Una derecha sin derechistas

Es habitual escuchar por estos tiempos la remanida idea de que “ya no existen las izquierdas ni las derechas”.

Lo extraño de esta afirmación, de por sí ya avejentada por los lejanos noventa, es que siempre, sin excepción, está en boca de hombre y mujeres identificados ideológicamente  con aquella derecha a la que no sólo niegan pertenecer, sino que directamente niegan que aún exista.

DERECHA_IZQUIERDAEs una particularidad del Cono Sur que las personas de derecha se muestran vergonzantes de su propia forma de pensar, y esa conducta lleva inevitablemente a la negación de la existencia de tal cosa como “la derecha”, lo cual también, por lógica consecuencia, conduce a negar la vigencia de “la izquierda”.

Queda por suponer que quizás la simulada muerte de la derecha no sea más que una muestra de la astucia del pensamiento que pretende sobre todas las cosas asegurar la desaparición de su contracara, la izquierda.

Pese a estos juegos de escondidas  la derecha y la izquierda siguen existiendo en el siglo XXI, porque sin necesidad de formular ninguna justificación teórica sofisticada resulta clarificador que:

  • Cuando se privilegia la educación privada en detrimento de la educación pública, como sucede en Chile, eso es una política de derecha.
  • Cuando se combate la existencia de un seguro universal de salud a favor de empresas de medicina privada, como hacen los republicanos de los Estados Unidos, eso es una política de derecha.
  • Cuando se decide salvar a los bancos que generan la más fenomenal crisis del capitalismo moderno a costa de reducir las condiciones salariales y de asistencia de la población más necesitada, como ha sucedido por toda Europa, eso es una política de derecha.
  • Cuando se establecen multas para aquellos que desean expresar su libre pensamiento protestando ante edificios públicos o por filmar el accionar policial en las manifestaciones, como se proyecta en España, eso es una política de derecha.
  • Cuando se desconoce la nacionalidad a hijos de extranjeros nacidos en territorio del país, como se pretende en Francia, eso es una política de derecha.
  • Cuando se cuestiona la existencia de planes de asistencia para los marginados y excluidos afirmando que los que pagan impuestos terminan sostenido a “vagos”, como se repite regularmente en cada sociedad occidental, eso es una expresión de derecha.
  • Cuando se sostiene que la mejor manera de acabar con la pobreza es permitir el mayor enriquecimiento de los ricos, reduciendo sus impuestos, eso es una política de derecha.
  • Cuando se privilegian medidas tendientes a aumentar los niveles de seguridad a expensas de los niveles de libertad, eso es una política de derecha.

Las afirmaciones sobre que El Muro en su caída arrolló las distinciones entre derecha e izquierda termina abonando la idea de que la política es un mal que debe ser reemplazado por el valor positivo de La Gestión, ese nuevo fetiche del pensamiento de derecha, una ideología que pese al anuncio de su muerte goza de buena salud.

Párrafo aparte merece situar este tema en la Argentina, un país con fuerte pensamiento de derecha pero sin derechistas, una rara paradoja social, capítulo para el análisis psicológico más que para el político.

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