación, de por sí ya avejentada por los lejanos noventa, es que siempre, sin excepción, está en boca de hombre y mujeres identificados ideológicamente  con aquella derecha a la que no sólo niegan pertenecer, sino que directamente niegan que aún exista.

DERECHA_IZQUIERDAEs una particularidad del Cono Sur que las personas de derecha se muestran vergonzantes de su propia forma de pensar, y esa conducta lleva inevitablemente a la negación de la existencia de tal cosa como “la derecha”, lo cual también, por lógica consecuencia, conduce a negar la vigencia de “la izquierda”.

Queda por suponer que quizás la simulada muerte de la derecha no sea más que una muestra de la astucia del pensamiento que pretende sobre todas las cosas asegurar la desaparición de su contracara, la izquierda.

Pese a estos juegos de escondidas  la derecha y la izquierda siguen existiendo en el siglo XXI, porque sin necesidad de formular ninguna justificación teórica sofisticada resulta clarificador que:

  • Cuando se privilegia la educación privada en detrimento de la educación pública, como sucede en Chile, eso es una política de derecha.
  • Cuando se combate la existencia de un seguro universal de salud a favor de empresas de medicina privada, como hacen los republicanos de los Estados Unidos, eso es una política de derecha.
  • Cuando se decide salvar a los bancos que generan la más fenomenal crisis del capitalismo moderno a costa de reducir las condiciones salariales y de asistencia de la población más necesitada, como ha sucedido por toda Europa, eso es una política de derecha.
  • Cuando se establecen multas para aquellos que desean expresar su libre pensamiento protestando ante edificios públicos o por filmar el accionar policial en las manifestaciones, como se proyecta en España, eso es una política de derecha.
  • Cuando se desconoce la nacionalidad a hijos de extranjeros nacidos en territorio del país, como se pretende en Francia, eso es una política de derecha.
  • Cuando se cuestiona la existencia de planes de asistencia para los marginados y excluidos afirmando que los que pagan impuestos terminan sostenido a “vagos”, como se repite regularmente en cada sociedad occidental, eso es una expresión de derecha.
  • Cuando se sostiene que la mejor manera de acabar con la pobreza es permitir el mayor enriquecimiento de los ricos, reduciendo sus impuestos, eso es una política de derecha.
  • Cuando se privilegian medidas tendientes a aumentar los niveles de seguridad a expensas de los niveles de libertad, eso es una política de derecha.

Las afirmaciones sobre que El Muro en su caída arrolló las distinciones entre derecha e izquierda termina abonando la idea de que la política es un mal que debe ser reemplazado por el valor positivo de La Gestión, ese nuevo fetiche del pensamiento de derecha, una ideología que pese al anuncio de su muerte goza de buena salud.

Párrafo aparte merece situar este tema en la Argentina, un país con fuerte pensamiento de derecha pero sin derechistas, una rara paradoja social, capítulo para el análisis psicológico más que para el político.

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