Entradas del mes Julio, 2016

  • 31
  • Jul
  • 2016

El gobierno macrista cree que la transparencia es un valor absoluto con capacidad de derramar su virtud absoluta sobre toda acción política que se adjetive como transparente.

La palabra transparencia ha vivido en los últimos años en todo el mundo su época de esplendor. Se habla de ser transparente, de vivir de modo transparente, de la necesidad de transparencia informativa o comercial, y claro, de transparencia política.

trans1En principio el término “transparencia política” se supone como opuesto a “corrupción” cuando el antónimo de corrupción es integridad y honestidad, no transparencia.

En el abordaje de este tema se incurre en un importante error semántico ya que se supone que la transparencia es sinónimo de verdad, lo cual es erróneo porque la verdad supone la existencia de lo falso mientras que lo transparente se opone a la idea de opacidad.

La transparencia no es un hecho en sí mismo sino una acción que requiere de un algo que sea transparente o no. Un pensamiento transparente, una transacción transparente, una política transparente. Pero existe una tendencia a convertir a la transparencia en una cosa en sí misma y por lo tanto portadora de un valor, siempre positivo y que se pretende absoluto.

En base a esta idea la transparencia aparece en general como la solución para el fenómeno de la corrupción, ya que su valor positivo absoluto predominaría sobre el acto político. Uno podría suponer que un proceder transparente evitaría actos de corrupción, pero no es así necesariamente; la administración está llena de procedimientos transparentes pasibles de actos corruptos: licitaciones, contratación de servicios, omisión de controles, declaraciones de emergencias, fideicomisos ciegos, etc.

trans2Por otra parte la transparencia política aparece como un oxímoron, es decir una conjunción de conceptos opuestos en sí mismos. Como sostiene Buyng Chul Han la política es esencialmente secreto, ocultamiento e incluso engaño, un juego de negociación en el que las partes esconden sus jugadas y dosifican sus argumentos, por lo tanto la pretendida política transparente no es política, por el contrario es apolítica, antipolítica y pospolítica.

La llamada transparencia política se vuelve un fenómeno conservador, ya que congela la política en lo que es dado, no transforma lo establecido, solo administra. Gestión y política transparente aparecen entonces como un mismo concepto de igual sentido, ya que se elimina la ideología, y solo se sostiene en la opción estática del me gusta o no me gusta.

trans4Como decíamos anteriormente la clave está en confundir la idea de transparencia como una cosa en sí misma, entendiendo que el mero hecho de volver transparente una medida política,cualquiera sea, la inviste a esta inmediatamente de virtud. La transparencia como cosa se ha convertido en una práctica del actual gobierno macrista.

El último caso es la normativa que establece el pase de la base de datos del ANSES a la Jefatura de Gobierno para uso comunicacional. El Jefe de Gabinete Marcos Peña ante el cuestionamiento general a la medida argumentó que no hay ninguna mala intención en ella y prueba de esto es que no ocultaron la medida, la publicaron en el Boletín Oficial, fueron transparentes.

Lo que dice Peña es que el acto virtuoso de la transparencia traslada su virtud al contenido accesorio de ese acto, que es otro acto, el de la acción política, el uso de la base de datos del ANSES. Como se observa estamos frente a dos cosas, una primera que es considerada investida de virtud absoluta, la transparencia, que vuelve virtuoso todo otro acto segundo.

trans3El Ministro Aranguren es transparente cuando dice que quien no tenga para comprar nafta que no compre, el Presidente del Banco Central se muestra transparente cuando sostiene que tiene millones de dólares en el exterior pero que no piensa traerlos porque no siente suficiente confianza, la ministra Bullrich es transparente cuando advierte que va a buscar uno por uno a tuiteros que amedrenten con sus mensajes, son transparentes los funcionarios o ideólogos neoliberales que le dicen a los pobres que vivían una ficción de creer que podían acceder a consumos y servicios solo reservados para otro nivel económico superior,  y también lo es el Presidente Macri cuando de manera transparente se incluye en un delito al afirmar ante inversores que “debemos” dejar de escondernos aludiendo a quienes evaden impuestos fugando plata.

En todos estos casos y tantos otros la transparencia es considerado un acto blanqueador de acciones de dudosa licitud, opacas o al menos controvertidas, como es el uso inadecuado de datos personales, la evasión, la persecución, la exclusión social.

Trans5El máximo exponente del uso del concepto transparencia como legitimador de acciones es la parte del discurso oficial que habla de “transparentar la economía”, que en el lenguaje del PRO significa que los aumentos de precios y tarifas, la apertura comercial, la toma de deuda y el despido de empleados del Estado, entre otras políticas, son acciones virtuosas en sí mismas porque han sido precedidas del acto/cosa de la transparencia.

La figura de transparentar la economía es la de un vidrio opaco, sucio, detrás del cual se encuentra la economía argentina, y el actual gobierno se tomó el trabajo de limpiar ese vidrio hasta volverlo completamente transparente para que detrás de él emerjan  visibles, en alta definición, las políticas neoliberales, que están allí, transparentes, luminosas, que siempre han estado allí pero que no podíamos verlas por la opacidad de otras políticas, erróneas claro, que no dejaban ver “la realidad”, la única realidad posible porque “eso es la economía”, políticas naturales, inevitables. En base a este pensamiento el gobierno no tiene responsabilidad por las consecuencias en la aplicación de las políticas económicas neoliberales sino que su única responsabilidad, por supuesto positiva, ha sido tomar la decisión virtuosa de transparentar la economía.

La transparencia vista como acción virtuosa absoluta se ha convertido en uno de los grandes ejes conceptuales del macrismo, un mega procedimiento/acción que baña con su positividad toda acción política consecuente. Es la Teoría del Derrame, tan cara al corazón de la derecha global, pero aplicada al discurso.

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  • 29
  • Jul
  • 2016

Este filósofo francés es el único que puede explicar el fenómeno Donald Trump

Por Jedd Legum para Think Progress

TrumpWWE31Donald Trump tiene perplejos a los expertos políticos.

Los expertos han estado prediciendo su caída durante meses. Cada “metida de pata” que supuestamente iba a destruir su apoyo sólo lo ha hecho más fuerte. Trump sigue dominando las urnas.

Usted no encontrará a Roland Barthes en las mesas de análisis de la carrera presidencial en los diarios del domingo por la mañana. Barthes es un filósofo francés que murió en 1980. Sin embargo, su trabajo puede ser la clave para entender la popularidad de Trump y su poder de permanencia.

Barthes es mejor conocido por su trabajo en la semiótica, el estudio de los signos y símbolos. Pero no se limita a largos tratados esotéricos. Más bien, Barthes publicó gran parte de su trabajo en piezas cortas y accesibles para descomponer los elementos de la cultura popular.

Su más famoso ensayo, publicado en su libro Mitologías 1957, se centra en la lucha libre profesional. ¿Podría un ensayo acerca de la lucha libre profesional ser la clave para la comprensión de la cuestión Trump? Vale la pena señalar que, antes de que fuera candidato presidencial, Trump fue un participante activo en la WWE (una empresa de entretenimiento deportivo en la que se agrupan uno de los más populares staff de lucha libre televisiva de Estados Unidos). En 2013, Trump fue incluido en el Salón de la Fama de la WWE.TrumpWWE4-638x441

En su ensayo, Barthes contrasta la lucha libre profesional con el boxeo.

El público sabe muy bien la distinción entre la lucha libre y el boxeo. Se sabe que el boxeo es un deporte basado en una demostración de la excelencia. Uno puede apostar sobre el resultado de un combate de boxeo, pero apostar en la lucha libre no tendría ningún sentido. Una pelea de boxeo es una historia que se construye ante los ojos del espectador; la lucha libre, por el contrario, debe enfocarse en cada momento, no importa el paso del tiempo, no importa su transcurrir. La conclusión lógica de la lucha no le interesa al fanático, mientras que por el contrario un combate de boxeo siempre implica una ciencia del futuro. En otras palabras, la lucha libre es una suma de espectáculos, uno tras otro, cada momento impone el conocimiento total de una pasión que consiste en mantenerse en pie y solo, sin tener necesariamente que esperar hasta el momento culminante de un resultado.

En la actual campaña, Trump se está comportando como un luchador profesional, mientras que los oponentes de Trump están llevando a cabo la carrera como si fuese un combate de boxeo. A medida que el resto mide su siguiente golpe, Trump se cubre la cabeza con una silla de metal.

TrumpWWE2Otros en el campo republicano se manejan en base a las normas y la construcción de una estrategia que, según dichas normas, dará lugar a la nominación. Pero Trump no se ocupa de esas cosas. En su lugar, Trump se centra en cada momento y la obtención de la máxima cantidad de pasión en ese momento. Sus partidarios lo aman.

La clave para generar la pasión, según Barthes señala, es posicionarse para hacer justicia contra las fuerzas del mal por cualquier medio necesario. “Los luchadores saben muy bien cómo manejar la capacidad de indignación del público llevando al límite el concepto de Justicia”, escribe Barthes.

Trump sabe cómo definir su oponente: China, los “ilegales”, los gestores de fondos financieros,  y se compromete a ir tras ellos con una violencia desenfrenada. Si para lograrlo se deben cruzar algunos limites, mejor que mejor.

Para un luchador profesional, la energía lo es todo. Un fanático de lucha libre está menos interesado en lo que está sucediendo, o en la coherencia de cómo un hecho conduce al siguiente, que en el hecho de que algo está pasando. Es en ese sentido que Trump se entrega por completo. Él es omnipresente en la televisión, y cuando no puede hacerlo en frente de la cámara, llamará a los medios para saliral aire. Cuando no está en la televisión, está twitteando alardes, insultos e incongruencias. Cuando se queda sin cosas que decir, hace retweets de comentarios al azar de sus seguidores.

A lo largo de esas manifestaciones el insulto favorito de Trump – que ha empleado en varias ocasiones contra Jeb Bush y, más recientemente, contra Ben Carson – es que sus oponentes tienen “baja energía”.

TrumpWWE1-638x432La acción frenética es suicida para un boxeador, y también para un político tradicional. Pero Trump no está afectado por estas limitaciones. El puede decir la cosas más locas, Trump puede sugerir a una popular presentadora de Fox News que le hizo una pregunta difícil que estaba menstruando, por ejemplo, y a los partidarios de Trump les encanta.

Algunas peleas, entre los luchadores más exitosos, están coronadas por una escena final, una especie de fantasía sin límites, donde las reglas, las leyes del género, se suprimen, desaparece el árbitro y los límites del ring, desbordando hacia el pasillo y llevando a todos afuera en tropel, a luchadores, segundos, el árbitro y los espectadores.

Pero ¿por qué no pueden ver los votantes que lo que ofrece Trump es sólo una actuación? Como ilustra Barthes, eso es hacer la pregunta equivocada.

Es evidente que en tal circunstancia ya no importa si la pasión es genuina o no. Lo que el público quiere es la imagen de la pasión, no la pasión misma. La verdad no es un problema en la lucha libre ni en el teatro.

Esta analogía revela por qué los ataques a Trump son tan ineficaces. Recientemente, Rand Paul y otros han empezado a llamar a Trump como un “actor”, en lugar de un candidato legítimo. Esto es como correr en el medio del ring durante una pelea de WWE gritando: “¡Todo esto es falso!”. Estás en lo correcto, pero no tendría ningún sentido ni será bien recibido.

Uno de los puntos centrales del análisis de Barthes es que el boxeo -con sus reglas tradicionales y el decoro- no es moralmente superior a la lucha libre profesional. De hecho, a pesar de su artificio, se podría argumentar que la lucha libre hoy en día expresa una búsqueda más noble que el boxeo, que es una actividad irremediablemente corrupta y dominada por abusadores domésticos y misoginos.

Del mismo modo, Trump es capaz de tomar ventaja de la disfunción evidente del sistema político tradicional. En 2016, los candidatos se han visto ensombrecidos por la financiación  masiva que a menudo dependen de unos pocos grandes donantes. Muchos candidatos republicanos tienen posiciones compatibles con esta élite de aportantes, pero no el electorado en general.

En comparación con este sistema, las cosas que Trump está ofreciendo: pasión, energía, sentido de justicia, pueden no parecer tan malas.

Roland Barthes ha muerto hace 35 años, pero tiene algo que decir.

 

 

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  • 10
  • Jul
  • 2016

En estos siete meses de gobierno macrista aquellos que no lo votamos nos hemos visto desagradados y sorprendidos no ya por sus políticas económicas, sociales o culturales, que eran previsibles, y seguramente por eso no lo votamos, sino por las manifestaciones públicas de funcionarios de gobierno o caracterizados adherentes que han ejercido un discurso llano y directo que inclusive ha impactado, positiva o negativamente, en gran parte de sus propios votantes: el discurso de la derecha.

derechaEs tiempo de asumir como ciudadanos que en lugar de escandalizarnos con ese discurso debemos comprender que estamos siendo gobernados por un grupo de dirigentes con ideas de derecha, con convicciones de derecha, que no son oportunistas o que no están acorralados para ejecutar esas políticas como sucedió en otros tiempos de nuestra historia, sino que lo hacen sin tapujos suponiendo honestamente que eso es lo que se debe hacer. Quizás en lugar de cuestionar al gobierno por ser de derecha debiéramos pensar qué cosa anida en nuestra sociedad para decidirse a elegir un gobierno de derecha.

Escuchamos al Ministro de Energía decir que si a una persona el precio de la nafta le resulta caro debe dejar de comprar, o a la Vicepresidenta decir que hay que decirle a la gente pobre que era una mentira que podía vivir de “esa forma” eternamente, o a un clásico ideólogo de la derecha económica como Javier Gonzalez Fraga decir que se le había hecho creer al “empleado medio” que se podía comprar plasmas o tener celulares de última tecnología, o al Ministro de Finanzas sostener que un brutal aumento de tarifas equivale a “dos pizzas” o afirmar que “el trabajo sucio” (por el ajuste y la fabulosa transferencia de recursos a los más ricos) ya estaba hecho, o la visión de descartar cualquier tipo de intención delictiva en la acción de sacar dinero del país para depositarlo en paraísos fiscales.

Todo esto nos escandaliza cuando debiera resultarnos normal, porque son ideas de la derecha en un gobierno de derecha. ¿Qué otra cosa podríamos esperar?

michettPero ¿por qué nos escandalizamos? Porque aunque suene sorprendente la Argentina no ha tenido gobiernos de derecha elegidos democráticamente desde la Ley Saenz Peña para aquí, y aquellos que siendo elegidos viraron hacia políticas de derecha, como sucedió con Frondizi o Menem, lo hicieron manteniendo una discursiva alejada de ese entramado ideológico.

Incluso hasta buena parte de las diversas dictaduras que supimos conseguir en el siglo XX ocultaban su impronta de derecha detrás de un discurso bañado por la retórica de la defensa de la nacionalidad en peligro y la construcción del ser argentino.

El actual gobierno encabezado por Mauricio Macri es claramente un gobierno de derecha, que prometió ejecutar políticas de derecha y que con más del 50% de las voluntades electorales se siente legítimamente avalado para no esconder lo que piensa, y decirlo; aún cuando ni la mayor parte de los funcionarios de gobierno y la mayor parte de sus votantes no se asuman a sí mismos como de derecha, lo cual sería materia de análisis de algún psicólogo.

vdalA algunos les resultará chocante que en los siete párrafos anteriores haya utilizado catorce veces la palabra “derecha”, porque como nos han dicho repetidas veces no existen más las derechas y las izquierdas… Al menos eso es lo que la “inteligencia” global nos viene explicando desde 1980, que las ideologías han muerto y que la Historia ha llegado a su fin en el mejor sistema posible, que es la democracia liberal…de derecha.

El filósofo italiano Ernesto Bobbio, escribió en 1994 un interesante y breve libro llamado “Derecha e Izquierda”, bien avanzada ya la ola neoliberal global que nos indicó que felizmente no hay otra alternativa a este mundo de hoy, y que la sociedad no existe porque somos seres libres capaces de llevar adelante nuestra vida responsablemente en base a nuestras exclusivas decisiones, porque  “Sí, se puede”.

macri villaVolviendo  a Bobbio, él analiza como las diferencias entre derecha e izquierda siguen existiendo y explica con especial claridad en qué consisten esas diferencias, basadas en dos cuestiones centrales del pensamiento político: la igualdad y la libertad.

Para Bobbio la forma de distinguir entre políticas de izquierda y de derecha es identificar cuál es su posición frente al ideal de la igualdad, entendiendo que frente a la problemática de la igualdad uno debe hacerse tres preguntas:

  1. Entre quiénes nos proponemos repartir bienes o impuestos.
  2. Qué bienes o impuestos vamos a repartir.
  3. Qué criterio utilizaremos para repartirlos.

Es decir que ningún proyecto político “puede evitar responder a estas tres preguntas: «Igualdad sí, pero ¿entre quién, en qué, basándose en qué criterio?»”.

Las respuestas a estas tres preguntas pueden ser variadas: “los sujetos pueden ser todos, muchos o pocos, o incluso uno solo; los bienes a repartir pueden ser derechos, ventajas o facilidades económicas, posiciones de poder; los criterios pueden ser la necesidad, el mérito, la capacidad, la clase, el esfuerzo, y otros más”. Inclusive se puede tomar la posición extrema de responder a la última pregunta con la respuesta “sin ningún criterio”, es decir, dar a todos lo mismo, que sería el llamado “igualitarismo”, que es claramente una visión utópica de la igualdad, la “igualdad de todos en todo”, una mera declaración de intenciones sin aplicación real posible. Del mismo modo ponerse en la otra posición extrema de una feroz desigualdad nos lleva a una sociedad distópica, la utopía al revés, un sistema cruel y apocalíptico.

Por eso debemos concentrarnos en cómo un proyecto político responde a las tres preguntas sobre el ideal de igualdad, ya que “cuando se le atribuye a la izquierda una mayor sensibilidad para disminuir las desigualdades no se quiere decir que ésta pretenda eliminar todas las desigualdades o que la derecha las quiera conservar todas, sino como mucho que la primera es más igualitaria y la segunda es más desigualitaria”.  “Por una parte están los que consideran que los hombres son más iguales que desiguales, por otra los que consideran quantropologa-poltica-bobbio-3-728e son más desiguales que iguales”.

A esta distinción debe sumársele la posición que entiendo más sustancial en este análisis de qué significa la derecha política, que es la valoración que hace la derecha sobre la desigualdad abrazándose a la idea de una igualdad-desigualdad natural en lugar de una igualdad-desigualdad social.

La izquierda parte “de la convicción de que la mayor parte de las desigualdades que lo indignan, y querría hacer desaparecer, son sociales y, como tales, eliminables”, la derecha en cambio “parte de la convicción opuesta, que las desigualdades son naturales y, como tales, ineliminables”.

La derecha se afirma en el criterio de que las diferencias entre las personas son naturales o bien se afirman en una “segunda naturaleza que es la costumbre, la tradición, la fuerza del pasado”. La desigualdad entonces tiene motivaciones naturales o está consagrada por la fuerza de la tradición, por lo establecido, y por ende indubitable. De esta conclusión se extiende que la pobreza no puede transformarse sino solo gestionarse.

Otro factor que permite identificar el pensamiento de derecha además del de la desigualdad es el ideal de libertad.

En general cuando se establecen políticas que son proclives a ampliar los espacios de igualdad estas políticas restringen en mucho o poco la libertad de elección del ámbito privado, es decir, aplicar decisiones a favor de mayor igualdad afecta la libertad de algunos para beneficiar el acceso en igualdad de otros.

Lo particular es que la libertad es un principio intrínsecamente desigual, porque “la libertad privada de los ricos es inmensamente más amplia que la de los pobres. De esto surge que la pérdida de libertad golpea naturalmente más al rico que al pobre, al cual la libertad de elegir el medio de transporte, el tipo de escuela, la manera de vestirse, se le niega habitualmente, no por una pública imposición, sino por la situación económica interna de la esfera privada”.  Por eso la derecha suele hacer centro de su discurso más a las políticas de libertad que a las de igualdad, porque las políticas de igualdad tienen “como efecto el delimitar la libertad tanto al rico como al pobre, pero con esta diferencia: el rico pierde la libertad de la que gozaba efectivamente, el pobre pierde una libertad potencial” que en la realidad le es muy difícil practicar.

bobbioEste desarrollo que hace Bobbio para identificar en qué consiste el pensamiento de la derecha política permite claramente relacionar el pensamiento del gobierno de Macri con esa derecha.

Es la derecha que dice que los pobres no tienen derecho a consumos de otras clases superiores en realidad no está insultando a los pobres sino declarando lo que piensa y entiende sobre la vida de una sociedad.

La derecha no pretende modificar la vida de los que menos tienen, sino convencerlos de que en base al uso de su libertad podrán salir de su subordinada condición, de cuya responsabilidad son los propios arquitectos. “Sí, se puede”, y si no se puede es porque no saben hacer uso de la libertad para lograrlo, por lo tanto son responsables de su suerte; no es la sociedad la que genera pobres y desiguales, sino los propios pobres son los causantes de su condición y por ende culpables de su posición social, y por supuesto los ricos serían exitosos por sus capacidades de utilizar su libertad para enriquecerse.

El gobierno macrista se hizo las tres preguntas de Bobbio, ¿entre quién, en qué, basándose en qué criterio?, para decidir sus políticas: Entre quién, entre los poderosos, en qué, los recursos que estaban siendo absorbidos por el Estado, con qué criterios, el del mérito y la responsabilidad individual.

Por eso no es la indignación o el enojo lo que corresponde frente a las políticas del macrismo, sino el adecuado encuadramiento ideológico, el macrismo es la ordinaria expresión de la derecha liberal.

Durante décadas en la Argentina hemos hablado de la derecha, esa que nadie parece querer asumir, hoy la tenemos gobernando, es tiempo de comprenderlo, con la ignominia no alcanza.

(Texto entrecomillado extraído de Bobbio, Norberto, “Derecha e Izquierda. Razones y significados de una distinción política”. Taurus, Madrid, 1995) 

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