Entradas del mes septiembre, 2012

  • 24
  • Sep
  • 2012

El escenario político argentino en el siglo XX eludió la típica organización en conservadores y liberales propia de la mayoría de los países de Latinoamérica, nuestro país canalizó a las mayorías populares hacia expresiones originales de un centrismo oscilante entre el radicalismo y el peronismo, ambos con estructuras más cercanas al movimiento que al partido con sus alas reformistas y restauradoras.

Dentro de este escenario movimientista de “toma todo”, tano la izquierda como la derecha más ortodoxas tuvieron amplias dificultades para organizarse con alguna posibilidad de éxito en la arena política.

Las organizaciones de izquierda se hicieron visibles con mayor o menor éxito de atracción en los albores del siglo XX pero perdieron tempranamente su sujeto político a manos del peronismo, con lo cual quedaron sentenciadas a convertirse en minoría en algunos casos testimonial y en otros violenta.

En lo que hace a la derecha, también se va reduciendo a una expresión minoritaria en tanto muchos de sus planteos encuentran lugar en los propios movimientos populares, aunque sus formaciones más reaccionarias,  toman unas el camino testimonial vinculándose con la iglesia católica, y otras el cauce violento alimentando ideológicamente al partido militar.

El Partido Militar se fue convirtiendo tempranamente en el siglo XX como fue el refugio de poder donde la derecha argentina encontraba la acción a su prédica, el espacio en el que podía esconderse la basura de un pensamiento vergonzante que encarnaba en las responsabilidades de los entorchados, los encargados de hacer el trabajo sucio emergente de sus ideas.

Pero el partido militar desapareció consumido por el cáncer de su propia violencia y su infamia diagnosticado en 1982, y al que sobrevivió agonizante apenas hasta el fin de esa década en los últimos estertores carapintada.

A partir de 1990 el pensamiento de derecha en Argentina quedó totalmente huérfano de representatividad una  vez que la corporación militar queda reducida a su rol castrense y la iglesia católica se encierra en su obsolescencia ideológica; pero en esa década del 90 encuentra un bálsamo en  el refugio del menemato neoliberal para llegar al fin de siglo, cuando el tsunami de la crisis de 2001 barrió con todo a su paso, incluido el escenario político, y al retirarse dejó tras de sí el desierto de una nación en coma y desamparada.

La llegada de la era kirchnerista a partir de 2003 abrió el juego en un nuevo escenario político, inédito parala Argentina, una poderosa corriente progresista dentro del viejo y cansado justicialismo, reducción del radicalismo a su mínima expresión, y más allá de eso solo nostalgias.

El viejo orden político argentino del siglo XX ya no existía más al promediar la primera década del siglo XXI, se fue con el cambio de paradigma con que alumbró el siglo. Pero la ciudadanía argentina seguía allí.

Una mayoría adscribió rápidamente al mensaje y el accionar kirchnerista de recuperación nacional en base a recetas heterodoxas y ruptura con las viejas verdades sacralizadas durante décadas en materia económica, y afirmado en la reconstrucción del entramado social argentino, reconociendo desde el poder la existencia de nuevas e inéditas realidades, como es la existencia de un importante sector de excluidos, los perdedores definitivos dela Argentinade fin de siglo, en un cambio del modelo económico global y la destrucción del Estado a manos del imperio del mercado.

Pero otra parte de la ciudadanía prefirió tomar otros caminos políticos en un escenario de escasa oferta alternativa, con un partido radical anémico, una izquierda siempre fragmentada y con escasas banderas y una serie de personajes emergentes antipolítica de vida efímera, cuya expresión más exitosa ha sido la experiencia porteña y urbana del PRO macrista.

La ausencia de respuestas organizadas para este sector de la población que no adscribe a las acciones y propuestas de la era kirchnerista terminó generando un vacío de representación que fue ocupado por la acción del poder mediático en el que los grupos dominantes de la opinión publicada liderados por el multimedios Clarín pasaron a convertirse en la contratara del poder político democráticamente elegido.

El problema es que el poder mediático puede actuar como contrapeso del poder político, incluso si nos pusiéramos idealistas como su control, pero indudablemente, por su diferente lógica, no puede transformarse en un actor protagónico de poder político, no puede convertirse en el Partido Mediático, como sí habían podido las fuerzas armadas travestirse en Partido Militar para llegar al poder por la fuerza y mantenerse.

En este amplio sector de la población argentina opuesta al kirchnerismo, hay buena parte de ella con posiciones políticas reaccionarias acostumbrada a canalizar sus pensamientos en alguna forma de poder político, esencialmente lo que ha servido de sustento a las aventuras del Partido Militar, y que se encolumna detrás de la corporación mediática a la espera de la construcción de una opción política organizada que le permita expresarse en la representación política.

Sin un sostén ideológico,  sin una cobertura política organizada, sin líderes, esta oposición solo se ve expresada en las pantallas y por la boca de acaudalados empleados del poder mediático, circunstancialmente atrapado en una verdadera lucha por su supervivencia con el máximo poder político del país.

Este sector de la ciudadanía huérfano de representatividad, expresado por el poder mediático, carente de potencia electoral y socialmente ubicado en las capas de los económicamente satisfechos, va haciendo germinar una formación hasta el momento inédita enla Argentina: una derecha reaccionaria de carácter popular.

Una derecha reaccionaria y popular que a falta de entramado ideológico se mueve por emociones, en consonancia con la lógica emotiva del mensaje mediático que la expresa, y dentro de las emociones la más básica: el odio.

Una derecha que compró cerrado y sin discusión el relato noventista de la obsolescencia de la solución social para zambullirse a la conveniente solución individual. Un relato que afirma que cada uno es dueño de su destino, cada uno, no importa su condición, es responsable de su vida y de la consecuencia de vivir, el pobre es merecedor de su pobreza, el excluido de su marginación, el rico de su riqueza. El relato ideal para la buena conciencia del satisfecho. Todo lo que huela a solidaridad social es prebenda, clientelismo y sostenimiento de la vagancia.

En una sociedad en la que la lógica de clases se extingue en medio de la tendencia hacia una dualización social y económica, una buena parte de la ciudadanía carece de representación electoral, y por el momento solo se hace visible y escuchable a través del poder mediático.

Germina una derecha reaccionaria popular, solo es necesario esperar la aparición de quien la encarne en el escenario político argentino, más temprano que tarde, ese algo o alguien llegará.

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  • 19
  • Sep
  • 2012

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  • Sep
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Entrevista a Stephen Holmes

“TODAS LAS LIBERTADES REQUIEREN SUBSIDIOS”

En su reciente libro “El costo de los derechos”, este profesor de derecho analiza, junto con su colega Cass Sunstein, un tema global: la importancia de los impuestos en la democracia.

“Dime cuántos impuestos te cobran (y como se gastan) y te diré que derechos tienes”, escribe el argentino Juan Gonzalez Bertomeu en el prologo de El costo de los derechos. Por qué la libertad depende de los im­puestos (Siglo XXI). Así resume el tenor del libro escrito por Stephen Holmes y Cass Sunstein, dos encumbrados profesores de Harvard cercanos al Partido Demócrata (Sunstein integra la administración Obama). El texto anima, profundiza y clarifica, incluso en la disidencia, un debate omnipresente. Subsidios, justicia distributiva, salud, educación, libertad de expresión, ganancias, todos los temas entran en esta discusión a la que Stephen Holmes se presta amablemente en la embajada estadounidense. Fue durante su tercera visita a la Argentina. Presento el libro en Buenos Aires y asistió a varias cenas con amigos, que se pasan todo el tiempo debatiendo sobre la situación política.

 “Es informativo, interesante”, dice, diplomático. Pero en el tema que nos convoca, sus posiciones son firmes. “Cualquier libertad per­sonal presupone una cooperación social administrada por funcionarios gubernamentales”, sostiene. Y estos son sus argumentos.

Este trabajo fue escrito en 1999, con un gobierno demócrata en los EE.UU. Pasaron George W. Bush, los atentados del 11S, dos grandes crisis capitalistas. ¿Hará falta actualizarlo?

Aunque el libro fue escrito en 1999, Bill Clinton ya estaba dando un abrupto giro hacia la derecha en su gestión, y arrastro al Par­tido Demócrata. Republicanos y demócratas asumían la premisa de que si hubiera menos Estado habría más libertad. Yo trabajaba en Rusia, una sociedad donde la autoridad política había colapsado. Se hacía obvio que ese colapso no creaba libertad. Mis colegas me decían que las sociedades poscomunistas no se pueden permitir derechos sociales y deberían restringirse a los clásicos derechos liberales: a no ser torturado, a la propiedad privada. Para mí se equivocaban. Me parece que si escuchas el debate político estadounidense hoy, se juegan los mismos argumentos: si dependes de los programas del gobierno, servicios, o provisiones, de alguna manera, pierdes tu autonomía. El único individuo independiente del gobierno es la persona sin hogar i que come de un tacho de basura. \ El libro en ese sentido es actual

¿En cuál sentido no lo es?

La globalización hace cada vez más difícil cobrarles impuestos a los ricos. Tienen cada vez mis facilidades para esconder sus recursos. Y como consecuencia del 11S se reforzó una paradoja entre los conservadores norteamericanos. Piensan que el gobierno es incompetente, que no pueden confiarle la salud pública, que de eso debe encargarse el sector privado. Pero en lo que respecta a la seguridad nacional, confían en el Estado sin cuestionamientos. ¿Cómo se explica este sistema que por un lado se banca a un gobierno que inva­de países que nunca nos atacaron, violando incluso los derechos humanos, y al mismo tiempo dice que todo lo que el gobierno hace está mal, que no le permitirán invadir la esfera privada?

Dígamelo usted.

Una retorica hipócrita. Confió más en el gobierno para subsidiar escuelas que para operar en Guantánamo.

Pasemos a la tesis principal del libro: los derechos dependen de los impuestos.

La idea de que un derecho es algo que uno ejercita de forma autónoma sin utilizar los recursos colectivos no tiene sentido si miras, por ejemplo, el derecho a tener un programa de salud. La creencia de que los impuestos son el mayor enemigo de nuestros derechos es una posición bizarra y perversa, refutada por cientos de ejemplos.

Y un ataque al rol del Estado.

Los costos presupuestarios de todos los derechos, no solo los sociales, también los clásicos derechos liberales, el de juicio, el de contrato, requieren que el gobierno lleve a cabo procedimientos legales factibles que se pagan con impuestos. El derecho de voto es muy costoso. Depende de recursos colectivos extraídos y manejados por el Estado. En los Estados Unidos, el mayor obstáculo para el desarrollo de un Estado de bienestar, que se debilita mas y mas, no es el individualismo, es la falta de voluntad de un grupo para permitir que les pongan impuestos que beneficien a otro grupo que no es como ellos. En Europa pasa con ” el aumento de la inmigración. La gente que estaba dispuesta a pagar, ahora lo está menos.

Es un problema ético…

Si la humanidad fuese más mo­ral, estaría protegiendo al planeta del cambio climático. La noción de Estado clásica pone a toda la comunidad en una forma de seguro que es para todos los miembros de la sociedad, un ideal, pero es verdad que, en los últimos cinco años, ha habido un recogimiento de metas. Está ligado a la problemática de los impuestos. En Europa y en los Estados Uni­dos es cada vez más difícil que los ricos paguen. Y las clases medias siguen pagando, pero mantienen su estatus gracias a los créditos. Al final no tienen recursos y tienen que pagar las cuentas, así que hay una contradicción. Es un gran problema universal, que se vuelve peor porque los estados son mas débiles. En los Estados Unidos, por ejemplo, tienes gente que trabaja pero no vota, y gente que vota pero no trabaja. Se puede contratar a obreros en China, en India, tener una clase obrera sin que forme parte de la comunidad política. Es algo nuevo, va minando el sistema. Y aun no entendemos el concepto ni sus consecuencias.

Además, preocupa la distancia creciente entre la ley escrita y la implementación de esas leyes.

Si, Obama, al principio de la crisis económica, dijo que lo paradójico era que la mayoría de lo que aquellos banqueros hicieron era perfectamente legal. Las corporaciones no infringen la ley, la hacen. El sistema legal es muy permeable a legislaciones especiales, a cambiar la ley por consenso de los grupos de poder, que tienen la habilidad de influir en los legisladores que quieren ser reelectos. Eso no es un misterio, ni un se­crete La ley se aplica de forma selectiva. El tema es que tipo de re­cursos, individuales, informales, usan esos grupos para hacer las leyes aplicables en algunos casos, mientras que otra gente que no tiene esos recursos o capacidades es incapaz de hacer que se aplique la ley en su caso.

¿Qué le imposibilito a Obama cumplir con las bases que se había propuesto en su campaña?

Muchos liberales sienten que no se comprometió lo suficiente en su lucha. Los republicanos lo derrotaron en casi todo, desde el principio, y si el hubiera llegado con un espíritu mas comprometido y sin ningún deseo de culpar a la administración de Bush, incluso así, hubiera heredado una situación terrible. Ha sido criticado por no tener un soporte para sus promesas electorales, que no es del todo cierto ¿Por qué se comporta así? Hay que mirar atrás para entender, hay una fuerza pequeña pero presente en el partido republicano que cree que si Estados Unidos se convirtiera en un país multirracial ya no sería Estados Unidos. Noticia: ya es un país multirracial. Así que esa es una fórmula para la violencia, no una política racional. Y la razón es que el electorado, especialmente en algunas partes del país, tiene miedo de terminar siendo “un terrón de azúcar en una taza de café”, de perder su identidad con este cambio demográfico. Los políticos son buenos en la medida en que pueden reconciliar la democracia y la demografía. De paso, no hay ningún político europeo que sepa cómo hacer esto. Lo que Obama olvida es mostrar que podemos ser los Estados Unidos incluso siendo un país multirra­cial. Por eso su mayor propósito es ser tan normal como sea posible, incorporar al establishment dentro de su “modernidad”, para poder mostrar algo que es un gran problema, y es que la población blanca se está convirtiendo en una minoría. Esa es la razón de que haga cosas que decepcionan a los liberales, como mantener abierta Guantánamo. El hecho es que un hombre negro puede ser presidente de los Estados Unidos. A pesar de algunas de sus políticas, aun se le considera un socialista, aunque ha matado a Bin Laden; aun lo Ha­inan musulmán. Creo que incluso ahora se le acusa de no ser un verdadero estadounidense.

Era impensable que tuvieran un presidente negro. Pero miremos la situación carcelaria, la mayor población carcelaria del mundo tiene gran mayoría de negros.

Es cierto, no ha hecho nada en ese sentido, es un escándalo inex­cusable, irracional. Y si, es racismo puro, sin duda. Pero estas co­sas hay que verlas en su perspectiva histórica. En 1950, un taxista negro no podía recoger a una persona blanca en Washington. Y si eras negro, tampoco podías tener una habitación de hotel en esa ciudad, así que las cosas han cambiado, pero es un proceso muy lento y difícil de superar. Es difícil crear una clase media solida para reformar esto.

Otra de las verdades que cuestiona es la independencia de los poderes: ¿es inevitable que el poder político este sobre todo?

Hay muchos casos en los que el sistema político está atado al legal. Por ejemplo, una mujer es golpeada por su marido, lo arrestan, va a prisión tres meses, sale y la mata ¿Qué hizo la Corte? ¿La protegió? Solo se la protege si la Corte trabaja en conjunto con la legislación y se crean refugios (con impuestos), etc. Otro caso: en la mitad de los Estados los jueces que son electos, pertenecen a partidos políticos, si no lo hacen pierden la elección. Llamarlos apolíticos seria muy naif. Aunque la teoría los separe, hay mucha mitología en eso de la independencia de poderes.

En la Argentina hay un debate en tomo a los subsidios, ¿cómo se hace para que no sean una herramienta de clientelismo?

Todas las libertades requieren subsidios. Claro que pueden regularizarse, y pueden ser transparentes, lo que puede minimizar el clientelismo, porque todos los países tienen algún grado de clientelismo o de corrupción. En los Estados Unidos tenemos mu­chos subsidios, casi todo el staff de American Airlines, los pilotos, han sido entrenados en el ejercito del país; se pago con impuestos. Es un subsidio a la compañía. ¿Es eso clientelismo? Bueno, es una forma de apoyar la industria. El gasto público que sostiene los derechos es un valor para que la gente pueda tener más recursos privados, en ese sentido siempre hay un elemento de clientelismo, y un acercamiento igualitario, o li­beral, o progresista al gasto publi­co que compensa estos hechos.

Muchos hablan de políticas dis­tributivas de la riqueza y aplican
impuestos regresivos.

En el siglo XIX, los habitantes bien de la ciudad de Nueva York podían pagar el mejor doctor, pe­ro no podían protegerse de las enfermedades contagiosas. Así que invirtieron en los vecindarios más pobres: no podían protegerse sin proteger a los pobres. Lo que digo es que en la creciente desigualdad una de las condiciones es ser mis iguales. En los países donde los hombres de negocios producen para el consumo domestico tienen un incentivo: que la gente común tenga dinero y pueda comprar sus productos. El tema es como crear incentivos en los que ya tienen salud para hacerles ver los beneficios de contribuir en esta “cosa común”. Los ricos no entienden las consecuencias. Hay un dibujito en Brasil que muestra que los ricos tienen que ir al restaurante en helicóptero para no ser secuestrados. Si creas violencia, si no integras a la gente, si no quieres acabar con la pobreza estas creando una clase de enemigos en tu país. La globalización acelero estas tendencias, y no estoy seguro de que alguien tenga una idea clara de cuál es la solución política a esto.

Entrevista de Horacio Bilbao para Revista Ñ – 8 de setiembre 2012

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