Entradas para la categoría ‘Investigación Histórica II’

  • 21
  • Ago
  • 2017

Cronograma de clases y entregas correspondiente al 2º Cuatrimestre del 2017

AGOSTO

Martes 29

SETIEMBRE

Martes 12 y 26

OCTUBRE

Martes 10 y 31

NOVIEMBRE

Entrega del Trabajo de Investigación Martes 14

 

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  • 23
  • Nov
  • 2016

Lectura y escritura en el cambio de época

Entrevista. El erudito y gran historiador francés Roger Chartier habló en Buenos Aires del pasado y el presente renovados del lector. La tensión de la memoria cruza sus trabajos.

Revista Ñ – 22/11/2016

chartierLa lectura es acción para el historiador francés Roger Chartier. En ella encuentra tramas fervorosas entre autores y libreros, entre mecenas del Siglo de Oro y las voces del teatro isabelino que hacen del texto dramático algo tan cambiante como la memoria o la precisión de sus copistas. Pero no es el pasado lo único que le permite descubrir las relaciones de producción de una obra en el cuerpo de un libro. Como historiador entiende la intensidad de los cambios digitales. En sus palabras identifica operaciones de apropiación diversas, que pueden estar desligadas de la materialidad de la experiencia compartida y también logran convivir con la proliferación del objeto libro y una serie de escrituras que lo desintegran, que intervienen sobre sus ideas. Chartier ilumina textualidades en movimiento porque la lectura, aunque sea silenciosa, no abandona sus implicancias políticas y necesita de la sociabilidad para completar su autoría.

Invitado por la Universidad de San Martín ha compartido encuentros con acompañantes de lujo como José Emilio Burucúa y Carlo Ginzburg en las Jornadas “Encrucijadas del saber histórico” y en la Biblioteca Nacional. Acaba de publicar La mano del autor y el espíritu del impresor. Siglos XVI-XVIII (Katz-Eudeba, traducido por Víctor Goldstein).

–¿Podríamos pensar que en el Siglo de Oro y en el teatro isabelino existía una forma de escritura más intervenida socialmente, más dinámica?

–Lo interesante en esta actualidad de Cervantes y Shakespeare en relación con el aniversario de su muerte en el mismo año, 1616, es la relación con la oralidad, la palabra viva y el texto escrito porque en ambos casos hay una relación pero no es la misma. En el caso de Shakespeare podemos imaginar que existía el manuscrito de las obras que nunca hemos encontrado. Es a partir de la representación teatral que se ha publicado una parte de su repertorio y de los autores de su tiempo en Inglaterra. Comparando el número de títulos que conocemos con las ediciones que tenemos, tal vez solamente un tercio de las obras representadas fueron impresas. Entonces es una relación entre lo que fue representado y lo que el lector podía leer con una movilidad muy fuerte de los textos impresos en relación con el texto representado. Por ejemplo, la primera edición de Hamletno contiene el verso más famoso del teatro mundial: To be or not to be. That is the question . En Cervantes, el texto de Don Quijote es una serie de formas de oralidad. Desde las más sueltas, las conversaciones de Sancho y Don Quijote, hasta las más formalizadas. En este caso sería una transmisión oral de un texto ya escrito porque sabemos que la lectura en voz alta era una práctica muy importante en el Siglo de Oro y que en la estructura del Quijote en capítulos breves, con cierta autonomía o con títulos que dicen Para el que va a leer o escuchar , hay una idea de lector posible, como en las novelas de caballería leídas por el Quijote silenciosamente, en la soledad, o puede ser transmitido en la lectura en voz alta. Entonces en el Quijote está la oralidad como manera de escribir la historia y también un destinatario que puede ser un oyente, tanto como un lector.

–Hoy también se presenta una forma de edición más dinámica en la Web, donde la escritura reconstruye cierta oralidad y pasa a ser comentada y desacralizada en relación con el texto.

–La cuestión es saber si la comunicación electrónica es equivalente a la edición electrónica porque ambas son formas de publicación. Desde los primeros artículos de Robert Darnton sobre el tema, el desafío fundamental es saber si el mundo digital puede estar sometido a las categorías y prácticas más tradicionales, forjadas en la cultura impresa y de ahí la propiedad intelectual, los catálogos, una política editorial, o si las posibilidades técnicas del mundo digital que, en cierto sentido, se oponen o permiten oponerse a estos criterios al ser una comunicación libre, de textos que no son necesariamente pensados como libros, que son maleables, abiertos o que pueden ser el resultado de iniciativas personales o colectivas pero que no son formas de edición, si estas posibilidades van a transformar profundamente el mundo de la cultura escrita. Yo creo que hoy no hay un diagnóstico que permitiría pensar una u otra forma. Hasta ahora todo el esfuerzo lleva a introducir en el mundo digital las prácticas y categorías del mundo impreso. Hay dos cuestiones: la primera es cómo las prácticas cotidianas del mundo digital, fundamentalmente en las redes sociales, transforman los conceptos de lectura o escritura; la segunda es si el mundo que se ubica dentro de esta realidad técnica va a imponer un nuevo orden de los discursos en el cual las categorías que discutimos, definición de libro, noción de editorial, propiedad literaria, podrían desaparecer.

–Ricardo Piglia se refiere al concepto borgeano de lector de vanguardia. Borges era un escritor que dejó testimonio de sus lecturas. ¿El lector de vanguardia no se acerca a su concepto de apropiación?

–Que un autor puede, a partir de sus lecturas y de los textos de sus lecturas, contribuir a plasmar el horizonte de expectativas en el cual su obra puede ser recibida, es la idea de Piglia, tal vez aplicada a él mismo o a Borges. Significa pensar que la actividad crítica contribuía a desplazar lo que se espera de un texto y hacer que con esta lectura de vanguardia –adelantada en relación con la obra– el lector pueda transformar sus categorías, expectativas y tener posibilidad de comprensión, de apropiación de la obra. De algo que ya no era inmediato sino que había sido plasmado, construido. Había una relación fuerte entre construir un canon, hacer hincapié en obras que conducían al lector de esta reseña a transformarse en lector de Borges. El tenía razón, la transformación de los géneros literarios depende más del horizonte de lecturas que de la invención del escritor. Cuando Borges decía que si pudiera saber cómo se iba a leer un texto en el año 2000 podía imaginar cómo sería la literatura de ese año, hacía hincapié en esa dimensión de la lectura que supone dispositivos gracias a los cuales se transforma el horizonte de expectativas de los lectores.

–En su libro El presente del pasado se refiere a la tensión entre el discurso de la memoria y la historia. ¿Puede el discurso de la memoria reemplazar al discurso histórico?

–Es difícil vincular situaciones históricamente particulares con un principio general. Normalmente podemos afirmar que memoria e historia pertenecen a dos modalidades de presencia del pasado. El testimonio contra el documento, la inmediatez de la reminiscencia contra la explicación historiográfica, la resurrección del pasado contra la representación del pasado. Hay una serie de diferencias entre memoria e historia, lo que debería impedir considerar que la memoria es una historia más llevadera que la memoria de los historiadores y debería impedir a la historia establecer su monopolio sobre la interpretación del pasado ignorando que hay otras formas. Las cosas se complican cuando la historia oficial monopolizada ha borrado, distorsionado los hechos históricos. En todas las situaciones en las que una forma de dictadura impuso una historia oficial para hacer desaparecer no solo a los individuos sino también a los mecanismos que han conducido a esta desaparición, la memoria se ha transformado, en cierto sentido, en la verdadera historia. La historia que no fue posible en el momento. Razón de esta primera vacilación en la distinción. Yo he visitado en Santiago de Chile un Museo de la Memoria pero era más un museo de la historia de la dictadura borrada por toda la historia oficial. En este caso la memoria es la verdadera historia, que puede probársela a través de la práctica historiográfica. Paul Ricoeur habla de una memoria más equitativa, una historia más objetiva. Lo que significa que estas memorias en sus conflictos, en sus diferencias, pueden encontrar una forma de apaciguamiento. Debemos mantener la lógica de la explicación histórica como zócalo común a una pluralidad de las memorias. En Francia hay leyes que consideran un delito publicar un texto que niegue la existencia de las cámaras de gas o el genocidio de los armenios y hay muchos historiadores que respeto que condenan esto diciendo que el estado no tiene que definir qué es la historia. Yo no estoy completamente de acuerdo. El estado no puede definir la historia pero, al mismo tiempo, me parece que cuando estamos frente a falsificaciones históricas se debe establecer límites a su difusión.

–¿Por qué, pese al predominio de los discursos de la memoria, las sociedades vuelven a elegir políticas reaccionarias y discriminatorias que las dañan, como lo muestra el triunfo de Donald Trump en EE.UU.?

–Me parece que hay una tensión en las heridas del pasado, en la reivindicación de una memoria que es una verdadera historia y que siempre está reclamando su lugar en una sociedad contemporánea; pero, como las heridas no se cierran, estos lugares son siempre insuficientes. Hay otra perspectiva que sostiene que el pasado no tiene sustancia en el presente. Tiene existencia pero se debe hacer como si no la tuviera. En la primera perspectiva el pasado siempre es dolorosamente presente. La segunda perspectiva establece una separación entre ese pasado, sobre el que la gente puede opinar de una manera u otra pero no tiene más importancia, no importa el número de muertos o desaparecidos y se establece esta discontinuidad radical. Pero en relación con la primera perspectiva, no funciona de esta manera. Los pasados son presentes y la idea de desvincular pasado y presente radicalmente es una política que se choca con las presencias múltiples de esos pasados. Hay una omnipresencia de estos pasados, lo que puede ser la razón por la cual otras políticas quieren borrarlos y establecer una ruptura absoluta entre los pasados para la historia y un presente que sería liberado del peso de estos pasados. Es una manera de comprender estas situaciones contemporáneas.

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  • 23
  • Nov
  • 2016

LA HISTORIA QUE NO RECHAZA A LA FICCIÓN

Entrevista. Ivan Jablonka, flamante Premio Médicis, investiga y aprovecha lo creativo del método académico, conviviendo en armonía con la literatura.

Revista Ñ – 21/11/2016
Iván Jablonka sabe demostrar en la acción sus teorías. Investigó el asesinato de una joven francesa secuestrada en Loire Atlántico hace cinco años. Escribió un texto tan ambiguo por sus resonancias literarias que le permitió ganar la semana pasada el Premio Médicis al ser leído por el jurado como una novela. Lo cierto es que Laëtitia ou la fin des hommes , que será publicado en la Argentina por Libros del Zorzal, es la producción de un historiador que entiende las herramientas de la ficción como procedimientos rigurosos y exigentes al momento de hacer de lo real un campo de conocimiento.

jablonkaInvitado por el Instituto Francés en Argentina y el Centro Franco Argentino en el marco de la Cooperación Regional para América del Sur, vino a Buenos Aires a presentar dos libros que se leen en un extraño reverso.

Historia de los abuelos que nunca tuve es uno de los escenarios de los hechos que Jablonka reconstruye en primera persona como un personaje sobre el papel que le da al historiador el rostro de un ser andante. El drama del destierro de sus abuelos judíos llega hasta el barrio de Mataderos. Las entrevistas, las hipótesis y todas las posibilidades de escritura que se desprenden de las fuentes historiográficas y de los testimonios, el autor francés las sistematiza en una teoría que tiene algo de protesta, de discusión fundamentada contra una concepción intelectual enemistada con las posibilidades creativas del método, entendido como una manera original de mirar el objeto de estudio. Ese manifiesto se expresa en el libro La historia es una literatura contemporánea(Editado por Fondo de Cultura Económica), al que también se refiere en esta entrevista realizada en Buenos Aires.

–¿Podríamos pensar que en la escritura historiográfica existe un obstáculo político ligado a la construcción de la autoridad del autor? La objetividad elimina la refutación y la parcialidad propicia la crítica. Como si se escribiera para hacer callar al otro y no para abrir discusiones.
–Hay una reticencia en los historiadores en relación con la cuestión literaria. Porque a partir del fin del siglo XIX las disciplinas universitarias como la historia, la sociología y la antropología se construyeron contra la literatura, con la idea de que para ser ciencias había que rechazar lo literario. La analogía que yo hago es que en la época en la que se aprendía a pasteurizar la leche también se aprendió a pasteurizar los textos de ciencias humanas. Hay un historiador francés que lo decía de manera explícita, hay que desembarazarse de los microbios literarios. Mi posición es que cien o ciento cincuenta años más tarde las disciplinas de ciencias humanas son lo suficientemente sólidas y respetadas para intentar experiencias nuevas. La literatura se puede definir de mil maneras, un trabajo sobre la lengua, la construcción narrativa, el ritmo, la atmósfera, la parte en la que se respeta la indeterminación de los seres y la búsqueda de lo verdadero. La postura literaria de la tradición clásica lleva a un gran autoritarismo. Decir que el historiador está en la historia que estudia es una forma de modestia en relación con el lector. No me considero un mandarín que decreta lo verdadero sino un investigador que trata de decir cosas verdaderas. El texto literario tiene también un efecto científico. No estoy en la postura de autoridad sino de duda.

–Usted utiliza la intuición del autor, muy común en los textos literarios, para incorporar en sus trabajos algunas hipótesis que todavía no puede fundamentar. ¿Considera que ese recurso lo ayuda a discutir la noción de realidad como transparencia que sigue presente en la concepción mimética?
–La relación entre mímesis y transparencia es un régimen de objetividad que existía en el siglo XIX. Por ejemplo en Emile Zolá hay metáforas sobre la transparencia, el escritor es aquel que abre una ventana, que mira a través de un libro. En Zolá hay, frecuentemente, superficies de vidrio a través de las cuales se puede mirar. Esa concepción de la transparencia, del reflejo va hasta la no ficción estadounidense. Hay un texto de Gay Talese que se llama El motel del voyeur donde el empleado observa a sus clientes desde un hueco que hizo en el techo. Es una metáfora de la reproducción o de la mímesis. En mi opinión las ciencias humanas no funcionan de esta manera, se apartan de lo real para poder ver mejor. Un historiador puede proponer diferentes hipótesis y todas esas hipótesis no son verdaderas, quiere decir que algunas son pura ficción. Una de esas ficciones que usan las ciencias humanas es la desfamiliarización. Los estadounidenses hablan de la conquista del Oeste como el far west pero también se puede decir el gran norte, si uno se ubica en el punto de vista mexicano. Es una manera de desfamiliarizar la perspectiva ubicándose, no desde el punto de vista estadounidense, sino desde la visión mexicana cuyo norte fue conquistado y que se volvió Arizona y Nuevo México estadounidense. Las ciencias humanas no están en una relación mimética con lo real, más bien en una investigación que necesita mucha distancia y perspectiva y no el reflejo de la mímesis.

–En Historia de los abuelos que no tuve su presencia como autor toma mucho protagonismo y les da un sentido de presente a esos hechos del pasado. ¿Es toda una decisión estructural y teórica?
–La manera en la que los historiadores escriben parece ser la de un extraterrestre que sobrevuela la Tierra. Yo, por el contrario, considero que antes de ser un historiador soy un hombre entre los hombres. Soy un nieto, por lo tanto formo parte del cuadro que estudio, en todos los sentidos del término. Hay historiadores que piensan que no son seres históricos. Es como si un médico pensara que no puede enfermarse. En el libro sobre los abuelos yo hablo de mis sentimientos, de mis intuiciones, de mis éxitos y de mis fracasos. Los historiadores, por lo general, no lo hacen, como si el Pasado con mayúsculas hablara solo y yo creo que en un libro es el investigador el que habla. Yo soy un investigador pero también soy un ser humano, un padre de familia, un ciudadano y asumo todas esas identidades en el cuerpo del texto. El historiador le hace preguntas al pasado. Las preguntas de nuestro tiempo son también las preguntas de nuestra vida y cambian. No se le hacen las mismas preguntas al pasado según las diferentes sociedades y los diferentes siglos. No estoy defendiendo el relativismo, simplemente estoy diciendo que la historia es un dominio que evoluciona por las preguntas que hace y también por las fuentes de las que dispone. Un arqueólogo que encuentra un pedazo de hueso va a revolucionar la comprensión de la cuna de la humanidad.

–Usted se refiere en La historia es una literatura contemporánea a la producción de empatía y cita allí a Aristóteles que le asignaba un valor político en la tragedia. ¿Qué lugar le da a la empatía hoy como recurso narrativo?
–El efecto más potente de la tragedia, según Aristóteles, es la catarsis. El espectador siente terror y piedad y sale purificado. Para las ciencias humanas hay un efecto político pero es diferente. El efecto más poderoso de las ciencias humanas es que nos hacen comprender el mundo en el que vivimos, lo que ocurre y lo que nos pasó . Es por eso que las ciencias humanas tienen su lugar en la democracia como fuerza de elucidación. Vivimos en sociedades dominadas por la publicidad, la charlatanería de los políticos, la comunicación de las empresas y todo eso es una lengua muerta. Las ciencias humanas y la literatura tienen en común que le vuelven a dar sentido a las palabras y en tiempos como los nuestros tenemos necesidad de esto con desesperación. No creo que las ciencias humanas estén del todo del lado de la empatía. El desafío consiste en poner el cursor en el lugar correcto entre la empatía y la distancia. Con demasiada empatía uno se identifica con la persona y con demasiada distancia, uno tiene la impresión de estar frente a un extranjero completo. Poner el cursor en el lugar correcto es un desafío científico y literario. Literario porque hay que encontrar las palabras correctas, precisas, y científico porque uno tiene que estar en el interior del cuadro sin estar completamente sumergido en sus emociones.

–Usted no utiliza el término ‘estilo’ pero ¿no podríamos pensar que el estilo también forma parte de la escritura entendida como método? ¿La demanda de transparencia no es también una demanda de claridad?
–Hay escritores cuyo estilo se reconoce de una sola mirada. Usted abre una página de Cervantes, Marcel Proust o Louis-Ferdinand Céline y se sabe que fueron ellos los que escribieron eso. Lo que usted llama estilo yo lo llamo la voz singular y eso forma parte de la literatura pero entre otros criterios como el trabajo sobre la lengua, la imaginación. Las ciencias humanas tienen necesidad de claridad. Es necesario saber de lo que estamos hablando. Yo me reconozco en una ética de la precisión y la sobriedad. El rigor es una forma de sensibilidad contemporánea que yo adopto. Por ejemplo, Patrick Modiano, uno de los recientes premios Nobel de Literatura, no se puede decir que escribe con estilo, sus frases son simples, su vocabulario a veces banal pero eso no impide que sea un extraordinario escritor. Reconciliar las ciencias humanas y la creación literaria no es escribir con estilo, es intentar textos nuevos. El rigor intelectual se encuentra en la precisión del estilo.

–En los dos libros habla de hacer visible su proceso de trabajo como historiador. ¿Podríamos pensarlo como una democratización del trabajo intelectual?
–Sí y agradezco este análisis. Hago la diferencia entre la historia institucional, con sus disciplinas universitarias y un razonamiento universal que consiste en comprender lo que ocurre. Por lo general se encuentran pero no siempre. Hay historiadores profesionales que hacen solamente trabajo de erudición chata. Inversamente hay escritores y periodistas que desarrollan razonamientos profundamente históricos. Javier Cercas sobre la Guerra Civil española, Primo Levi sobre la Segunda Guerra Mundial, Svetlana Aleksiévich sobre la epopeya soviética, son todos escritores que ponen en obra elementos históricos. Todo esto para decir que la historia no pertenece solamente a los historiadores, por suerte.

 

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  • 22
  • Mar
  • 2016

5 de abril
Definición del Terreno

19 de abril
Cierre de la definición de la Hipótesis

3 de mayo
Informe sobre el estado de la recolección de fuentes.

17 de mayo 
Modelo del Preinforme sobre el Plan de Trabajo
• Concreción del Terreno de la Investigación
• Una breve exposición en la que se manifiesten las motivaciones personales que han impulsado a abordar aquel terreno de investigación.
• Planteo de la hipótesis principal de la investigación.
• Planteo de algunas de las preguntas secundarias (al menos las que surgen inicialmente de vuestro análisis)
• Detalle de las fuentes a consultar
• Detalle de la documentación y datos a relevar para la investigación. Lugares a visitar para su obtención.
• Detalle de bibliografía y conocimiento no basado en fuentes.

31 de mayo
Modelo del Preinforme sobre Estructura y Síntesis
• Terreno
• Motivaciones (no la motivación que lleva al autor a elegir el tema de la investigación, sino la motivación que lo hace elegir una u otra estructura, una u otra tipología de síntesis y explicación).
• Hipótesis
• Preguntas secundarias (todas las necesarias)
• Qué tipo de preguntas planteará, si factográfica o explicativa.
• Si va a trabajar con algún método particular (geográfico, cuantitativo, comparativo, etc.)
• Qué tipo de explicación y síntesis desarrollará: Descriptiva – Genética – Estructural – Definitoria – Causal – Cronológica – Territorial – Periodización, etc.
• Un breve esquema de preguntas, desde la pregunta básica a las preguntas derivadas (en forma de diagrama, de árbol, etc.).
• Fuentes (detalle de todas las fuentes que formarán parte de la investigación)
• Bibliografía (detalle de la bibliografía que formará parte de la investigación)
• Detalle de la estructura formal que asumirá la narración (incluyendo títulos tentativos): Introducción, partes, capítulos, títulos, conclusión, bibliografía, fuentes.
• Cualquier otro dato que complemente la conformación de la estructura y síntesis de la investigación.

28 de junio
Primera entrega obligatoria de narrativa: Introducción
• Se debe entregar el primer aporte narrativo, en consonancia con los informes sobre plan de trabajo y estructura narrativa.

 

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  • 22
  • Mar
  • 2016

1. El nacionalismo en la Argentina en la primera mitad del siglo XX.
2. Presidencias de Hipólito Yrigoyen y conflictos sociales
3. Primera y Segunda Presidencia de Hipólito Yrigoyen. Diferencias y continuidades.
4. Evolución de los escrutinios a legisladores nacionales 1912-1943
5. Evolución de los escrutinios a legisladores nacionales 1943-1976
6. Golpe de Estado de 1930. Ideologías, partidos y sectores sociales.
7. Historia de las políticas industriales en la Argentina. Desde 1910 a 1970.
8. Política agraria durante el peronismo.
9. La Argentina y la Guerra Fría. Impacto y relaciones. 1945-1980
10. El conflicto aliadófilos-germanófilos en la sociedad argentina.
11. Relaciones entre Argentina y Estados Unidos 1910-1982
12. El final de la Década Infame: De Ortiz a la Revolución del 43.
13. Radicalismo en la democracia restringida. De 1955 a 1966.
14. Políticas sanitarias de 1880 a 1970
15. Diplomacia argentina y conflictos latinoamericanos (1900-1970)
16. La Argentina en la crisis mundial de 1930
17. Políticas energéticas. Desde YPF a Atucha.
18. Ministros de Economía y grupos de poder. 1916-1976
19. Los medios de comunicación y peronismo (1945-1955)
20. Los medios de comunicación y la etapa radical (1916-1930)
21. Sindicatos y política 1955-1966
22. Radicalismo y movimiento obrero.
23. Relaciones entre oficialismo y oposición en los gobiernos democráticos 1916-1976
24. Perón, exilio y construcción política.
25. Políticas económicas durante las guerras mundiales.
26. Relaciones entre Argentina y Estados Unidos 1930-1966
27. Dictaduras argentinas. Diferencias y continuidades. 1930-1972
28. Historia demográfica argentina. 1930-1970
29. Políticas económicas peronista y posperonista (1955) Diferencias y continuidades
30. La desperonización de la sociedad argentina: 1955 a 1973
31. 1930-1943: El regreso conservador.

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  • 23
  • Abr
  • 2012

¿Se puede escapar de lo ficcional al narrar? En artículos escritos a lo largo de medio siglo, Hayden White examina cuánto hay de literatura en la escritura de la historia.

Seguramente, el historiador estadounidense Hayden White estaría de acuerdo con el melancólico conde Augustus, personaje de la Baronesa Karen Blixen, quien bajo el pseudónimo de Isak Dinensen escribía: “He aprendido que no es posible pintar un objeto concreto, digamos una rosa, sin que yo, o cualquier crítico inteligente, podamos determinar, al cabo de veinte años, en qué período fue pintado o, más o menos, en qué lugar del mundo”.

Dicho en las palabras de Borges y para los acontecimientos de la historia que eran los que interesaban especialmente al crítico norteamericano, “el hecho, acaso melancólico, de que al cabo del tiempo, el historiador se convierte en historia y no sólo nos importa saber cómo era el campamento de Atila sino cómo podía imaginárselo un caballero inglés del siglo XVIII”. Agrega que hubo épocas en que se leían las páginas de Plinio en busca de precisiones. Hoy las leemos en busca de maravillas, y ese cambio, para el pícaro Borges, no ha vulnerado en absoluto la fortuna de Plinio.

Con un título que se parece a un programa, La ficción de la narrativa: ensayos sobre historia, literatura y teoría podemos acceder a cincuenta años de trabajo ininterrumpido de un teórico que revolucionó el campo de la historiografía. Su obra Metahistoria: La imaginación histórica en la Europa del siglo XIX (1973) es un libro obligatorio para aquellos interesados en el campo de la historia, la literatura y su mutua dependencia. La ficción…recopila artículos inéditos que abarcan el medio siglo que va desde 1957 al año 2007.

Una manera de mirar el problema central de la obra de White es, por supuesto, preguntarse cuánto hay de literatura en la escritura de la historia. Sin embargo, para White, para quien en todo caso no se trataría de ninguna rebaja de la historia como disciplina, se trata más bien de preguntarse cuánto de historia, es decir, de verdad, hay en la literatura. En todo caso, cómo escapar (si es que ello fuera del todo posible y necesario) de este cuerpo extraño que se considera meramente “lo ficcional”.

La argumentación de White es doble: la narrativa como forma no tiene nada de natural; no relata simplemente cómo han sido las cosas y lleva su gran parte de ficción (incluso su mayor parte). Pero, por el contrario, lo ficcional no es mera obra de la imaginación y tiene su propio contenido cognitivo y de verdad. Por otra parte, literatura e historia están lejos de ser dos formas inmutables y tienen su fecha de nacimiento. Diríamos incluso que la misma fecha de nacimiento. Sería a todas luces profundamente anti-histórico pensar que la forma de reflexión histórica que se adoptó en el siglo XIX era la forma definitiva que tenía que adoptar para todos los tiempos. Para el problema de las crónicas literarias, por ejemplo, el punto inaugural sólo puede constituirse por una decisión de parte del cronista de tratar algún acontecimiento o conjunto de acontecimientos como representando el tiempo y el espacio en el cual aparece el fenómeno netamente “literario”, en oposición a los fenómenos “verbales” en general en la vida de un pueblo, una cultura o una civilización.

La literatura concebida como la alternativa artística del lenguaje ordinario o cotidiano fue un invento también del siglo XIX. Un invento que ponía en peligro a la historia como disciplina seria y que minaba implícitamente toda pretensión de un discurso lingüísticamente inocente. White, un relator también a su manera, nos relata cómo cuanto más realista se volvía la literatura tanto más se esforzaban los historiadores por distinguir de ella su propio discurso. Los novelistas románticos podían resultar ofensivos sólo porque presentaban lo imaginario bajo el aspecto de lo real. Los novelistas realistas, mucho más peligrosos, por el contrario, presentaban lo real bajo el aspecto de lo imaginario. White, que considera que la historia debería ser una preocupación de todo ciudadano culto y que está por supuesto en contra también de esa otra idea, cientificista, de que la obligación de la historia es relatar el progreso triunfante de su especialidad desde los orígenes hasta, digamos, ellos mismos, corta el nudo gordiano argumentando sólidamente que cada conjunto de acontecimientos puede tramarse de muchas maneras sin violentar por ello su facticidad.

No todo puede decirse en todo momento; pero la cultura nos provee de distintas tramas con las cuales sistematizar esos acontecimientos. White considera que al elegir la trama, al convertir en tragedia o comedia nuestro pasado, elegimos también nuestro presente. Al construir nuestro presente afirmamos nuestra libertad. Al buscar una justificación retroactiva para el pasado, nos despojamos, silenciosa y peligrosamente, de la libertad que nos permitió convertirnos en lo que somos.

Extraído de Revista Ñ 446. Por Santiago Bardotti

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  • 17
  • Mar
  • 2012
El célebre antropólogo francés Claude Levi-Strauss, fallecido el año pasado luego de cumplir un centenario de vida, dejó sus ideas acerca de qué se entiende por Historia y su vínculo con la certeza y la subjetividad.

Nuestras sociedades ya no tienen mitos. Para resolver los problemas planteados por la condición humana y los fenómenos naturales, se remiten a la ciencia o, siendo más exacto, para cada tipo de problema se remiten a una disciplina científica especializada.

¿Siempre es así? Lo que los pueblos sin escritura piden a los mitos, lo que toda la humanidad les ha pedido en el transcurso de los cientos de miles de años de su larguísima historia, millones de años quizá, es que expliquen el orden del mundo que los rodea y la estructura de la sociedad donde nacieron, que demuestren su congruencia e inspiren la confiada certeza de que el mundo en su conjunto y la sociedad particular de la que son miembros permanecerán tal y como fueron creados al comienzo de los tiempos.

Mas cuando nosotros nos interrogamos acerca del orden social que nos es propio, apelamos a la historia para explicarlo, justificarlo o acusarlo. Esta manera de interpretar el pasado varía en función del medio al que pertenecemos, de nuestras convicciones políticas, de nuestras actitudes morales. Para un ciudadano francés, la Revolución de 1789 explica la configuración de la sociedad actual. Y, según juzguemos que esa configuración es buena o mala, concebimos de un modo u otro la Revolución de 1789 y aspiramos a distintos porvenires. En otros términos, la imagen que nos hacemos de nuestro pasado próximo o remoto está absolutamente emparentada con la naturaleza del mito. (…) Así, uno llega a preguntarse si una historia objetiva y científica es posible o si, en nuestras sociedades modernas, la historia no juega un papel comparable a aquel de los mitos. Lo que los mitos hacen para las sociedades sin escritura: legitimar un orden social y una concepción del mundo, explicar lo que las cosas son por medio de aquello que fueron, encontrar la justificación de su estado presente en un estado pasado y concebir el futuro en función de ese presente y, a su vez, de ese pasado, ese es también el papel que nuestras civilizaciones acuerdan a la historia. Con una salvedad, empero. Como he tratado de demostrar por medio de un ejemplo, si bien cada mito parece contar una historia distinta, a menudo descubrimos que se trata de la misma, con sus episodios ordenados de otro modo. A la inversa, creemos con suma naturalidad que no hay más que una historia, cuando en realidad, cada partido político, cada medio social y, a veces, cada individuo se cuenta una historia diferente y la utiliza, al contrario del mito, para darse motivos para esperar, no que el presente reproduzca el pasado ni que el futuro perpetúe el presente, sino que el futuro difiera del presente, así como el propio presente difiere del pasado.

La rápida comparación en la que acabo de detenerme entre las creencias de los pueblos que llamamos primitivos y los nuestros nos lleva a entender que la historia, tal y como la emplean nuestras civilizaciones, expresa menos verdades objetivas que prejuicios y aspiraciones. También en este caso, la antropología nos imparte una lección de espíritu crítico. Nos permite comprender mejor que el pasado de nuestra propia sociedad y también aquel de sociedades distintas no tienen una única significación posible. No hay una interpretación absoluta del pasado histórico, sino varias interpretaciones, todas ellas relativas.

Para concluir esta conferencia, permítanme una reflexión aún más aventurada. Incluso en lo que atañe al orden del mundo, la ciencia hoy pasa de una perspectiva intemporal a una perspectiva histórica…

Extracto de “La antropología frente a los problemas del mundo moderno”, citado por Revista Ñ N°442

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  • 8
  • May
  • 2011

Crisis financiera, calentamiento global y desigualdades son algunos temas de este diálogo con el historiador y filósofo estadounidense, quien hace desde el marxismo una crítica feroz del modelo capitalista. “La historia no se entiende; con suerte se soporta”, ha escrito.

Por Andres Hax (para Revista Ñ)

La vida del profesor y filósofo estadounidense Hayden White (1928) es irresolublemente contradictoria y él lo sabe. Es un hombre que dice conocer las verdades espantosas sobre la trágica actualidad del mundo, pero sabe que ese conocimiento no sirve para cambiar nada. Es un hombre que denuncia el capitalismo salvaje y suicida (son sus palabras) y la política del espectáculo, pero sabe que el mismo sistema que denuncia lo ha beneficiado (tiene 83 años y podría pasar fácilmente por 60). Es un hombre de un pesimismo absolutamente negro e inflexible por el porvenir del hombre (hasta tal punto que celebra la eventual extinción de la raza humana), pero a la vez alguien que sonríe y que disfruta de la buena vida (vive mitad del año en Italia) y que goza de una existencia intelectual cosmopolita.
White estuvo en Buenos Aires recientemente como invitado de honor de una ponencia dedicada exclusivamente a él, organizada por la Universidad Nacional Tres de Febrero, y titulada como uno de sus libros: Ficción histórica, historia ficcional y realidad histórica , editado por Verónica Tozzi, que compila varios artículos de White de la última década.
El venerado profesor recibe Ñ en la habitación de un hotel boutique a cuadras de la plaza Vicente López, en el barrio porteño de La Recoleta. Sobre su mesa ratona, delante de una cama hecha improvisadamente por el profesor mismo, rebalsan libros y cuadernos escritos. Usa un arito de oro en la oreja derecha, como los que se pone a los bebés recién nacidos. Su aspecto físico es no sólo impecable, sino también imponente, si se tiene en cuenta que White es un octogenario.
¿Cuándo empezaron a formarse las ideas que se demostrarían en su gran obra teórica, “Metahistoria”?

Creo que tiene que ver con mi descubrimiento de Marx. Una vez que uno comienza a tomar conciencia de que en las ciencias sociales, en la filosofía y en la religión lo que estás tratando son varios tipos de ideologías, entonces lo que quieres ir a buscar es la iluminación, la clarificación, desmitificación. Creo que ese es el motivo por cual yo me interesé en las ciencias sociales y la historia. Gente como Max Weber parecían ofrecer puntos de vista desmitificados sobre el mundo. Y creo que todos queremos la iluminación. No queremos vivir en una fantasía; no se puede vivir en la fantasía. La fantasía es necesaria para alimentar al espíritu, pero no es suficiente para manejarte en el mundo.
En su larga historia como profesor, ¿cómo evalúa los cambios del joven estadounidense?

El mundo digital ha cambiado todo. Antes intentábamos enseñar a la gente joven a pensar conceptualmente. Pero hoy el montaje y el collage de las imágenes dan una forma diferente de pensar y relacionar los signos con las cosas.
Y esto crea una sensación diferente del tiempo y la temporalidad. Por lo tanto pienso que la generación actual de alumnos no experimenta el pasado como algo arcaico o remoto. Es simplemente otra dimensión exótica que se puede tornar presente con imágenes con gran facilidad.
¿Y cómo se siente frente de estos cambios?

Las cosas cambian. Todo cambia. Desesperarse por el cambio no tiene sentido.
¿Considera que este libro que se publica ahora en Argentina es una buena introducción a su obra en general?

Un escritor no es el mejor crítico de su propio trabajo. Mi punto de vista siempre ha sido: lo escribes, lo publicas y la gente lo puede usar como le parezca. No me molesta ser interpretado o mal interpretado.

No es común oírle a un teórico esa opinión.
Creo que toda comunicación es comunicación fallada y que los errores creativos son válidos. La interpretación nunca es objetiva. A mí no me interesa la polémica. Mi punto de vista es que hago lo mejor que puedo; si usted piensa que lo puede hacer mejor, hágalo mejor.
Estamos en un momento donde se promueven visiones contradictorias: la humanidad oscila entre la salvación tecnológica y un cataclismo que amenaza borrar la raza humana de la Tierra.

¡Bueno, claro! Eso es por el capitalismo. El capitalismo extraerá todo lo que puede de la tierra para poder producir bienes y promoverá el consumo como un bien en sí mismo. A ellos no les importa el calentamiento global. Ellos asumen que la tecnología traerá una solución. A las corporaciones no les importa. A Mobil Oil no le importa el calentamiento global. Destruirían el universo entero para lograr una ganancia. Este es nuestro problema, no la tecnología. La tecnología es solamente un medio, se puede usar con fines buenos o malos. Pero desafortunadamente, el capitalismo es suicida porque presume de una expansión infinita en una situación donde hay recursos limitados. No puedes tener expansión infinita y recursos limitados. El sueño es entonces que colonizaremos la Luna, colonizaremos el planeta Marte. No creo que eso vaya a suceder. Hasta que logremos regular las corporaciones capitalistas, estamos condenados.
Más de una década después de haber entrado en el siglo XXI, ¿cuál sería su primer boceto de la historia del siglo XX?

Es una serie de catástrofes. Hay un comentarista inglés que lo designa: “El podrido siglo XX.” Cuando lo piensas: comienza con la Primera Guerra Mundial; la Gran Depresión; la Segunda Guerra Mundial; la Guerra Fría; después toda una seguidilla de guerras. Los Estados Unidos estuvieron en guerra por 56 años. Es el primer país capitalista y el capitalismo significa guerra. Esa es la forma más rápida de consumir los bienes y de crear demanda. El siglo XX fue el triunfo del capitalismo, la destrucción de la Tierra y el uso de la tecnología para generar ganancias en vez de proveer las necesidades de los seres humanos y los demás animales y plantas sobre la Tierra.
Dado ese sentimiento, ¿cómo se siente viviendo en el corazón de la bestia?

Es exactamente eso. Los Estados Unidos son el gran villano de este cuento, porque han empujado el proyecto capitalista hasta su máxima expresión. Ahora es una sociedad que se dedica nada más que a la producción de desechos. Produce más basura, más desechos atómicos y orgánicos. ¡A tal punto que ya no saben dónde ponerlos! Han estado tirándolos en Africa –¿sabía eso?– ¿Qué van a hacer con los desechos atómicos? Los están enterrando en cuevas del sudoeste del país, en Nuevo México y Arizona: pero esta cosa no se desintegra por 10.000 años. Va a estar allí envenenando el agua potable y la tierra. O lo tiran al mar. Destruyen ríos… Sin pensarlo. ¡Y lo saben! ¡Saben lo que están haciendo! Esto es una de las razones de que el marxismo sea más fuerte entre los intelectuales de los Estados Unidos que en cualquier otro lugar del mundo. Vemos los efectos del capitalismo. ¡También nos beneficiamos! ¡Mírame a mí! Soy sano. Y eso es porque los ricos siempre se protegen a ellos mismos. ¡No les importa el calentamiento global! Se compran otra casa en un lugar donde estarán a salvo.
Hay muchas personas que afirman que el marxismo ya no sirve para explicar el mundo.

La reciente catástrofe financiera demuestra lo contrario. Todo el mundo decia: “¿Cómo pasó esto? ¡Cómo puede ser!” ¡Que lean a Marx! El les contará cómo sucedió. Cualquier persona de la izquierda vio claramente y de antemano lo que estaba sucediendo con la creación de las deudas hipotecarias. Los ejecutivos de Goldman Sachs o cualquier otra casa financiera, si les preguntas te responden: “El juego es así.” Y el Estado es cómplice. El gobierno de los EE.UU. no está haciendo nada para la gente sin trabajo o para las personas que perdieron sus hogares. Han salvado los bancos y las instituciones financieras. A hora la brecha entre los ricos y los pobres en los EE.UU. es así: un 1% de la población controla más del 90% de la riqueza del país. Esta es la distribución de riqueza más desbalanceada en la historia del capitalismo. Antes la idea era que el libre mercado permitía que cualquiera pudiera jugar; pero, obviamente sabemos que no puedes jugar sin los recursos. Si yo juego en el mercado bursátil con cinco mil millones de dólares no es lo mismo que si lo hago con mis ahorros de unos miles de dólares.
¿Es posible que esta desigualdad lleve a una revolucion popular como hemos visto en los países del norte de Africa al comienzo de este año?

No. Es imposible. Porque el Estado tiene todo el poder, tiene todas las armas. Ya no puede haber más revoluciones populares. Salvo en el Tercer Mundo, en Ruanda o Namibia. Mira, antes que nada: imagínate que quieres hacer una revolución y quieres destruir a General Motors. ¡General Motors es una empresa internacional! ¿Dónde voy para destruir a General Motors? La ataco en Detroit, pero eso no haría gran daño a la empresa. Esta todo terciarizado por todo el mundo. Y lo mismo vale para el Estado. El Estado está donde sea que el poder del Estado reside. El Estado es Mobil Oil, por ejemplo. Y uno sabe perfectamente qué pasa cuando hay una amenaza terrorista en Washington: ¡el gobierno se va! Tiene búnkers subterráneos… Se ve sano, tanto en cuerpo como en mente. Parece feliz. Pero esa imagen es totalmente contradictoria con lo que piensa sobre la realidad del mundo. ¿Cómo sobrelleva esa tensión? Imagínese que el calentamiento global lleva a la destrucción de la raza humana. ¡Sería bueno para la Tierra! La gente me pregunta, ¿Por qué eres tan pesimista? Y yo respondo: No soy pesimista. Soy optimista. ¡Creo que la raza humana por fin se morirá! ¡Será muy bueno para el planeta! Es la especie humana la que está destruyendo el planeta. ¡No son los perros los que lo están destruyendo! Desde el punto de vista de la evolución darwiniana, es bueno que las especies se extingan. Es algo necesario para que siga en marcha el proceso evolutivo.
¿Se considera usted un nihilista?

Sí. Un nihilista en la ontología, un anarquista en la política. No tengo nada de esperanza o fe en el sistema político o el sistema económico.

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