Entradas para la categoría ‘General’

  • 17
  • Feb
  • 2018

El economista libertario norteamericano, y profesor de economía en la Universidad de Princeton, Bryan Caplan, dice lo que piensan los adherentes al anarco-capitalismo libertario y, por su cercanía ideológica, piensan, pero no dicen, muchos economistas y políticos de la derecha.

En Argentina también hay liberales libertarios, y algunos se han convertido en verdaderas estrellas mediáticas, como el caso José Luis Espert, Javier Milei o Roberto Cachanosky, quienes suelen correr por derecha al mismísimo Mauricio Macri, al que tildan de tibio.

Bryan Caplan mantuvo una charla con el periodista Sean Illing, para el portal VOX, sobre el tema de la educación, y la publicación de su libro “Un caso contra la educación. Por qué el sistema educativo es una pérdida de tiempo y dinero“. A continuación ofrezco una traducción de dicha entrevista, en la que se desnuda con total crudeza la idea de este grupo cada vez más cercano al poder, de qué hacer para deshacerse de la educación pública, a la que consideran un gasto inservible.

 


¿Por qué este economista cree que la educación pública es en gran medida inútil?

Spoiler: No estamos de acuerdo.

Por Sean Illing

No soy un libertario, pero me encanta debatir con libertarios.

Un buen ejemplo: Bryan Caplan. Caplan es profesor de economía en la Universidad George Mason y autor de un nuevo libro, The Case Against Education . En ese libro él hace un argumento audaz: la educación pública es una pérdida de tiempo y dinero y deberíamos dejar de invertir en ella. Caplan reúne un montón de pruebas en apoyo de esta afirmación, la mayoría de las cuales refuerza su opinión de que lo que estamos haciendo ahora no está funcionando tan bien.

Estoy de acuerdo con él en que nuestro sistema actual no funciona, pero no estoy convencido de que debamos abandonar la educación pública. Entonces me acerqué a Caplan y le pedí que explicara su argumento.

Una transcripción ligeramente editada de nuestra conversación sigue.

Piensas que la educación pública es una gran pérdida de tiempo y dinero. Creo que es una tesis notoriamente equivocada. Dime por qué estoy equivocado.

Debo admitir que decir que la educación es una pérdida de tiempo y de dinero me hace parecer una persona mala. Mi tesis parece ir en contra de los buenos modales sobre lo que se supone que las personas dicen y piensan sobre la educación.

Pero aquí está mi argumento básico: la educación es una pérdida de tiempo y dinero porque gran parte de la recompensa por la educación no proviene realmente de aprender habilidades laborales útiles. Tampoco proviene de estudiantes que saborean la experiencia educativa. Por el contrario, la mayor parte de lo que sucede es que la gente está presumiendo – o, como lo llaman los economistas, están “señalando”. Intentan impresionar a los futuros empleadores demostrando cuán dedicados están.

Lo que tenemos ahora es una situación en la que mucha gente va a la universidad, pero muchos de ellos no consiguen un buen trabajo cuando terminan. O reciben mucha educación, se endeudan y luego obtienen un trabajo mediocre. Contraste esto con la idea que tenemos sobre la universidad, que es que recibes capacitación valiosa, adquieres habilidades útiles y luego eres recompensado con un buen trabajo después.

Tengo que retroceder en algo de eso, pero primero seamos claros sobre su argumento: ¿estamos hablando de educación superior aquí o estamos hablando de educación K-12? ¿O es todo lo anterior?

Quiero decir todo lo anterior, pero realmente no tenemos tantos datos para nada antes de la escuela secundaria. Me centré en la escuela secundaria y más allá. El jardín de infantes al octavo grado tiende a servir como una guardería para niños mientras sus padres trabajan. El desperdicio educativo realmente se convierte en un problema en la escuela secundaria porque a esa edad los niños podrían estar haciendo algo mucho más productivo, como un aprendizaje o una escuela vocacional.

Aquí es donde creo que no estamos de acuerdo: cree que tenemos demasiada educación, y creo que estamos haciendo mal la educación. En otras palabras, quieres menos educación y quiero una mejor educación.

Mi respuesta es que hacer menos educación es fácil, y mejorar el sistema educativo es difícil. Aquí hay una analogía que uso en el libro: Imagine que su amigo viene a usted y le dice: “¿Sabes esa crema fungosa para uñas que te está gastando cien dólares al mes?” “Sí”. “Aquí hay una prueba clara de que no es así”. “Trabaja, así que deja de usarlo”, y dices: “Bueno, no voy a dejar de usarlo hasta que me des una crema fungosa para uñas que funciona”.

Su amigo dice: “Bueno, realmente no sé uno que funcione, y hay mucho debate al respecto, y es realmente difícil encontrar uno”. Lo que sí sé es que deberías dejar de gastar cien dólares al mes “.

Para mí, eso es mucho de lo que está pasando con la educación. Tenemos pruebas muy claras de que estamos desperdiciando mucho, pero no tenemos una idea clara de lo que sería mejor. Todo lo que sabemos es que el sistema que tenemos ahora es extremadamente disfuncional, así que no creo que debamos seguir invirtiendo dinero.

Sigues usando la palabra “desperdicio”, pero no está claro a qué te refieres. ¿Estás insinuando que la educación es un desperdicio si no conduce a un buen trabajo?

Bueno, si la educación no te está entrenando para un trabajo y realmente no lo disfrutas, diría que es un desperdicio. Si te estaban entrenando o si lo disfrutaste, diría: “Bueno, eso no es un desperdicio porque al menos obtienes una de las dos cosas”. Estás recibiendo una preparación para el futuro o para ti. estoy obteniendo satisfacción, pero si no estás recibiendo ninguna de esas cosas, pienso que es un desperdicio.

¿Cómo mides todo esto en el libro?

Utilizo la idea del retorno social, que es un término que usan los economistas para describir el valor de una inversión desde un punto de vista social. Miran no solo los beneficios y costos para un individuo, sino también los beneficios y costos para todos en la sociedad.

Resulta que realmente no había muchos buenos datos aquí. Había muchos artículos académicos que analizaban la educación y la rentabilidad social, pero eran tan limitados que realmente no daban una idea completa. Entonces eso es lo que traté de hacer en este libro. Y cuando se observa de cerca la rentabilidad social de la educación, y se considera cuánto se reduce a la señalización, hay un caso bastante convincente para hacer que lo que estamos haciendo ahora sea una inversión social terrible.

Usted piensa en la educación como una empresa técnica de memoria, por lo que se trata de habilidades y productividad y del mercado laboral. Creo que una buena educación se trata de cultivar ciudadanos sabios, personas que aprecian la democracia, que son perspicaces y no son engañados fácilmente. Que no hayamos logrado esto no significa que la educación sea una pérdida de tiempo; significa que lo estamos haciendo mal.

Tengo un capítulo entero sobre estos tipos más amplios de educación social, y de hecho dices algo que casi nadie más hace la discusión, que es que tenemos que mirar la evidencia empírica y ver si el sistema existente tiene éxito .

Entonces, la pregunta es, ¿realmente terminamos convirtiendo a los estudiantes en buenos ciudadanos? Aquí, hay bastante evidencia que dice que la universidad no te transforma mucho en lo político, y que no cultiva a buenos ciudadanos de la manera que describes arriba.

No es que la educación universitaria no afecte a las personas en absoluto, seguro que sí. Pero los efectos son mucho más pequeños de lo que la gente cree. Entonces, cuando dice que nuestro sistema existente no está funcionando y que tenemos que transformarlo, le digo: “¿Dónde está la evidencia de que el cambio lo ayudará?” Y cómo podemos justificar todo el tiempo y dinero que requerirá para cambiarlo cuando no sabemos lo que funciona?

Es por eso que pido un escepticismo de sentido común y digo: “Miren, el sistema actual no está dando resultados, al menos no ofrece mucho”. Si alguien dice que sí tiene un sistema que ofrecería, parece que la carga de prueba debe estar en ellos para ir y demostrar que está funcionando.

He enseñado en un par de universidades, y tengo muchas críticas a la educación superior, pero todavía no creo que la respuesta sea reducir la educación por completo. Creo que tenemos que reformarlo continuamente y mejorarlo, y eso significa asignarlo a las habilidades que nuestra sociedad necesita, pero también reafirmando nuestro compromiso con una educación democrática liberal de base amplia. Si no podemos hacer eso, si no estamos dispuestos a hacerlo, entonces diría que hemos abandonado todo el proyecto de democracia liberal.

Tienes una perspectiva muy interesante, Sean. No estoy seguro de haber hablado con alguien como tú, así que es genial. Lo que dices suena muy bien. El problema es cómo hacerlo. Recortar los desechos es fácil y transparente. Pero mejorar las cosas es muy difícil y, para hacerlo, debes confiar en un grupo de personas que ya lo han estropeado, y eso me parece imprudente.

Que algo sea difícil no es un argumento en contra de hacerlo.

Yo digo que es No es un argumento decisivo, pero es uno de los mejores.

Acordaremos estar en desacuerdo sobre eso. Quiero seguir presionando en este vínculo entre la educación y la democracia. Miro lo que ha sucedido en este país en los últimos años, y me pregunto si sería posible si realmente educamos a nuestros ciudadanos, si pasáramos menos tiempo metiendo los hechos en los estudiantes y más tiempo defendiendo la investigación libre y el pensamiento crítico. Simplemente no veo cómo la solución a nuestro problema es menos educación.

Estoy completamente de acuerdo. De hecho, ese es un gran tema de mi primer libro, El mito del votante racional . Mi respuesta principal a lo que dijiste es: ¿Cómo? ¿Cómo enseñamos a los estudiantes a pensar? Miré muy de cerca la literatura sobre psicología educativa y lo que encontré es que quieren creer que es posible enseñar a las personas cómo pensar o cómo aprender, pero después de 100 años de estudiarlo no tienen idea de cómo hacerlo. Están casi desesperados por eso.

Pero casi todos están de acuerdo en que nuestro sistema educativo actual no enseña a las personas a pensar, y nadie tiene una solución mágica que lo arregle todo. Mi sensación es que si un grupo de personas quiere creer algo, y lo estudian durante mucho tiempo y todavía no pueden creer en él, esa es una fuerte evidencia de que no es cierto.

Podrías decir: “Tal vez si tuviéramos 10 veces más psicólogos educativos, finalmente pudiéramos descubrir cómo enseñar a las personas a pensar”, pero ya se ha invertido tanta energía en esto. Muchas personas inteligentes han tratado de cambiar el problema y encontrar formas de enseñar a las personas a pensar, y simplemente no lo hemos descubierto.

¿Y crees que gastar menos tiempo y dinero en educar a la gente mejorará nuestra situación?

Sí. No creo que mejore nuestra forma de pensar. Creo que nuestra calidad de pensamiento seguiría siendo la misma porque no creo que el sistema actual lo esté mejorando, pero ahorraríamos muchos recursos, y las personas podrían comenzar sus vidas a una edad mucho más temprana, lo que consideraría una gran mejora. Hay una tonelada de recursos desperdiciados en este momento, recursos que podrían utilizarse mejor en otros lugares.

También me preocupa que una desinversión pública masiva en la educación amplíe muchas de las desigualdades que ya existen en este país. En su mundo ideal, las personas con dinero seguirían recibiendo una buena educación y las personas que no lo harían se quedarían cada vez más atrás.

Esa era definitivamente una de mis preocupaciones, pero luego leí mucho sobre esto y cambié de idea. Aquí hay una buena pregunta para comenzar: ¿Preferirías ser un desertor de la escuela secundaria hoy o en 1945?

1945.

Exactamente. La razón por la que 1945 es mejor para los desertores de la escuela secundaria es que no había estigma en ese entonces porque había demasiados. La gente no daba por sentado que si eres un desertor de la escuela secundaria, debe haber algo mal contigo. Se entendió que tal vez su familia no tenía suficiente dinero para la universidad o lo que sea, pero no lo despidieron por eso. Aún tienes una buena oportunidad.

Hoy, debido a que los niveles de educación han aumentado tanto y debido al poder del tipo de señalización que mencioné anteriormente, no terminar la escuela secundaria prácticamente destruye cualquier posibilidad de obtener una entrevista para un trabajo decente. Los empleadores pueden despedir fácilmente a los desertores de la escuela secundaria precisamente porque los niveles de educación han aumentado dramáticamente.

Esta es la razón por la cual recortar la educación en todos los ámbitos es la única manera de nivelar el campo de juego, porque cambia lo que significan los grados y la forma en que los empleadores piensan acerca de quién es digno de ser entrevistado o contratado. En un mundo donde no hay enfermeras con títulos de licenciatura, los hospitales no pueden decir: “Solo entrevistamos a enfermeras con títulos de licenciatura”.

Establezca lo que cree que debería ser un sistema educativo perfecto.

Soy un libertario, y nunca he disfrazado eso, así que mi opinión es que la carga de la prueba debería recaer en el gobierno para pedirles a los contribuyentes su dinero. Por supuesto, este no es el punto de vista político de la mayoría de la gente y, si no compartes esa misma perspectiva, vas a tener una visión totalmente diferente.

Estoy dispuesto a decir que deberíamos separarnos de la escuela y el estado, al igual que la separación entre religión y estado, y que el gobierno debería salir del negocio y dejar que los clientes y la caridad lo manejen. Para ser claros, esta conclusión no está implícita en los datos que cito; esta es mi filosofía política personal.

Haces muchos puntos interesantes en el libro, muchos de los cuales no había considerado antes. Sin embargo, en última instancia, creo que confunde su acusación del sistema educativo tal como existe actualmente con una acusación formal de educación como tal.

Ese es un buen punto filosófico. Solo diría que el mejor predictor de cómo será un sistema educativo mañana es cómo fue ayer. Nuestro sistema ha sido disfuncional por un tiempo realmente largo, y usted dice: “Vamos a reformarlo”. Yo digo: “Eso es realmente una posibilidad remota”. Si nuestros problemas fueran relativamente menores, eso sería una cosa. Pero si crees que nuestro sistema es profundamente disfuncional, entonces decir que vamos a reformarlo me parece una ilusión.

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  • 1
  • Feb
  • 2018

El diario británico The Guardian publica un artículo de su columnista Frances Ryan en la que aborda un fenómeno inglés pero de alcance global, que es colocar a los receptores de beneficios sociales en la posición de aprovechar perversamente el esfuerzo de la sociedad, perseguirlos y criminalizarlos.

Es muy interesante leer el artículo para descubrir cuánto de estas conductas están presentes en el sentido dominante en la sociedad argentina. Yo creo que mucha, de hecho podemos recordar la decisión del gobierno argentino de recortar en el mes de junio los subsidios por discapacidad.

 

Cualquier semejanza no es puro coincidencia


¿Es realmente Gran Bretaña una tierra que espía a enfermos y pobres?

por Frances Ryan para The Guardian

La demonización de los demandantes de beneficios nos afecta a todos. Deberíamos ayudar a las personas con discapacidad, en cambio los acusamos erróneamente.

El mundo de David fue destrozado una mañana por un sobre en su felpudo. La carta era del Departamento de Trabajo y Pensiones, y su redacción era críptica: “Necesitamos hablar con usted sobre la cantidad de su beneficio”. Pero gracias a sus años de voluntariado como asesor de derechos sociales, era muy consciente de lo qué podría significar: estaba siendo investigado por fraude de beneficios.

David necesita su subsidio por discapacidad. Además de padecer depresión y ansiedad severas, tiene múltiples problemas de salud física: problemas intestinales y cardíacos y un disco prolapsado en la columna vertebral. Los analgésicos fuertes apenas le quitan el control a su artritis. Aún así, el verano pasado fue convocado al centro de empleo para una entrevista sobre cumplimiento. David fue informado de que había sido denunciado dos veces por otros ciudadanos acusándolo de posibles fraudes en los beneficios sociales que percibe: una vez a través de la línea directa de fraude de beneficios del gobierno y una vez por medio de internet.

¿Por qué? Fue visto en una playa cercana con su padre enfermo, y lo habían visto en un autobús ir al centro de la ciudad. “A menudo era para recoger una receta. La parada de autobús está a 100 metros de mi casa”,  me explica. “Tengo muletas para usar si mi salud se reciente”.

Es probable que haya visto muchas historias de fraude de beneficios en los últimos años. Aparecen en todos los sitios que mires en los medios de comunicación, desde el programa de la BBC, “Santos y Parásitos” ( Saints and Scroungers), hasta las familias “desvergonzadas” y “estafadoras” , a menudo presentes en el Daily Mail.

Historias como la de David, de personas comunes discapacitadas que pasan por el infierno, rara vez son noticia. Pero él está lejos de ser una anomalía. En 2016, el Observer reveló que de un millón de presuntos casos de fraude de beneficios denunciados por el público entre 2010 y 2015, un asombroso 85% no estaban fundamentados . El mes pasado, el diario The Independet informó que hubo casi 300,000 denuncias públicas sobre fraude a los beneficios en los últimos dos años que no originaron ninguna acción debido a la falta de pruebas.

Existe un espía en tu vecino en Gran Bretaña, donde la persona enferma con muletas no es un conciudadano a quien se le debe ofrecer ayuda, sino un parásito que denunciar a las autoridades. Esto no sucede por casualidad. Durante décadas, el estafador de subsidios ha sido el villano elegido por ciertos sectores de la prensa y la clase política, y ni siquiera la izquierda ha sido inmune a esta tendencia. Mientras que los gobiernos laboristas anteriores lanzaron una redistribución a gran escala a través del sistema de crédito fiscal, nunca hicieron lo suficiente para desafiar la narrativa perpetrada por la prensa y los denunciantes.

Pero, más recientemente, la narrativa del “parásito” se ha agudizado ya que la derecha ha posicionado cuidadosamente al defraudador de beneficios como un acompañante natural de la austeridad, el chivo expiatorio para justificar la aniquilación de la seguridad social en los últimos ocho años. Los conservadores han lanzado una caza de brujas contra las personas que reciben beneficios sociales. Cuando se introdujeron los primeros recortes a los beneficios por discapacidad en medio de las negociaciones sobre el abultado presupuesto destinado a la asistencia social, el Departamento de Trabajo y Pensiones difundió campañas publicitarias que nos indicaban que nosotros, el público, teníamos un papel importante que desempeñar en la identificación de los defraudadores. Los periódicos nacionales publicaron campañas convocando a “todos los británicos a ser patrióticos y denunciar cualquier trampa que conozcas”.

Sin embargo todos son conscientes de que las cuentas de fraude de beneficios representan solo el 1,1% del gasto total en beneficios sociales.

El gabinete de ministros del gobierno también ha adoptado una retórica que sugiere que las personas con discapacidad están fingiendo para obtener beneficios de la seguridad social, y que la mayoría de los nuevos solicitantes de los subsidios por enfermedad en realidad son lo suficientemente buenos para hacer algún trabajo . El ex jefe de política de Theresa May, George Freeman, dijo que los beneficios deberían ir para los “realmente discapacitados” . Esther McVey, la recién nombrada secretaria de trabajo y pensiones, una vez se jactó de ir en busca de la “discapacidad falsa” al tiempo que abolía la línea de subsidios de por vida por discapacidad en su anterior función como ministra para personas discapacitadas.

Esto no es simplemente una retórica, sino que va al corazón de la política gubernamental. Las empresas de auditoría son contratadas para presionar a los enfermos a través de evaluaciones tan imprecisas que esta semana surgió que el gobierno tendrá que revisar los beneficios de 1.6 millones de personas discapacitadas que pueden haber sido eliminados incorrectamente, mientras que los solicitantes son sancionados, a menudo por razones fuera de su control, llevando a estas personas a morirse de hambre .

En este clima contra el bienestar, en realidad no importa si alguien está mintiendo para reclamar beneficios o no.  En un momento en que el bajo salario conduce a un estado de inseguridad crónica, este tipo de táctica de dividir y gobernar es particularmente peligroso, ya que a los trabajadores se les vende la mentira de que la razón por la cual sus salarios no les alcanzan para pagar el alquiler se debe a que la persona parapléjica está viviendo la buena vida. En realidad, están luchando por permitirse el lujo de comer. Justo este mes, una investigación descubrió que la mayoría de los solicitantes de beneficios por discapacidad no tienen suficiente para vivir.

La forma en que tratamos a los solicitantes de beneficios habla de actitudes sociales muy negativas hacia las personas en situación de pobreza, una cultura en la que cada vez más personas que no pueden pagar el alquiler o pagar la comida de sus hijos se ven como responsables de sus propios defectos. Estamos presenciando el individualismo en su forma más desenfrenada, una escala de deshumanización que ha alcanzado tales alturas que incluso un usuario de silla de ruedas puede ser juzgado como “no merecedor” de ser ayudado.

Es hora de contrarrestar esto de manera más efectiva. Cuando el público responde a la narrativa del narcotraficante de la derecha, husmeando en su vecino, el trabajo de la izquierda es crear un argumento alternativo. Junto con el Frameworks Institute, la Fundación Joseph Rowntree está llevando a cabo el proyecto Hablemos sobre Pobreza para entender cómo las personas que se preocupan por la pobreza pueden comunicarse sobre ella de una mejor manera. Esta es exactamente la conversación que deberíamos tener. Parte de esto debe consistir en plantear una visión positiva y colectiva del Estado de Bienestar que considera que una red de seguridad social es un ideal para protegernos a todos, en lugar de considerarla un drenaje nacional para unos pocos. También debe implicar abordar las rutas de la inseguridad de las personas, desde los bajos salarios al imposible acceso a la vivienda, mientras se contrarrestan los prejuicios de larga data hacia las personas con discapacidad.

David fue absuelto rápidamente de cualquier delito sobre sus beneficios, pero, siete meses después esta situación le ha pasado factura. Ahora está bajo el cuidado de una enfermera psiquiátrica e intenta mudarse de casa para sentirse a salvo de sus vecinos.

El otro día, me dice David, un ex colega le gritó “parásito” mientras entraba en el consultorio del médico de cabecera local. “En este momento, estoy aterrado por salir de casa”.

 

El nombre de David ha sido cambiado para proteger su identidad

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  • 17
  • Dic
  • 2017

Una síntesis sobre el libro del filósofo coreano Byung-Chul Han, “La Sociedad del Cansancio”.

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  • 21
  • Ago
  • 2017

¿Qué precio pagarías por la memoria?

David Rieff presenta su polémico ensayo “Elogio del olvido”, en el que argumenta contra el culto al pasado colectivo.

Raquel Garzon (publicado en Revista Ñ 19/8/2017)

“Todo será olvidado, tarde o temprano”, afirma David Rieff en un bar de Las Cañitas. Esa convicción suena cuanto menos paradójica en alguien que se licenció en Historia. Pero el ensayista estadounidense (intelectual heterodoxo y hombre de usar sombrero y corbata, incluso los fines de semana) presenta por estos días un libro titulado Elogio del olvido, así que la definición viene a cuento. “Quizá no sea sólo pesimista sino ‘mórbidamente radical’, como señaló una de las reseñas”, continúa, “pero creo que en 100 años, cuando los testigos y sus vivencias ya no estén, nadie se acordará del 11-S, para hablar de algo cuyas consecuencias aún sacuden el mundo”, sostiene Rieff, mientras detrás de los cristales persiste una garúa metálica.

El libro, escrito en 2015, analiza tragedias colectivas del siglo XX y es un alegato contra el culto a la memoria histórica como “imperativo moral”. Consciente de lo polémico de su postura (“voy a Chile luego; van a ser días difíciles”), Rieff aboga por el “olvido activo” de Nietzsche como una opción posible en sitios donde recordar conduce “a la guerra más que a la paz, al rencor y al resentimiento”. “Si nuestras sociedades dedicaran al olvido una parte mínima de la energía que aplican a recordar, la paz en algunos de los peores lugares del mundo podría estar más cerca”, argumenta. Y, sin embargo, quizá para probar que toda hipótesis debe ser metódicamente refutada, en un español que alterna entre el tú y el vos, recuerda: “Cada vez que vengo a Buenos Aires pienso que podría haber tenido otro destino. La familia de mi padre tomó un barco a vapor que la llevó a Nueva York. Pero al día siguiente, salía uno hacia aquí. A ellos les daba lo mismo; eran judíos y sólo querían salir de Rusia. Pero mi vida habría sido totalmente distinta”.

Rieff es hijo de Susan Sontag (1933-2004), una de las pensadoras más brillantes de su tiempo. A la enfermedad y agonía de esa mujer flamígera le dedicó su único libro de memorias (“muy limitado porque había muchas cosas sobre las que yo no estaba listo para decir la verdad”). Aún hoy, hablar de esa experiencia eclipsa el buen humor cosmopolita que lo acompaña esta mañana.

–Ha escrito sobre crímenes de guerra, la crisis del humanitarismo y el hambre global. Ahora, sobre la memoria histórica que caracteriza como “memoria de las heridas”. ¿Por qué le interesa el sufrimiento humano como tema?

–No sé. Tal vez haya cierto pesimismo en mi ADN. Cuando escribí mis primeros libros pensé: “Soy un outsider profesional. Eso es lo que traigo al juego”. Pero un outsider obsesionado por comunidades de memoria, más o menos coherentes y trágicas: los exiliados, los refugiados… Tengo una relación muy curiosa con ellos, porque me siento un extranjero en todas partes. Para un escritor tiene sus ventajas, eres un observador que no trae consigo ideas sobre cómo vivir. El tema del desgarro ya estaba en El exilio: Cuba en el corazón de Miami, una meditación de 1993 sobre la relación entre la fantasía y la memoria de esa generación. En cuanto a este libro, mi experiencia como reportero de guerra fue decisiva. Me llevó a pensar que en determinadas circunstancias políticas elegir olvidar podía ser deseable.

–¿Lo ha vuelto más escéptico? ¿De allí estos versos de Yeats como epígrafe: “Un sacrificio demasiado largo/ puede tornar en piedra el corazón”?

–Después de 35 años de trabajo es normal pasar de tragedia en tragedia. Puedo incluso decir algo más crítico de mí mismo: hay algo de voyeurismo. Pero cada periodista es un voyeur. En Sarajevo llamaban a los fotógrafos “ángeles de la muerte”, porque permanecían en la mira de francotiradores para tomar imágenes del terror. Los escritores también lo somos. Seguramente Goytisolo, con quien estuve allí en 1992, no hubiera estado de acuerdo, pero habría sido una buena discusión.

–Elogio del olvido cuestiona la idea de Santayana de que los pueblos que no recuerdan su pasado lo repiten. ¿Se siente más cerca de quienes postulan ante la experiencia sudafricana, por ejemplo, que conocido el pasado “hay que seguir viviendo”?

–Depende de la situación, de cuándo y en qué contexto. Yo siento que si el imperativo moral de recordar causa demasiado sufrimiento como para que valga la pena cumplirlo, hasta se podría pensar en un “imperativo ético del olvido”. Pero no quise escribir un libro contra Santayana. El título es una provocación que invita a la reflexión. Es un error decir que el recuerdo es natural y el olvido no. Porque el recuerdo colectivo se construye y es cambiante. Con todo, no digo que los que recuerdan el pasado están condenados.

–Pero es difícil establecer gradaciones de dolor. ¿Qué distinciones haría?

–Mi experiencia en Bosnia me mostró que el precio de recordar en ocasiones es altísimo; la gente se mataba por cosas ocurridas cuatro o cinco siglos antes. En Irlanda del Norte, mucho después de que la disputa dejó de tener sentido, el rencor subsistía. Allí y en Israel-Palestina, como dicen los cigarrillos, un exceso de memoria “es perjudicial para la salud”. Si hablamos de consecuencias, en el libro digo que desde 1945 la Shoá se ha puesto al servicio de la política y justifica casi cualquier decisión del Estado de Israel en relación con sus vecinos o su minoría árabe.

–¿No tiene derecho una sociedad a definir lo que considera valioso recordar?

–Memoria no es igual a historia. Hay que distinguir entre el recuerdo personal, el trabajo de investigación histórico-jurídica y las opiniones que acepta una sociedad. Hablamos siempre –en el caso del recuerdo o del olvido– de una decisión. Paso bastante tiempo en Africa del Sur y allí los que han simpatizado con la dictadura entienden que el olvido es la mejor solución. Y las víctimas, es lógico, están a favor de la memoria. Una de las preguntas principales del libro es cuánto queremos pagar por el recuerdo. Hay contextos en los cuales yo creo que debemos pagar, pero en otros el precio es demasiado alto. Tengo más simpatía hacia el recuerdo en Chile, por ejemplo, que en Colombia: yo apoyaba la propuesta amplia de Santos en los acuerdos de paz con las FARC.

–¿Pagaría el precio de la memoria en el caso argentino?

–Con la Argentina tengo una relación muy ambivalente. Entiendo los peligros de olvidar. Pero cuando hace cuatro o cinco años pasé un día en la ex Esma y en el Parque de la Memoria pensé: “Es una presentación montonera”. Disentí con Todorov sobre otros temas, pero coincido con su crítica de 2010: falta parte de la historia. Para mí es propaganda pura, un mito absoluto. Y dar a los fallecidos de la guerrilla antes del golpe del 76 estatus de mártires me parece un error moral. Confirma que la memoria histórica es un campo de batalla política.

–Con todo, muchas de esas muertes anteriores al 76, aunque en democracia, las ejecutaron aparatos paramilitares amparados por el Estado.

–Por cierto, y además, aún hay cuestiones abiertas: la responsabilidad de los civiles, hechos desconocidos, niños apropiados buscados aún por sus familias… Es muy importante que los fiscales sigan con su trabajo y, obviamente, no tengo ninguna simpatía para con los represores.

–¿Ve un equilibrio posible entre la condena de los crímenes salvajes de la dictadura y una convivencia en la que no deba fijarse por ley, como lo hizo la Provincia de Buenos Aires en mayo, que los desaparecidos argentinos son 30 mil? ¿Llegará ese momento?

–El debate reciente sobre el número de víctimas de la dictadura es un ejemplo muy interesante de la problemática del recuerdo. Fue un error político del gobierno de Macri negar la cifra, pero conozco a muchos argentinos que no simpatizan con él y que dicen: “No, no hubo 30.000 muertos”. Soy muy escéptico hacia leyes como las que impuso Francia contra el negacionismo del genocidio armenio; la que menciona es similar. Para mí son decisiones políticas. Y en política, la mentira es moneda corriente. En ese marco soy pesimista en relación con la idea de que la memoria histórica pueda instaurar reconciliación. Pero si sostienes la posibilidad del olvido, estás vinculándote con personas horribles. Siempre hay alguien que me dice: “¿Por qué haces esto? Ayudas al enemigo”. Ahora, ¿hay que autocensurarse? No es para mí; aunque entiendo perfectamente el dilema.

–¿No cree que la justicia pueda ser una vía de pacificación?

–La definición de la tragedia en Hegel es el posible conflicto entre dos cosas buenas. Me identifico con intelectuales como Bernard Williams o Isaiah Berlin que desarrollaron esta idea y estoy en desacuerdo con los movimientos de derechos humanos que dicen: “No es posible tener paz sin justicia, la paz sin justicia no es paz”. Hay situaciones en las cuales tienes que elegir. En otras, tal vez podemos conservar las dos, paz y justicia. Pero me parece que en Colombia o en el País Vasco, por dar dos ejemplos iberoamericanos, es o paz o justicia. En Chile y aquí, ganó la democracia. Pero no es el caso en Colombia. El movimiento pro derechos humanos tiene la fantasía de que las sociedades van hacia la verdad y la justicia naturalmente. Yo no lo creo. Tengo una visión más griega, de ciclos de historia. Si miras a Trump, a Putin, a Maduro, más allá de si son de izquierda o de derecha, el ciclo va en la dirección menos democrática.

–¿Cómo han recibido sus argumentos en los EE.UU. donde la memoria del 11-S opera como para que Guantánamo siga abierto? No veo a Trump muy proclive al “olvido activo”; tampoco lo está el yihadismo.

–Sí y no. Porque EE.UU. es en un sentido el país del olvido. Los jóvenes dicen: “That’s History” para hablar de algo que ya no significa nada. La guerra entre el islam radical y los EE.UU. lleva 16 años y no va a terminar con una victoria absoluta para ninguno de los bandos. Comparo la memoria de Pearl Harbor y nuestra relación con Japón con la memoria del 11-S. Hay ceremonias conmemorando Pearl Harbor, pero la emoción ya no está y los japoneses son nuestros mejores amigos. No sé si en cien años alguien va a pensar en el 11 de septiembre de 2001. Creo que todo será olvidado. Entretanto, el libro es un éxito; ha recibido buenas reseñas, también ataques. Están muy enojados conmigo en España y sobre todo en el País Vasco, donde creo que las víctimas no deben tener un derecho de veto sobre un acuerdo de paz con ETA. ¿Cuánto tiempo marcarán la agenda? ¿Años, décadas, para siempre? No es posible que sea para siempre.

–¿El outsider provoca?

–No acepto que mi trabajo sea sólo una provocación. Quiero y trato de hacer preguntas horribles. El escritor francés La Rochefoucauld decía: “Nadie puede mirar durante mucho tiempo a la muerte o al sol”. Yo tampoco, pero tal vez puedo mirar un poco más que otros. Tengo la fantasía de que los temas me eligieron. Es una fantasía total, pero yo también tengo mis mitos (ríe).

–La memoria histórica facilita la construcción de un “nosotros”. ¿Cómo lo lograrán sociedades cada vez más multiétnicas sin hacer pie en ella?

–Sin duda, es más fácil en América. Comunidades de inmigrantes como Canadá o Australia tienen un contexto para integrar. No digo que lo hagamos fácilmente; de hecho creo que parte del triunfo de Trump se explica porque muchos blancos no quieren reescribir la historia estadounidense para incluir a los nuevos inmigrantes. Pero es más sencillo. En Europa las grandes tradiciones culturales no serán ya un factor de unidad. Es una crisis existencial. Van a tener un gran problema para hablar del pasado. Tendrán que reconstruir sus mitos hablando del presente y del futuro. No veo otra solución. De todas maneras, soy mucho mejor como analista que como “solucionista”.

–En su libro cita a Philip Roth, que recomienda: “Recuerda olvidar”. ¿En qué cuestiones no le ha hecho caso?

–No sé, no puedo contestar. Digamos que es un trabajo en curso. Pero dos días a la semana estoy en desacuerdo total conmigo mismo. Mi ADN debe estar formado únicamente de ambivalencia. Tengo 64 años y hablo con amigos que me dicen que están escribiendo sus memorias y me preguntan por qué no lo hago yo.

–¿Tiene hijos?

–Una hija de doce años que vive en Inglaterra con su madre.

–¿Cuándo piensa en escribir sobre el pasado piensa en ella? ¿Lo hace con cierta idea de legado?

–No, me da dolor de estómago de sólo pensarlo. Escribí un solo libro de memorias sobre la muerte de mi madre. Y es un libro limitado, muy autocensurado, porque había muchas cosas sobre mi relación con ella acerca de las que yo no quería decir la verdad públicamente. Facebook no es para mí.

 

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  • 21
  • Ago
  • 2017

Cronograma de clases y entregas correspondiente al 2º Cuatrimestre del 2017

AGOSTO

Martes 29

SETIEMBRE

Martes 12 y 26

OCTUBRE

Martes 10 y 31

NOVIEMBRE

Entrega del Trabajo de Investigación Martes 14

 

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  • 22
  • Jul
  • 2017

La impostura es el engaño, lo que parece pero no.

En el mundo no hay país cuyo gobierno hable de la importancia de la Educación y del valor de invertir en ella en pos del futuro de las nuevas generaciones y de la Nación, y bla y bla y bla …

Pero es difícil encontrar que esas manifestaciones políticas sean ciertas, que sean algo más que un atractivo discurso políticamente correcto.

En Gran Bretaña, la quinta potencia del mundo, los docentes cobran sueldos menores hoy que hace 7 años, y desde el 2010 se mantienen congelados sus salarios, porque forman parte del recorte neoliberal aplicado por el Partido Conservador inglés.

Uno de cada cuatro docentes recibidos luego de 2011 han dejado la profesión desalentados por los bajos salarios y la carga excesiva de trabajo. Los profesores experimentan “miseria” en “escuelas que se ven obligadas a convertirse en fábricas de exámenes”, manifestó la ex líder del Partido Verde, Natalie Bennett

La impostura de la política educativa en el mundo de hoy es clara, un buen tema para el discurso político sin correspondencia en las decisiones económicas que pudieran modificar la realidad.

A continuación la transcripción de sendos artículos que el diario The Independent publicó en el mes de julio sobre este tema.


El salario promedio de los maestros de primaria ha bajado 12.70 libras por semana

6/7/2017 Independent

Los dirigentes sindicales instan al Gobierno a abordar el conflicto salarial a medida que las escuelas se enfrentan a una “crisis” creciente en la retención de los docentes

El salario de los maestros de escuelas primarias ha caído hasta 12,70 libras esterlinas por semana, según revela un nuevo análisis, lo que impulsa el recorte en el sector de la educación.

Los cálculos de TES también muestran que los maestros de secundaria han recibido un aumento que representa sólo 2.30 semanales, una caída en términos de salario real.

Los líderes sindicales han condenado las cifras como “lamentables”, pidiendo al gobierno “urgentemente” mejorar los salarios para reflejar “el trabajo vital y desafiante” que hacen los maestros.

Los dirigentes han advertido de una creciente “crisis” en el reclutamiento y retención de maestros en los últimos años , un problema que se espera que empeore a medida que crece la población en edad escolar.

Las presiones por la carga de trabajo y el pago insatisfactorio se han atribuido a la escasez de una profesión cada vez menos atractiva para los jóvenes graduados.

Las cifras del gobierno muestran que el número total de maestros a tiempo completo en las escuelas secundarias disminuyó en 10.000 entre 2010 y 2015 .

Una encuesta reciente realizada por el Sindicato Nacional de Maestros (NUT) también reveló que más de cuatro de cada 10 (45 por ciento) de los maestros menores de 36 años admiten que pueden elegir dejar la profesión en los próximos cinco años.

Según los datos de la Oficina de Estadísticas Nacionales, en 2010, el salario bruto semanal medio de los profesores de secundaria del Reino Unido fue £ 666,20, mientras que en 2016 fue de £ 668.50, un aumento de efectivo de sólo £ 2.30.

Los maestros de primaria y jardín han sido sometidos a una pérdida de £ 12.70 por semana en promedio, desde £ 599.40 por semana en 2010 a £ 586.70 en 2016.

Estos cambios tuvieron lugar durante un período en que la inflación acumulada fue del 17,6%.

Los profesores de escuelas públicas de Inglaterra y Gales no han recibido un aumento de sueldo superior al 1% desde 2010, y en 2011 y 2012 su salario se congeló por completo.

Kevin Courtney, secretario general de la NUT, dijo que el tope salarial era “inaceptable e insostenible”.

“El hecho de que el salario de los maestros haya subido por un lamentable 2,30 libras esterlinas en escuelas secundarias o haya disminuido en £ 12,70 en las escuelas primarias en efectivo durante los últimos seis años es chocante”, dijo.

“Estamos en medio de una crisis de maestros y reclutamiento. La carga de trabajo y la confianza en los maestros son fundamentales, pero a menos que la cuestión de la paga y la financiación de nuestras escuelas sea abordada, sólo empeorará dijo Chris Keates, del sindicato de Nasuwt, y añadió: “Estas cifras muestran que durante los últimos siete años los profesores, que llevan a cabo uno de los servicios públicos más vitales, han sufrido profundos recortes en su salario, que imoactó en el reclutamiento y la retención.

“Estos recortes se han hecho en un momento en que las demandas y las expectativas de los profesores han aumentado y durante un período en que la carga de trabajo se ha salido de control”.

Un portavoz del Departamento de Educación dijo: “La enseñanza sigue siendo una carrera atractiva, con más gente entrando en la profesión que dejándola. “Estamos invirtiendo £ 1.3bn hasta el 2020 para seguir atrayendo a los mejores y más brillantes en la enseñanza.”


El salario de los maestros sube hasta un 1% según anunció el Gobierno

10/7/2017 Independent

El salario de los maestros estaba congelado desde 2010, y el último anuncio significa otro recorte salarial en términos reales para más de medio millón de maestros en Inglaterra y Gales

Theresa May está en curso de colisión con los profesores después de que surgió que sus aumentos salariales seguirán siendo limitados al 1 por ciento, ya que el Gobierno se aferra firmemente a su programa de austeridad.

La decisión se produce en medio de una creciente presión sobre la Primer Ministro para que abandone el tope salarial después de que nuevas investigaciones sugieren que casi un cuarto de los graduados docentes desde 2011 han dejado el trabajo.

La secretaria de Educación, Justine Greening, dijo que el gobierno aceptó la recomendación del STRB, que dijo que debería haber un aumento del 1 por ciento para todos los rangos salariales. En una declaración escrita, la Sra. Greening dijo que las recomendaciones, que se introducirán en septiembre, son “consistentes con la política salarial del gobierno del 1 por ciento del sector público”.

Una portavoz de DfE dijo: “Reconocemos y valoramos el duro trabajo de los maestros, por lo que hemos aceptado el acuerdo salarial propuesto por el STRB independiente, en línea con la política salarial del 1% del sector público. Esto asegurará que seguiremos encontrando el equilibrio entre ser justo con los trabajadores del sector público y justo con los contribuyentes “.

ÌPero Kevin Courtney, secretario general del Sindicato Nacional de Maestros (NUT), describió el anuncio como una “oportunidad perdida” por el Gobierno que “llegará a lamentar la medida que empeorará la crisis de contratación y retención de docentes”.

“Los aumentos salariales de los maestros han caído un 13% desde el 2010, cuando esta política salarial del sector público comenzó a aplicarse”. El salario que se ofrece a los maestros recién recibidos sería superior a £ 3.500 si el límite salarial nunca se hubiera aplicado y las escuelas tendrían menos dificultades para reclutar nuevos graduados.

“El ataque del gobierno a las escalas salariales y su búsqueda de pagar en relación con el desempeño en un momento de recortes de fondos en las escuelas ha hecho que los maestros tengan cada vez menos probabilidades de obtener una progresión salarial. El resultado es que las propias cifras del Gobierno demuestran que el salario promedio de los maestros de clase sólo ha aumentado en 300 libras (menos del 1%) desde 2010”

Mientras, la inflación saltó inesperadamente a 2,9 % anual en mayo, su nivel más alto en casi cuatro años.

Downing Street dijo que el Gobierno consideraría posibles aumentos salariales -más allá del tope impuesta por el ex canciller George Osborne- sobre una base de “caso por caso” después de que una serie de ministros de gabinete firmaran un respaldo para el fin de la cobertura del 1%, sobre todos los trabajadores del sector público, que se mantendrá hasta finales de la década.

La decisión de mantener el tope es vista como una señal de que el Gobierno se propone seguir sus planes de austeridad, a pesar de la presión después de un resultado electoral mejor de lo esperado para el laborista antiausteridad Jeremy Corbyn, que se ha comprometido a desechar el tope.

En 2016 el actual Parlamento pidió un aumento salarial significativamente superior al 1%, con el fin de reclutar y retener suficientes maestros en los próximos años, pero el entonces Secretario de Educación, Nicky Morgan, decidió no seguir este consejo.

La semana pasada se ofreció a los bomberos un aumento del 2%, lo que llevó al Sindicato de Bomberos a describir el tope salarial del sector público como “muerte en el agua”. Sin embargo, a diferencia de los maestros, el servicio de bomberos no está cubierto por un órgano de revisión salarial y está sujeto a la negociación colectiva a través de un consejo nacional conjunto.

Russell Hobby, secretario general de la Asociación Nacional de Directores de Escuela (NAHT), dijo: “Para muchos maestros, esto marca el séptimo corte sucesivo en términos reales en su salario. No seremos capaces de atraer a los mejores y más brillantes a la enseñanza si reducimos constantemente su sueldo”.

La semana pasada, la Sra. May dijo a los parlamentarios que las próximas recomendaciones de los órganos de revisión, incluyendo el STRB, serían “cuidadosamente consideradas”.

Pero también dejó pocas dudas de que su posición coincide con la del canciller Philip Hammond, quien ha advertido que una relajación de la moderación salarial requeriría préstamos adicionales o subidas de impuestos para evitar aumentar el déficit.

Jeremy Corbyn la acusó de “explotar imprudentemente la buena voluntad de los servidores públicos” al continuar con una política que ofrece un recorte salarial en términos reales a millones de trabajadores.

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  • 8
  • Jun
  • 2017

En una crucial elección se enfrentan en Gran Bretaña nuevamente dos modelos después de más de 30 años de rancio neoliberalismo, con un paréntesis de neoliberalismo con fragancia a Tercera Vía.

El Pensamiento Único alumbrado por Margaret Thatcher a comienzo de los 80 se retira por un momento de la escena y regresa el debate sobre un modelo político y económico neoliberal dominante, y sus consecuencias, frente a la nueva opción de un proyecto de bienestar que enfrente y resuelva los tremendos resultados sociales que dejan las políticas neoliberales. Se enfrentan en las urnas el partido Conservador gobernante y el Laborismo que se renueva volviendo a las fuentes; y se enfrentan dos grupos de edad claramente marcados: los jóvenes y el resto.

Precisamente el Laborismo, conocedor de que el nudo de los votantes conservadores se encuentra entre la gente por encima de los 40 años, presenta un spot en el que pide a los jóvenes que hablen con sus padres y abuelos para que voten por ellos, pensando en ellos, en su futuro trabajo, en la defensa de sus derechos, en su posibilidad de estudiar, en su posibilidad de acceder a una vivienda.

En tiempos de grietas a nivel global la grieta británica se marca por la edad, los jóvenes de hasta 30 años votan marcadamente distinto que a partir de los 40. Y aquellos a quienes impacta directamente en sus vidas y proyectos el neoliberalismo en acción van por un cambio.

El Laborismo opositor en plena era del Yo les pide a los ciudadanos que a la hora de votar lo hagan pensando en otro.

Si eso no es un cambio díganme cuál es el cambio.

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  • 6
  • May
  • 2017

El filósofo Slavoj Zizek escribió un artículo en el portal The Independent sobre las elecciones en Francia, que se dirimen entre el voto al “neofascismo populista” de Marine Le Pen o el “centrismo liberal” de Emmanuel Macron, titulado “No creo en los liberales. No hay opción real entre Le Pen y Macron“.

El artículo levantó muchas críticas aunque su significado más profundo es preguntarse si es bueno votar a quien defiende una realidad que es la causa de las consecuencias más temibles encarnadas en la figura de Marine Le Pen. ¿No se estaría acaso, simplemente por miedo, generando las condiciones para asegurar la continuidad de lo mismo? ¿Si es el neoliberalismo el germen de las reacciones populistas a las que se temen, para qué seguir insistiendo con votar neoliberales disfrazados de civilizados centristas? ¿Es real la alternativa entre Macron y Le Pen?

Presento el artículo para PENSAR la realidad europea, y por qué no, la nuestra.

NO CREO EN LOS LIBERALES. NO HAY OPCIÓN REAL ENTRE LE PEN Y MACRON

El título de la columna de Hadley Freeman en The Guardian, la voz de la izquierda liberal anti-assange y pro-Hillary en el Reino Unido, lo dice todo: “Le Pen es una revisionista del holocausto de extrema derecha. Macron no. ¿Difícil elección?” Como era previsible, el texto en sí comienza con: “¿Es comparable trabajar en la banca de inversión con ser un revisionista del Holocausto? ¿Está el neoliberalismo al mismo nivel que el neofascismo?”, y reprueba con sarcasmo incluso el apoyo condicional de la izquierda al voto a Macron en la segunda ronda, la postura del tipo “yo ahora votaría a Macron – con muy pocas ganas”.

Este es el peor chantaje liberal que existe: hay que apoyar a Macron incondicionalmente, sin importar que sea un neoliberal centrista, sólo porque está en contra de Le Pen… Es la vieja historia de Hillary contra Trump: ante la amenaza fascista, todos deberíamos unirnos entorno a su bandera (y olvidar a conveniencia la brutal maniobra de los de Hillary para echar a Sanders, lo que acabó contribuyendo a su fracaso en las elecciones).

No podemos preguntarnos, al menos: sí, Macron es pro-europeo, pero ¿qué tipo de Europa personifica? La misma Europa cuyo fracaso alimenta el populismo de Le Pen, ¡la Europa anónima al servicio del neoliberalismo! este es el punto clave del asunto: sí, Le Pen representa una amenaza, pero, si todos respaldamos a Macron, ¿no nos quedamos atrapados en una especie de círculo vicioso y combatimos el efecto apoyando su causa?

Me viene a la mente un chocolate laxante que se vende en Estados Unidos. Se anuncia con un paradójico “¿Estas estreñido? ¡Come más chocolate!” En otras palabras, para curar el estreñimiento, come aquello mismo que lo provoca. En este sentido, Macron es el candidato del chocolate laxante que nos ofrece como cura aquello mismo que causó la enfermedad.

Nuestros medios presentan a los contendientes de la segunda vuelta como representantes de dos visiones de Francia radicalmente opuestas: el centrista independiente frente a la racista de extrema-derecha. Sí, pero ¿ofrecen una alternativa real? La de le Pen es una versión suavizada y feminizada de un brutal populismo anti-inmigración (el de su padre), y Macron representa el neoliberalismo con rostro humano, que su imagen también contribuye a feminizar ligeramente (véase el maternal papel que juega su mujer en los medios). Así que el padre está fuera y la femineidad dentro, pero…¿Qué tipo de femineidad? Como señalaba Alain Badiou, en el universo ideológico actual los hombres son adolescentes juguetones, bandidos, mientras que las mujeres aparecen como duras, maduras, serias, legales y castigadoras. Hoy en día la ideología dominante no espera de las mujeres que sean subordinadas, sino que las llama para -les solicita, espera de ellas- que sean jueces, administradoras, ministros, directoras ejecutivas, profesoras, policías y soldados. En nuestras instituciones penitenciarias se da a diario una escena paradigmática, la de una profesora/juez/psicólogo cuidando de un joven delincuente inmaduro y asocial…Así está surgiendo una nueva figura de la femineidad: un agente del poder frío y competitivo, seductor y manipulador, que hace buena la paradoja de que “en las condiciones del capitalismo las mujeres pueden tener más éxito que los hombres” (Badiou). Esto, por supuesto, de ninguna manera las convierte en sospechosas de ser agentes del capitalismo; simplemente es señal de que el capitalismo contemporáneo ha inventado su propio ideal de mujer como símbolo del frío poder administrativo con rostro humano.

Ambos candidatos se presentan como anti-sistema, Le Pen obviamente en modo populista y Macron de forma mucho más interesante: está fuera de los partidos políticos existentes pero, precisamente por ello, representa el sistema como tal en su indiferencia a las opciones políticas establecidas. En contraste con Le Pen, que simboliza la pasión política, el antagonismo del Nosotros contra Ellos (desde los inmigrantes a las élites financieras no patrióticas), Macron simboliza la tolerancia apolítica que todo lo envuelve.

Con frecuencia oímos que la política de Le Pen obtiene su fuerza del miedo (el miedo a los inmigrantes, a las anónimas instituciones internacionales financieras…), pero ¿acaso no aplica lo mismo a Macron? Fue primero porque los votantes tenían miedo de Le Pen, y así se cierra el círculo, no hay visión positiva con ninguno de los candidatos. Ambos son candidatos del miedo.

Lo que de verdad está en juego con este voto se entiende mejor si lo situamos en su contexto histórico a gran escala. En Europa Oriental y Occidental hay señales de una reordenación del espacio político. Hasta hace poco éste estaba dominado por dos partidos mayoritarios que aglutinaban todo el cuerpo electoral, un partido de centro derecha (cristiano-demócrata, liberal-conservador, popular…) y un partido de centro izquierda(socialista, social-demócrata…), con partidos más pequeños que atraían a un grupo de votantes menor (ecologistas, neo-fascistas, etc.). Ahora emerge poco a poco un partido que simboliza el capitalismo como tal, por lo general relativamente tolerante con el aborto, los derechos de los homosexuales, minorías étnicas y religiosas, etc. Opuesto a este partido se sitúa otro cada vez más fuerte, populista y en contra de la inmigración, apoyado en sus márgenes por grupos directamente racistas y neo-fascistas.

El caso de Polonia es un buen ejemplo de todo ello: tras la desaparición de los ex-comunistas, los principales partidos son ahora el “anti-ideológico” liberal de centro del ex-primer ministro Donald Tusk, y el conservador cristiano de los hermanos Kaczynski. Hoy en día lo que está en juego en el Centro Radical es cuál de los dos partidos, el conservador o el liberal, conseguirá erigirse como representante de la no-política post-ideológica, mientras que el otro quedará descartado por “seguir atrapado en un espectro ideológico anticuado”. A comienzos de los años noventa, a los conservadores esto se les daba mejor; más tarde, fueron los izquierdistas liberales los que parecieron ganar la partida, y Macron es la última figura de un Centro Radical puro.

De este modo hemos alcanzado el punto más bajo de nuestras vidas políticas: una pseudo-alternativa como nunca antes. Sí, la victoria de Le Pen podría acarrear peligrosas consecuencias. Pero temo igual el alivio que seguirá a la triunfante victoria de Macron: suspiros relajados de todo el mundo, gracias a Dios que han podido mantener el peligro a raya, Europa y nuestra democracia están a salvo, así que podemos volver a adormecernos en nuestro capitalismo liberal…La perspectiva de lo que nos espera es triste, un futuro en el que, cada cuatro años, volveremos a sufrir un ataque de pánico, asustados por alguna forma de “peligro neofascista”, y se nos volverá a chantajear para que demos nuestro voto al candidato “civilizado” en elecciones insignificantes y carentes de visión positiva…

Por eso los liberales en estado de pánico que nos dicen que deberíamos abstenernos de cualquier tipo de crítica hacia Macron están profundamente equivocados: Ahora es el momento de sacar a relucir su complicidad con el sistema en crisis, pues después de su victoria será demasiado tarde y la tarea habrá dejado de parecer urgente en la estela de la auto-satisfacción. Dada la desesperada situación en la que nos encontramos, enfrentados a una falsa alternativa, deberíamos reunir el coraje suficiente y simplemente no votar. Abstenernos, y comenzar a pensar. El tópico “basta de hablar, actuemos” es muy engañoso. Ahora, deberíamos decir precisamente lo contrario: basta de presión para hacer algo, comencemos a hablar seriamente, esto es,¡pensemos! Y con ello quiero decir que deberíamos dejar atrás la auto complacencia del izquierdismo radical que repite sin cesar que las alternativas que se nos ofrecen en el espacio político son falsas, y que sólo una izquierda radical renovada puede salvarnos…Sí, en cierto modo es verdad, pero ¿por qué, entonces, no emerge esta izquierda? ¿Qué visión puede ofrecer aún la izquierda que sea suficientemente fuerte para movilizar a la gente?

No deberíamos olvidar nunca que la gran razón por la que estamos atrapados en el círculo vicioso de Le Pen y Macron es la desaparición de una alternativa de izquierdas viable

Slavoj Zizek, filósofo y crítico cultural, es profesor en la European Graduate School, director internacional del Birkbeck Institute for the Humanities (Universidad de Londres) e investigador senior en el Instituto de Sociología de la Universidad de Liubliana. Su última obra es Menos que nada. Hegel y la sombra del materialismo dialéctico (Akal)

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