Avanzar con la Memoria

El nombre que se le ha dado a esta fecha es el de Día de la Memoria. Y el llamarle memoria se refiere a la memoria colectiva a la memoria social, no a la memoria individual de cada uno de nosotros. Creo que es acertado el nombre de Día de la Memoria, porque es la sociedad argentina la que debe hacer memoria por lo sucedido, porque lo sucedido no fue un arrebato circunstancial de un minoritario grupo de perversos infringiendo un profundo dolor a una mayoría pura e inocente.

Esa forma de pensar es muy conveniente y tranquilizadora, la de un grupo de enajenados en una sociedad de inocentes, pero no es así, la sociedad argentina debe hacer memoria para recapacitar como fue posible que el horror se apropiara de nosotros durante una década.

La Memoria que todos nosotros tenemos sobre la Dictadura Militar iniciada el 24 de marzo de 1976 creo que es una memoria incompleta, una memoria renga.

La Dictadura Militar de 1976 nos remite a todos nosotros a una serie de ideas y conceptos que la caracterizan, un núcleo de conceptos muy trabajados y nunca poco repetidos que han creado una profunda conciencia sobre el valor negativo de este drama histórico.

Si preguntase cuáles son las palabras, las ideas con la que ustedes vinculan a esta última dictadura seguramente coincidiremos en casi todas: represión, muerte, secuestros, torturas, exilios, censura, apropiación de niños, desaparición forzada de personas, y otros conceptos por el estilo, en definitiva, el TERROR.

Y si yo les preguntase nombres propios de la dictadura seguramente aparecerán los de Videla, Agosti, Massera, Camps, Bussi, Astiz y tantos otros apellidos marcados por la muerte como objeto.

¿Y por qué digo que estamos frente a una memoria incompleta?

Porque la violencia, la tortura, la desaparición, el asesinato, el secuestro, la censura y el exilio son medios, no fines. El TERROR es un medio, no un fin en sí mismo.

Y los Videla, los Massera, los Bussi y los Astiz han sido los ejecutores de esos medios, los gerentes del trabajo sucio.

Toda esta carga trágica de Horror y Violencia es la punta visible de un iceberg que esconde debajo de la superficie sus fines.

Entonces debemos preguntarnos si todo esto fue un medio, dramático e inhumano, pero medio al fin, ¿cuáles eran los fines?

Los fines fueron la transformación drástica y profunda del cuerpo social y económico de la Argentina.

Y los apellidos de esos fines son los Martinez de Hoz, los Aleman, los Klein, los Zorroaguieta, para quienes los Videla y los Masera fueron gerentes útiles del terror.

Así como es habitual contabilizar el Terror de la dictadura en cantidad de torturados, muertos, desaparecidos, exiliados y secuestrados; los medios; también es posible contabilizar la finalidad de la dictadura. Y para lograr esos fines fue necesario aquel terror.

El trabajador asalariado se transformó en la variable de ajuste de la economía nacional, el salario real se redujo durante la Dictadura en un 40%.

¿A dónde fue esa masa de dinero que dejó de ir al bolsillo de los trabajadores? Se dirigió a un mayor beneficio de los empresarios y fundamentalmente a engrosar los canales de la especulación financiera.

Al comenzar la dictadura los trabajadores se quedaban con el 45% del total de la riqueza del país, al finalizar la dictadura los trabajadores pasaron de recibir el 45% a recibir el 25% de la riqueza nacional. Pero mientras los sectores más pobres reducían sus ingresos los sectores más altos de la sociedad lo mejoraban, dando inicio a un proceso de desigualdad social formidable e inédito para la historia argentina moderna.

Se pasó de una economía productiva a una economía especulativa, donde era más conveniente poner la plata en el banco que invertirla en generar trabajo. 

Esta tendencia a que era mejor poner el dinero en el banco que ponerlo a producir, acompañado por el masivo ingreso de productos extranjeros a bajo costo,  un fulminante fenómeno de cierre de industrias nacionales que redujo la actividad industrial durante la dictadura en más de un 10%, habiendo desaparecido ramas enteras de la producción como fue la actividad textil.

Pero mientras el sector industrial se derrumbaba el sector agropecuario crecía un 20% y la minería un 30% poniendo otra vez al país en un camino de dependencia como mero productor de materias primas y abandonando un incipiente camino de industrialización.

La economía de la Argentina solo creció una escaso 2% desde 1976 a 1983. Y mientras al comenzar la dictadura el 5% de los hogares argentinos estaba en condición de pobreza, al finalizarla el 25% de los hogares argentinos era considerado pobre.

Se produjo un empobrecimiento de la clase obrera y un descenso social de la clase media.

Se destruyó el sistema de obras sociales reduciéndose en más de 2 millones de afiliados los beneficiarios al finalizar la dictadura, dando paso al negocio de las prepagas de salud.

Ante la disminución del empleo industrial se generó una corriente de gente trabajando por cuenta propia sin ninguna cobertura social y se incrementó el trabajo informal

Se entregó el país a la dependencia financiera de los organismos internacionales al aumentar la Deuda Externa en un 900% durante los años de la Dictadura.

Y son estos fines los que la Memoria ha olvidado,

Mientras aquellos medios del horror de la dictadura, ya no son, ya forman parte de nuestro pasado y no de nuestro presente, porque ya no es la tortura, ni la desaparición de personas, ni la apropiación de niños, ni el exilio político, ni el asesinato político, todas ellas cosas que se conjugan en tiempo pasado.

En cambio otra violencia, mas silenciosa y menos espectacular perdura, la desigualdad social, la financierización de la economía, la baja participación del trabajador en la riqueza nacional, la fragmentación social, el empobrecimiento de los sectores asalariados, el estigma de la deuda externa, la concentración de la economía, son todas realidades aún presentes, que tuvieron su origen en aquella dictadura militar, cuyos medios ya no son pero cuyos fines aún viven entre nosotros.

El iceberg sigue allí, aunque ya no veamos su punta, su parte visible que a fuerza de memoria hemos logrado derretir.

El Huevo de la Serpiente sigue allí, esos fines que persiguió la Dictadura iniciada en marzo de 1976 siguen allí, algunos intactos, algunos defendiéndose a capa y espada, pero siguen allí.

Creo que es tiempo que nuestra Memoria Colectiva que con tanta eficiencia logró derretir la parte del horror que cubría el iceberg de la dictadura, los medios,  se ocupe ahora de recordar para destruir la parte más voluminosa del iceberg, la que no se ve, pero que sigue presente en nuestros días, los fines, los que pusieron en marcha un sistema social y económico que hoy pugnamos duramente por transformar, un sistema para pocos.

Si a impulsos de Memoria hemos convertido en pasado el horror dela dictadura, será completando esa Memoria con los fines de la dictadura como lograremos convertir en futuro este presente social y económico que en muchos sentidos nos avergüenza como sociedad y que no es más que un producto de aquel pasado que hoy recordamos.

(basado en la clase abierta desarrollada en la Escuela Polimodal Latinoamérica en conmemoración del Día de la Memoria)

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