Entradas para la categoría ‘Mundo Contemporáneo’

  • 28
  • ago
  • 2010

A las estudiantes del curso del Instituto Cielo Azul. Aquellas que aún no han hecho su ingreso al grupo de Facebook “Análisis del Mundo Contemporáneo” por favor hacerlo, es imprescindible para cumplir con las pautas establecidas para la cursada de este cuatrimestre.
Deben ingresar a su propia cuenta de Facebook y desde allí a la entrada GRUPOS y en la casilla de búsqueda colocar Análisis del Mundo Contemporáneo. Una vez allí solicitar la adhesión.

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  • 28
  • ago
  • 2010
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  • 24
  • ago
  • 2010

Análisis del Mundo Contemporáneo 10 ICA

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  • 8
  • ago
  • 2010

Para descargar el material teórica haga click aquí

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  • 1
  • ago
  • 2010

Fundamentación – Análisis del Mundo Contemporáneo 2010 (Fodehum) 2010

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  • 19
  • jul
  • 2010

“Las noticias en Francia están “purgadas” de referencias a musulmanes, islámicos o inmigrantes en los habituales disturbios que se producen. Cuando la prensa utiliza la denominación “jóvenes” en estos disturbios lo hace como un eufemismo que esconde la referencia a inmigrantes musulmanes”.

Este texto aparece en uno de los innumerables videos que existen en la web acerca de los disturbios desatados en los barrios marginales de la ciudad francesa de Grenoble, una de las llamadas ZUS: Zona Urbana Sensible, luego de que la policía matara a un supuesto delincuente, un joven inmigrante musulman.

Existe en Francia un denominado “Atlas de Zonas Urbanas Sensibles” (ZUS) producto del Decreto 96-1156 del 26 de diciembre de 1996; y tres de esas zonas que se consideran “problemáticas” se encuentran en la ciudad de Grenoble.

Los llamados ZUS son “grandes conjuntos (urbanísticos) o de barrios de hábitat degradado y por un acentuado desequilibrio en vivienda y empleo” (“Pacto de revitalización para la ciudad”). El número de ZUS es de 751 en ellas viven más de cuatro millones de personas, casi un 8% de la población total francesa.

En las ZUS se encuentran concentrados los mayores índices de precariedad y dificultades sociales. Uno de cada cinco hogares dentro de las ZUS está por debajo del umbral de pobreza, el doble que la proporción total de toda Francia. El índice de habitantes extranjeros se acerca al 20% y el de desempleo claramente se ubica por encima de la media nacional, estimándose que un 40% de los menores de 25 años que habitan en las Zonas Urbanas Sensibles no tiene trabajo. (Datos extraídos del Rapport 2005 de l’Observatoire national des zones urbaines sensibles, Ministère de l’emploi, de la cohésion sociale et du logement. Francias)

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  • 9
  • jun
  • 2010

En el V Congreso Internacional de Educard, bajo el título Innovar en la Escuela, realizado en noviembre de 2009 en Madrid, se analizaron los vínculos de la educación y las nuevas tecnologías de la información y la comunicación.
El cierre del Congreso estuvo a cargo del prestigioso sociólogo español Manuel Castells, quien dedicó su charla a La Educación en la Era de Internet. Una profunda, documentada y controversial ponencia que el catedrático catalán pone sobre la mesa y que merece nuestra especial atención.
Los invito a escuchar la Conferencia de Castells y a pensar.

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  • 20
  • feb
  • 2010

En el programa “Ratones Coloraos” del lunes 15 de febrero en la televisión de Andalucía, Jesús Quintero entrevistó a la escritora española Angeles Caso y abordaron el tema de las “pateras” y la inmigración ilegal, manifestando algo que no es políticamente correcto y que realmente da que pensar: es todavía increible que los inmigrantes lleguen pacíficamente buscando solo trabajo desde las naciones desesperadas a los países de la opulencia en lugar de llegar de mala manera a exigir la igualdad de un mundo obscenamente injusto.

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  • 19
  • feb
  • 2010

En El sentimiento de inseguridad. Sociología del temor al delito (publicado por Siglo XXI Editores), el sociólogo argentino Gabriel Kessler analiza las razones de una problemática tan ligada a los delitos reales como a las condiciones de posibilidad de los mismos. Durante la entrevista, bien lejos de la dicotomía “sensación de inseguridad versus inseguridad de hecho”, el autor traza un mapa comparativo del tema en el mundo contemporáneo. Consultado sobre la noción de defensa personal, Kessler reubica el temor cerca del odio y del amor y se atreve a pensar la inseguridad informática en las redes sociales.

Ante todo, pero al final de la conversación, Gabriel Kessler sostiene que, a su juicio, en la clase política argentina hay de todo: hay expertos en seguridad que saben mucho, son respetables y merecen atención, y hay otros que no saben nada. Ante las preguntas sobre algunos nombres encargados de ese área a nivel nacional, provincial y municipal, Kessler dice que el tema es complejo. O molesto: “a algunos es un tema que les molesta. A otros no” señala y plantea la necesidad de que haya más presencia en la Argentina de políticas de seguridad innovadoras, diferentes del clásico hincapié en la acción policial y en las medidas legales.

¿Cómo sintetizaría la noción de inseguridad que más circula hoy en la sociedad argentina?

En principio, inseguridad no es sinónimo de ruptura de la ley, de delito, ni siquiera de todos los delitos violentos y se experimenta como una especie de amenaza aleatoria que puede abatirse sobre cualquiera (en particular, sobre los cuerpos pero también sobre los bienes) en el espacio público o privado. Lo central de la definición de inseguridad en el caso argentino, a diferencia de lo que sería esa definición en otros países latinoamericanos, es esta idea de aleatoriedad: la idea de que no hay ningún lugar seguro ni inseguro. Y también lo que yo llamo la “desidentificación relativa”: es decir, el objeto de temor en muchos casos está bien definido respecto a algunas figuras históricamente estigmatizadas, como por ejemplo jóvenes varones de sectores populares; también hay una sensación de que “cualquiera puede robarte”, como solían decirme en las entrevistas. Entonces, en countries se relatan robos de personas vestidas con saco y corbata, como si fuera un vecino más; en algunos negocios de barrios populares, habíanse producido robos por parte de parejas de ancianos o de una chica con un bebé en brazos. Entonces, esta “desindentificación relativa” y esta deslocalización, si uno lo compara con las tasas de delito reales, no es tan así: o sea, uno puede marcar en cada ciudad argentina cuáles son las zonas en las que se producen más delitos y cuáles en las que menos. Esta idea no coincide necesariamente con lo que uno ve en los datos objetivos. Pero la inseguridad no es ni totalmente objetiva ni totalmente subjetiva. Por ende, frente a esa diferendo “político – mediático” de hace bastante tiempo sobre si la inseguridad es una sensación o es algo real, son las dos cosas: esa diferenciación no tiene sentido, porque la inseguridad, dado que no es igual a delito ni es sinónimo de todos los delitos, siempre expresa una demanda sobre lo que se considera un umbral insatisfecho y mayor del riesgo que se vive en el espacio público. Siempre tiene un costado político, en el sentido que expresa hacia el Estado una insatisfacción con una no aceptabilidad de lo que se percibe como un nivel dado de delito. Y siempre tiene un costado de sensación – tal como el amor y el odio, por ejemplo, son sensaciones y no por eso son menos reales – y ése es el rasgo central del sentimiento de inseguridad.

¿Qué otras “inseguridades” sufre hoy el mundo occidental?

Si el rasgo central de la inseguridad en Argentina tiene que ver con esta aleatoriedad del delito – la imagen de un delito poco organizado, que no respetaría en apariencia códigos de dosificación de violencia del pasado – en otros lugares de América Latina, por ejemplo en México, en Brasil, en Colombia y en algunos lugares de América Central, la sensación de inseguridad ligada al delito no tiene que ver con la aleatoriedad, sino que está más ligada al crimen organizado en sus distintas dimensiones: el narcotráfico y las formas que tiene la venta de drogas, por ejemplo. Esto hace, a mi entender, que más allá de que las tasas de delito conocieron en las dos últimas décadas un incremento importante (alrededor del 250% en nuestro país), yo creo que la imposibilidad de fijar en determinados lugares, en determinados grupos, la mayoría del riesgo, contribuye a que la sensación de inseguridad sea muy fuerte. Porque la sensación es que no se puede fijar un espacio: es un tema central para marcar un primer punto de diferenciación con otros lugares de América Latina, en donde también aparece una sensación de inseguridad muy fuerte respecto a catástrofes naturales (que en Argentina aparecen ahora con respecto a las inundaciones en algunas regiones del país). En Europa, y en EE.UU. por supuesto, aparece la idea de la inseguridad ligada a esa supuesta (o real) amenaza terrorista (y eso quizá marca la agenda política). Y en Europa también la sensación es un poco más difusa: en algunos países la amenaza terrorista aparece tematizada (Inglaterra, España, países que han sufrido algún tipo de atentado terrorista); y hay también una superposición de distintos tipos de temores: temores vinculados a las crisis del mercado de trabajo, o a lo que se ha llamado – desde hace ya más de una década y media – la “desestabilización de los estables”. Esto es: la inseguridad laboral. Ese tema sigue presente: no es novedoso, pero sigue siendo central. Y una cierta imbricación, bastante nefasta, entre xenofobia, temor a la inmigración, al delito (como por ejemplo uno ve con una virulencia increíble en países como Italia). Pero de un modo u otro, esa combinación, esas imágenes estereotipadas y prejuiciosas, aparecen dependiendo de cada país.

¿Qué relación podría existir entre las patologías del miedo contemporáneo y la presencia del tema de la inseguridad en los medios?

Antes, en muchos medios, había toda una estética para contar el tema. Pienso en el antiguo diario Crítica, en Fray Mocho. Es decir, especialistas en contarle a la sociedad lo que estaba pasando. En ese sentido, no es novedosa la presencia del delito en los medios. Sí quizás la forma: ahora los medios tienen la posibilidad de estar en vivo y en directo en cualquier lado. Puede haber entonces una presencia muy fuerte en el lugar del crimen; las víctimas pueden hablar. También los medios digitales, que mantienen al delito que se está produciendo en un lugar determinado constantemente, contribuyen a mantener una especie de omnipresencia del hecho. El delito era algo que estaba más ligado a lo macabro, con figuras que estaban en la frontera de lo humano y eran monstruosas. Es decir, el delito era la excepción y no la regla. Pero cuando empieza a ser considerado un problema de toda la sociedad, y a forjarse la idea de la inseguridad, ahí hay un cambio. Y en el caso argentino, esto se da en los años 90, con el aumento del delito vinculado a la cuestión social. A mi sorprendía algo que yo veía en pueblos o ciudades del interior en donde no pasaba prácticamente nada malo (y había consenso sobre eso), la presencia del noticiero presentando desde Buenos Aires el saldo de inseguridad de la jornada, contribuía a avizorar un futuro temible, una especie de angustia futura. Ahí podría haber alguna relación. Pero cada época tuvo temores diferentes.

¿Qué inseguridad puede generar la Web y, sobre todo, las redes sociales, en las que millones de usuarios vuelcan sus datos reales e incorporan materiales de sus vidas?

A mi me parece que Internet preserva el cuerpo, hasta que uno desee lo contrario. Y preserva determinadas partes de la intimidad: uno puede mostrar ciertas partes de sí, sin poner en riesgo el cuerpo que es donde reside la sensación de inseguridad. En ese sentido, yo creo que con la inseguridad pasa algo que no es como lo que en general se dice, que es que genera que los jóvenes se encierren, y tengamos una generación de gente temerosa que hace su vida entre muros; sino que, lo que uno ve en aquellos que se han criado con la inseguridad, es que con la Web encuentran una manera de gestionar riesgos, usando determinadas estrategias. Los jóvenes no dejan de vivir el espacio urbano – con todo lo que éste implica en materia de promesa de lo diverso- pero tienen resguardos. Y las redes sociales permiten eso. Es lo que yo llamo, retomando a unos antropólogos ingleses, “presunción generalizada de peligrosidad” (esto es: la primacía de la sospecha sobre la confianza). Los usuarios se toman un lapso de tiempo para poder identificar la identidad del otro, y emplean numerosas formas de gestión personal de un servicio como Internet. Muchas personas no lo usan. Pero la mayoría ya si, y se resguardan. Yo conocí el caso de algunos psicoanalistas que recibieron supuestos pacientes nuevos que terminaron robándoles una vez que llegaron a “la sesión”. Entonces, hoy crecieron los reaseguros, el chequeo de la identidad verdadera. Y eso mismo se ve en todos lados. No hay una tendencia unívoca hacia una mayor sociedad de control: hay un juego, como en casi todas las épocas.

¿Qué reflexión le merecen las actividades de “defensa personal”?

Ha aparecido una especie de “boom” de las actividades de defensa personal, pero no creo que haya aumentado realmente eso. Justamente, la idea de defensa personal encierra una contradicción: implica un potencial riesgo. Y en el “decálogo” que circula habitualmente se dice que no hay que oponer resistencia ante el delito. Entonces, me parece que todo lo que ponga en juego el cuerpo marca diferencias de clase. En los sectores altos, el hecho de perder algo tiene un valor un poco menos grave que en los sectores populares, donde muchas veces eso no puede recobrarse. Esto lo vi en mis investigaciones: frente a la pregunta “¿Qué haría frente a un delito?”, en general los sectores medios – altos responden “Entregaría todo” y en los sectores populares, solían responder “Depende”. Hay una cultura diferencial, un lenguaje diferencial de clases.

¿Y la cuestión genérica? ¿Inseguridad es un sustantivo femenino, y seguridad también?

Pero miedo es masculino. La verdad, temor y género es todo un tema. Y de profundas controversias. Todas las mediciones en Argentina y en otros lugares del mundo dan que las mujeres son más temerosas que los hombres, mientras que son las menos victimizadas. Y ahí se da una de las mayores paradojas. Pero es aparente, y hay muchas controversias irresueltas. Muchos dicen que las encuestan no captan formas de victimización cotidiana de las mujeres, en las calles. Hay otras mediciones que muestran que a igualdad de horas de exposición en la calle, los números son iguales para hombres y mujeres. La cuestión de la agresión sexual también tiene importancia. Y también se ha trabajado mucho el hecho de que supuestamente a los hombres les cuesta más declarar que sienten temor: lo que yo he visto investigando en Argentina, es que cuando la inseguridad aparece para todos como un diagnóstico compartido de la realidad, se habilita a los varones para declarar el temor. Pero los varones no dicen “Tengo miedo”, sino “Sentí temor”. Y lo hacen como con una “emoción lógica”. Entonces, hay para mí una forma sexuada de hablar del temor en varones y mujeres. Y cuando se analizan las acciones en contra de la inseguridad (comprar alarmas, por ejemplo) las mujeres no toman esas decisiones. Un dato que cuestiona el supuesto mayor temor femenino, es que en los hogares donde viven mujeres solas se compran menos dispositivos que en donde hay hombres. Hay una diferenciación entre lo que se llaman “reglas de sentir” y “reglas de expresión”.

Publicado por Revista Ñ – Febrero 2010

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  • 13
  • feb
  • 2010

Se han borrado los límites entre legalidad y crimen, dice el historiador y sociólogo italiano

Elisabetta Piqué para La Nación – 3/2/10

No llevan más coppola y lupara, el tradicional sombrero y el clásico fusil de los mafiosos. No son más simples asesinos o delincuentes que escapan de la justicia. Son empresarios y managers de la nueva economía global, que saben idiomas, llevan laptops y se mueven con lógica empresarial.
Según el historiador y sociólogo Francesco Forgione, ex presidente de la Comisión Parlamentaria Antimafia de Italia, así son los padrinos de las mafias italianas del siglo XXI, que él define como “la otra cara de la globalización”.
“La mafia es mafia por su relación con la política y las instituciones”, dice Forgione. El es calabrés, de 49 años, autor de Mafia export , un libro recién salido en Italia que, por primera vez, cuenta cómo las tres principales mafias italianas -la Ndranghetta calabresa (hoy la más global y potente), la Cosa Nostra siciliana y la Camorra se han trasnacionalizado.
“La mafia es el único producto made in Italy que no conoce la crisis”, dice irónicamente Forgione, periodista y escritor comprometido desde hace años en la lucha contra la criminalidad organizada, que debe moverse con escolta desde hace 15 años.
“Las mafias italianas, por medio de su sistema de empresa, su coparticipación accionaria en sociedades e institutos de crédito y una extraordinaria capacidad de movimientos financieros de un rincón a otro del mundo, han conquistado un lugar protagónico en la globalización”, afirma.
¿De qué forma?
Las mafias contribuyen, como si fueran pequeños Estados, en la formación de ese PBI mundial que se alimenta de la denominada economía canalla. Ndranghetta, Camorra y Mafia registran una facturación anual de entre 120 y 180 mil millones de euros. Sólo un 40 o 50% de esta gran masa de riqueza se reinvierte para regenerar las actividades criminales: contrabando, tráfico de droga y armas, pago de “salarios” a los afiliados, asistencia a los arrestados y sus familias; el resto, en mil formas y mil modos, entra en la economía legal.
Usted en su libro menciona a la Argentina…
Desde la Argentina las rutas de la cocaína van hacia las costas africanas, donde hay lugares que se han convertido en verdaderos puertos francos para el arribo y para la partida de la droga hacia el Mediterráneo.
¿Pero hubo un salto cuantitativo de la Argentina?
No. A medida que se determina una forma de represión mayor que el narcotráfico en Colombia o en Brasil, los puntos de partida se corren hacia la Argentina, o viceversa. No hay una regla.
Usted dijo que en la crisis al único made in Italy que no le va mal es a la mafia…
Claro, porque las mafias tienen una cantidad de riqueza líquida, producida sobre todo por el tráfico de cocaína y de droga, en momentos en que la economía es de papel. Por eso hay que estar muy atentos en esta fase de crisis para tratar de entender adónde, también gracias al concurso de algunos bancos, terminan los capitales criminales y los capitales mafiosos.
¿Es decir que también los bancos son un problema?
¡Los bancos son el verdadero problema! El sistema bancario, detrás de la exigencia del secreto en los movimientos de las transacciones financieras, ha representado el instrumento fundamental que las mafias han tenido para reinsertar su dinero en la economía legal.
Usted dice que el mafioso no es más el que tiene la coppola y la lupara…
Claro. No sería pensable esta fuerza económica de las mafias sin la connivencia de un estrato burgués de escribanos, contadores, profesionales, “inmobiliaristas”. Esta es la otra cara de las mafias.


¿Y también la relación con los políticos?

Esto es fundamental. Si no hubiera habido una relación con la política y las instituciones, no habríamos tenido mafias, sino formas normales de criminalidad. Se convierten en mafias porque tienen conexiones con el poder político, con el poder económico y con el poder financiero.
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FRANCESCO FORGIONE
Historiador y sociólogo
Edad: 49 años.
Nació en: Calabria, Italia.
Profesor: enseña Historia y Sociología de las Organizaciones Criminales en la Universidad de LAquila.
Vigilado: por el tenor de sus libros (entre ellos, Amigos como antes. Historias de mafia y política en la Segunda República), vive con custodia especial desde hace quince años.

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