• 15
  • may
  • 2012

La visita a Angola que prepara Cristina Kirchner ha desatado una corriente de cuestionamientos opositores haciendo hincapié, entre otros argumentos, en el carácter no democrático del gobierno angoleño. ¿Por qué se le cuestiona a Angola lo mismo que se prefiere ignorar a China?

El gobierno argentino ha encarado una misión comercial a Angola, que incluye la próxima visita presidencial a ese país africano, ex colonia portuguesa independizada tardíamente en 1975 momento en que comienza una larga guerra civil que dura hasta el umbral del siglo XXI, finalizada formalmente en 2002, y cuyo Presidente José Dos Santos se encuentra en el poder desde 1979.

La economía de Angola es 49% petróleo y 5% diamantes; y como tal es uno de los países miembros de la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo). Una vez concluida la guerra civil el crecimiento productivo del país fue irrefrenable, y desde 2002 al 2006 creció la friolera de un 89%, según datos del FMI, colocándose como la tercera economía subsahariana detrás de Nigeria y Sudáfrica. Ha establecido líneas de crédito con China, Brasil, Portugal, Alemania, España y los Estados Unidos. Sus principales clientes son China, Estados Unidos y Francia, en ese orden. En el caso de China, Angola se ha convertido en el principal proveedor de petróleo de la economía más dinámica del planeta, lo cual explica su persistente crecimiento que para 2011 se estimó en el 11%

Contrastando con ese boom económico la deuda social de Angola es enorme, con un índice de Desarrollo Humano categorizado como bajo, ocupa el puesto 143 entre 182 naciones, más del 40% de su población está por debajo de la línea de pobreza y la esperanza de vida no alcanza los 50 años.

Hasta aquí un panorama de este país africano, que hasta hace dos décadas estaba en las noticias de prensa a raíz de su sangriento conflicto interno y hoy lo está por su evolución económica.

Frente a este panorama aparece la intención del gobierno argentino de acercarse comercialmente a este país emergente del África, como lo han hecho tantos otros. El pasado mes de abril visitó Angola el Presidente de la Comisión Europea de la UE con el fin de fortalecer la cooperación entre Angola y Europa, en octubre pasado Dilma Roussef, Presidenta de la sexta economía mundial visitó Angola, del mismo modo que lo hizo en noviembre de 2010 el vicepresidente chino Xi Jinping, mientras la propia ex colonia se ha lanzado a invertir en la vieja metrópoli portuguesa.

Sin embargo en nuestro país la anunciada misión comercial a Angola, que contó con un viaje inicial del Secretario de Comercio, Guillermo Moreno, y culmina con la visita presidencial, ha sido no solo criticada sino hasta ridiculizada por la prensa opositora y algunos políticos de la oposición. En todos los casos se hace especial hincapié en un factor dejándose traslucir un segundo: en el primer caso se puntualiza que en Angola gobierna una dictadura en el poder por tres décadas, en el segundo se supone que ir a establecer vínculos comerciales con un país de la antiguamente llamada “África Negra” es desdoroso, dejando trasuntar una clara visión etnocéntrica más propia de Europa que de América Latina.

Para el primer argumento, el que habla de la falta de democracia en Angola, se trata de una doble moral de políticos y periodistas, para el segundo simplemente se trata de ignorancia, como se pudo observar en la descripción de la evolución económica angoleña de la última década.

Cuando se intenta impugnar la presencia comercial de Argentina en un país gobernado por una seudodemocracia como es Angola se omite considerar que el primer cliente de nuestra economía y el primer cliente de cada una de las grandes economías del mundo, que es China, la locomotora económica del planeta, también es una seudodemocracia.

En China no se respetan las libertades individuales, está limitada la libertad religiosa, los dirigentes del país son elegidos por el poderoso Partido Comunista Chino (PCCh) sin participación popular, está coartada la libertad de expresión, la Internet está controlada, en las cárceles hay presos políticos, existe la pena de muerte por delitos comunes, se encarcela a disidentes y existe un sector del territorio que se supone una nación libre sojuzgada con sus líderes exiliados, como es Nepal.

La economía china es formidable pero las desigualdades también. El 1% de su población controla el 60% de la pobreza, es uno de los países más contaminados del planeta y cuenta con cerca de 300 millones de pobres.

Sin embargo a ningún medio ni a ningún político argentino se le ocurriría cuestionar, sino todo lo contrario impulsar y celebrar, el creciente vínculo comercial que una a China con Argentina.

¿Acaso la convicción democrática de cierta prensa y políticos argentinos es válida para impugnar a la emergente Angola como socio comercial pero no a la gigantesca potencia China? ¿Oportunismo? ¿Hipocresía? ¿Ignorancia?

Pareciera que sus convicciones democráticas tuvieran un precio, por encima del cual todos los gatos son pardos.

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  • 12
  • may
  • 2012

Decir las cosas a medias, sugerir sin mostrar, sí pero no, tirar la piedra y esconder la mano, silbar y mirar para arriba, tocar timbre y salir corriendo; todas formas en las que las personas hacemos o decimos sin hacer o decir.

En las conductas cotidianas estos comportamientos hasta pueden resultar prudentes y necesarios para la adaptación social. En última instancia uno no puede ir por la vida diciendo todo lo que piensa, haciendo todo lo que quiere. Uno no vive solo.

Pero hay un espacio en el que este comportamiento adaptativo deja de ser virtuoso para volverse cuestionable, y ese espacio es el de las ideas.

Los intelectuales están para exponer su pensamiento, sus reflexiones, sin filtros, están para molestar, incluso a veces, despiadadamente. Están para lo que el filósofo argentino Tomas Abraham llama “ser disonante”, tocar una nota diferente a la del resto.

Cuando un intelectual dice, se hace cargo de su decir, de su pensar; pero cuando un intelectual dice a medias, cuando sugiere sin exponer, cuando avanza pero retrocede, cuando toca el timbre de su reflexión y corre huyendo entre avergonzado y culposo, estamos frente a quien no se hace cargo de su propio pensamiento, estamos frente a una cobardía intelectual.

El pasado martes 8 de mayo la socióloga argentina Beatriz Sarlo escribió un artículo en el diario La Nación sobre Malvinas y un cuestionado spot promocional de las olimpiadas. En ese artículo cuestiona el spot y cuestiona la política del gobierno nacional sobre Malvinas, y en un momento de su relato trae a colación la utilización que hizo el gobierno nazi alemán en 1936 de los Juegos Olímpicos de ese año llevados a cabo en la ciudad de Berlín.

Sarlo comienza a transitar el camino de la analogía entre los Juegos de 1936 y los de 2012, y entre el gobierno hitleriano y el kirchnerista, pero un párrafo más adelante se detiene y afirma “me apresuro a aclarar que estoy lejos de pensar que el gobierno de CFK tenga algo que ver con el nazismo”.

¿Por qué razón entonces Sarlo incorporó a su reflexión aquel hecho histórico de 1936 si no tenía ninguna intención de comparar una cosa con la otra? Extraño comportamiento de la intelectual estrella de la oposición mediática argentina, que dice sí pero no, que arranca y pone marcha atrás, que orejea los naipes y se va al mazo.

Valentía intelectual es exponer el pensamiento si se está en seguridad de ello, si se confía en sus argumentos, si se supone certeza. Ahora, si el intelectual se desdice entre un párrafo y el siguiente, si está a punto de revelar el secreto pero decide comerse el papel, estamos frente a un acto de cobardía intelectual o un fabuloso festival de fuegos de artificio.

Algo parecido sucedió en esta misma semana con el filósofo disonante Tomas Abraham, en un reportaje editado por la Revista Ñ, del grupo Clarín, en su nota de tapa.

Abraham afirma como al pasar en un extenso reportaje de cuatro páginas, que el formato del discurso del gobierno kirchnerista “donde todo se lee como lealtad o traición. Es típico de los regímenes fascistas”.

Otra vez, Abraham anuncia revelar el misterio, pero allí se queda… ¿Se trata solo de un discurso fascista o hay algo más que eso? ¿Un discurso fascista hace a un gobierno fascista? ¿Abraham piensa realmente que el gobierno de Cristina Fernandez es fascista?

Abraham, como Sarlo, tira la piedra de su pensamiento y esconde la mano de su responsabilidad intelectual, aunque a diferencia de Sarlo no anuncia que acaba de esconder la mano. Más elusivo él que ella simplemente deja caer el concepto, “fascista”, como ella deja caer la analogía con “los nazis”.

Cualquier análisis semiológico o psicológico del discurso del tándem Sarlo-Abraham develaría que ambos creen que Argentina vive un proceso político nazi-fascista.

Pero no lo dicen, lo dejan traslucir, que si pero que no, dejan caer la palabra “nazi” o la palabra “fascista” en medio de otras miles de palabras, como perdidas y confundidas en el conjunto, culposos hasta de la desmesura de su propia reflexión a la que los ha arrastrado la dinámica de la disonancia, como diría el propio Abraham.

La cobardía intelectual no es decir lo que se piensa, aunque lo que se piense pueda ser valorado negativamente, la cobardía intelectual radica en no hacerse cargo de ese pensamiento que se sugiere y se deja caer despreocupadamente en gotas, pero del que finalmente se termina huyendo mirándolo con horror hacia su propio interior por encima del hombro.

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  • 23
  • abr
  • 2012

¿Se puede escapar de lo ficcional al narrar? En artículos escritos a lo largo de medio siglo, Hayden White examina cuánto hay de literatura en la escritura de la historia.

Seguramente, el historiador estadounidense Hayden White estaría de acuerdo con el melancólico conde Augustus, personaje de la Baronesa Karen Blixen, quien bajo el pseudónimo de Isak Dinensen escribía: “He aprendido que no es posible pintar un objeto concreto, digamos una rosa, sin que yo, o cualquier crítico inteligente, podamos determinar, al cabo de veinte años, en qué período fue pintado o, más o menos, en qué lugar del mundo”.

Dicho en las palabras de Borges y para los acontecimientos de la historia que eran los que interesaban especialmente al crítico norteamericano, “el hecho, acaso melancólico, de que al cabo del tiempo, el historiador se convierte en historia y no sólo nos importa saber cómo era el campamento de Atila sino cómo podía imaginárselo un caballero inglés del siglo XVIII”. Agrega que hubo épocas en que se leían las páginas de Plinio en busca de precisiones. Hoy las leemos en busca de maravillas, y ese cambio, para el pícaro Borges, no ha vulnerado en absoluto la fortuna de Plinio.

Con un título que se parece a un programa, La ficción de la narrativa: ensayos sobre historia, literatura y teoría podemos acceder a cincuenta años de trabajo ininterrumpido de un teórico que revolucionó el campo de la historiografía. Su obra Metahistoria: La imaginación histórica en la Europa del siglo XIX (1973) es un libro obligatorio para aquellos interesados en el campo de la historia, la literatura y su mutua dependencia. La ficción…recopila artículos inéditos que abarcan el medio siglo que va desde 1957 al año 2007.

Una manera de mirar el problema central de la obra de White es, por supuesto, preguntarse cuánto hay de literatura en la escritura de la historia. Sin embargo, para White, para quien en todo caso no se trataría de ninguna rebaja de la historia como disciplina, se trata más bien de preguntarse cuánto de historia, es decir, de verdad, hay en la literatura. En todo caso, cómo escapar (si es que ello fuera del todo posible y necesario) de este cuerpo extraño que se considera meramente “lo ficcional”.

La argumentación de White es doble: la narrativa como forma no tiene nada de natural; no relata simplemente cómo han sido las cosas y lleva su gran parte de ficción (incluso su mayor parte). Pero, por el contrario, lo ficcional no es mera obra de la imaginación y tiene su propio contenido cognitivo y de verdad. Por otra parte, literatura e historia están lejos de ser dos formas inmutables y tienen su fecha de nacimiento. Diríamos incluso que la misma fecha de nacimiento. Sería a todas luces profundamente anti-histórico pensar que la forma de reflexión histórica que se adoptó en el siglo XIX era la forma definitiva que tenía que adoptar para todos los tiempos. Para el problema de las crónicas literarias, por ejemplo, el punto inaugural sólo puede constituirse por una decisión de parte del cronista de tratar algún acontecimiento o conjunto de acontecimientos como representando el tiempo y el espacio en el cual aparece el fenómeno netamente “literario”, en oposición a los fenómenos “verbales” en general en la vida de un pueblo, una cultura o una civilización.

La literatura concebida como la alternativa artística del lenguaje ordinario o cotidiano fue un invento también del siglo XIX. Un invento que ponía en peligro a la historia como disciplina seria y que minaba implícitamente toda pretensión de un discurso lingüísticamente inocente. White, un relator también a su manera, nos relata cómo cuanto más realista se volvía la literatura tanto más se esforzaban los historiadores por distinguir de ella su propio discurso. Los novelistas románticos podían resultar ofensivos sólo porque presentaban lo imaginario bajo el aspecto de lo real. Los novelistas realistas, mucho más peligrosos, por el contrario, presentaban lo real bajo el aspecto de lo imaginario. White, que considera que la historia debería ser una preocupación de todo ciudadano culto y que está por supuesto en contra también de esa otra idea, cientificista, de que la obligación de la historia es relatar el progreso triunfante de su especialidad desde los orígenes hasta, digamos, ellos mismos, corta el nudo gordiano argumentando sólidamente que cada conjunto de acontecimientos puede tramarse de muchas maneras sin violentar por ello su facticidad.

No todo puede decirse en todo momento; pero la cultura nos provee de distintas tramas con las cuales sistematizar esos acontecimientos. White considera que al elegir la trama, al convertir en tragedia o comedia nuestro pasado, elegimos también nuestro presente. Al construir nuestro presente afirmamos nuestra libertad. Al buscar una justificación retroactiva para el pasado, nos despojamos, silenciosa y peligrosamente, de la libertad que nos permitió convertirnos en lo que somos.

Extraído de Revista Ñ 446. Por Santiago Bardotti
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  • 14
  • abr
  • 2012

México es un país en guerra consigo mismo.

Gobierno, policía, narcos, militares, secuestros, tráfico de personas, fosas comunes, matanzas, corrupción.

  • Casi 50.000 personas han muerto desde 2006 por efecto de la guerra contra el narcotráfico
  • 14 mujeres mueren por día por la violencia de género
  • Más de 6.000 personas mueren por año a manos de los narcos
  • Ciudad Juarez, en la frontera norte con Estados Unidos, ha sido catalogada como la ciudad más peligrosa del mundo.
  • Más de 700 jóvenes de entre 15 y 17 años al servicio de los carteles de la droga fueron asesinados.
  • 160 mil empresas se fueron de México en un año por efecto de la violencia.
  • Cada año los índices de violencia se incrementan un 10%.
  • La corrupción equivale al 9% del Producto Bruto Interno y se relaciona con sobornos a políticos, policías, jueces y militares.
  • Las empresas erogan el 10% de sus ingresos en pagar sobornos.

El 30 de junio próximo 80 millones de mexicanos irán a las urnas para definir quién será el encargado de gobernar este país.

La organización social “Nuestro México del Futuro” realizó este video con niños en el que con toda claridad, y de manera inquietante, se ponen los puntos sobre las íes.

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  • 1
  • abr
  • 2012

Las Malvinas son argentinas… las Malvinas son argentinas…” Con esta frase a modo de precario insulto y juego perverso perseguíamos en 1967 por el patio de la escuela primaria a dos compañeritos de segundo grado en los recreos. Esos compañeritos eran dos mellizos ingleses, Atila y Olavi, de piel muy blanca y orejas apantalladas, que por el azar familiar de sus padres habían caído temporalmente en esta escuela pública del barrio de Barracas en la ciudad de Buenos Aires.

Esta anécdota personal revela cómo el tema Malvinas era parte del bagaje cultural de los niños y jóvenes argentinos antes de 1982, las generaciones para el cual Malvinas no era sinónimo de guerra.

Pero hay en Argentina una Generación de Posguerra, una generación nacida luego del conflicto bélico por Malvinas de 1982, son nuestros jóvenes y adolescentes que no habiendo vivido el desarrollo de la guerra han sido marcados por ella a la hora de pensar y sentir el tema Malvinas.

Al cumplirse 30 años del inicio de la Guerra de Malvinas, en una escuela de Burzaco, en el conurbano bonaerense, planteamos a las chicas y chicos que cursan su secundario, de entre 12 y 18 años, que nos dijeran tres conceptos con los que ellos identifican a las Malvinas, tres conceptos espontáneos que surgieran de su reflexión o de su sentimiento sobre el tema de las islas.

La idea era entender qué cosa es el tema Malvinas para las nuevas generaciones de posguerra, cómo construyen culturalmente este concepto, teniendo en cuenta que para los adultos que nacimos y crecimos antes de 1982 la guerra constituye un elemento central y poderoso de este tema, pero no lo resume.

Tomamos las respuestas de las chicas y chicos sobre el tema y las volcamos en un programa para generar una nube de conceptos en la cual poder visualizar gráficamente y con claridad cuáles eran esas ideas y sentimientos de mayor presencia en el inconciente colectivo de nuestras generaciones de posguerra.

El resultado es el que puede verse en la primera nube.

Nube Original

Nube original

Con mucha claridad se observa como la cuestión de la guerra tiñe profundamente el sentir de nuestros jóvenes sobre el tema Malvinas, “guerra” y “muerte” son las palabras más utilizadas a la hora de referirse a las islas, luego “injusticia”, “dolor” y “argentinas”, en un mismo nivel de importancia.

Indudablemente el espíritu de nuestros estudiantes de secundaria en referencia a este factor que forma parte integrante de la cultura argentina está absorbido por el impacto de la guerra.

Pero como decíamos al inicio no siempre ha sido así, antes de 1982 las Malvinas tenían para el argentino una referencia de otro tenor, menos trágica y más política.

La segunda idea fue entonces despejar la nube de las tres o cuatro palabras centrales vinculadas con la guerra  que los chicos habían manifestado en el proyecto, y el resultado fue el que se observa en la segunda nube.

Nube despejada

Nube despejada

En la segunda nube, ya sin el protagonismo de las ideas y sentimientos vinculados con la guerra asoman, como un sustrato latente, las palabras “Argentina”, “argentinas”, “usurpación”, “injusticia”, “pérdida”; y hasta tímidamente asoman conceptos tales como “patria”, “amor” y “derechos”.

Para los argentinos el tema Malvinas es un factor cultural profundamente enraizado en nuestra identidad, cumplidas tres décadas de la guerra es tiempo de empezar a recuperar la conciencia de que la cuestión Malvinas es una problemática que arrastra 180 años y que la guerra fue un episodio dramático en tiempos dramáticos de nuestra historia en medio de casi dos siglos de reclamos diplomáticos, y que por lo tanto Malvinas y Guerra no son sinónimos, porque mientras Malvinas siga vinculada a ideas como la muerte seguirán en sombras aquellas que deberán llevarnos algún día a su recuperación, las que se vinculen con conceptos como patria, amor, soberanía y justicia, esas que laten en el sustrato cultural de nuestros jóvenes adormecidas por el peso terrible de la guerra.

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  • 25
  • mar
  • 2012

 

En 1991 el filósofo francés Jean Baudrillard publicó una serie de artículos que fueron recopilados en un pequeño libro que se llamó “La Guerra del Golfo no ha tenido lugar“.

Por aquel año se desató la primera Guerra del Golfo que significó el ataque de los Estados Unidos gobernados por George Bush padre al Irak de Sadam Hussein, que había previamente invadido a Kuwait.

Esta guerra significó la primera acción bélica post-Guerra Fría, luego de la implosión un año antes de la Unión Soviética, y la nueva forma de mostrar una guerra, ocultando sus imágenes a los ojos del mundo.

De esto se tratan los artículos de Baudrillard, en los que analiza la naturaleza de la realidad y su tratamiento por los medios y por el Poder.

Para leer o descargar el libro de Baudrillard haga click AQUÍ

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  • 17
  • mar
  • 2012
El célebre antropólogo francés Claude Levi-Strauss, fallecido el año pasado luego de cumplir un centenario de vida, dejó sus ideas acerca de qué se entiende por Historia y su vínculo con la certeza y la subjetividad.

Nuestras sociedades ya no tienen mitos. Para resolver los problemas planteados por la condición humana y los fenómenos naturales, se remiten a la ciencia o, siendo más exacto, para cada tipo de problema se remiten a una disciplina científica especializada.

¿Siempre es así? Lo que los pueblos sin escritura piden a los mitos, lo que toda la humanidad les ha pedido en el transcurso de los cientos de miles de años de su larguísima historia, millones de años quizá, es que expliquen el orden del mundo que los rodea y la estructura de la sociedad donde nacieron, que demuestren su congruencia e inspiren la confiada certeza de que el mundo en su conjunto y la sociedad particular de la que son miembros permanecerán tal y como fueron creados al comienzo de los tiempos.

Mas cuando nosotros nos interrogamos acerca del orden social que nos es propio, apelamos a la historia para explicarlo, justificarlo o acusarlo. Esta manera de interpretar el pasado varía en función del medio al que pertenecemos, de nuestras convicciones políticas, de nuestras actitudes morales. Para un ciudadano francés, la Revolución de 1789 explica la configuración de la sociedad actual. Y, según juzguemos que esa configuración es buena o mala, concebimos de un modo u otro la Revolución de 1789 y aspiramos a distintos porvenires. En otros términos, la imagen que nos hacemos de nuestro pasado próximo o remoto está absolutamente emparentada con la naturaleza del mito. (…) Así, uno llega a preguntarse si una historia objetiva y científica es posible o si, en nuestras sociedades modernas, la historia no juega un papel comparable a aquel de los mitos. Lo que los mitos hacen para las sociedades sin escritura: legitimar un orden social y una concepción del mundo, explicar lo que las cosas son por medio de aquello que fueron, encontrar la justificación de su estado presente en un estado pasado y concebir el futuro en función de ese presente y, a su vez, de ese pasado, ese es también el papel que nuestras civilizaciones acuerdan a la historia. Con una salvedad, empero. Como he tratado de demostrar por medio de un ejemplo, si bien cada mito parece contar una historia distinta, a menudo descubrimos que se trata de la misma, con sus episodios ordenados de otro modo. A la inversa, creemos con suma naturalidad que no hay más que una historia, cuando en realidad, cada partido político, cada medio social y, a veces, cada individuo se cuenta una historia diferente y la utiliza, al contrario del mito, para darse motivos para esperar, no que el presente reproduzca el pasado ni que el futuro perpetúe el presente, sino que el futuro difiera del presente, así como el propio presente difiere del pasado.

La rápida comparación en la que acabo de detenerme entre las creencias de los pueblos que llamamos primitivos y los nuestros nos lleva a entender que la historia, tal y como la emplean nuestras civilizaciones, expresa menos verdades objetivas que prejuicios y aspiraciones. También en este caso, la antropología nos imparte una lección de espíritu crítico. Nos permite comprender mejor que el pasado de nuestra propia sociedad y también aquel de sociedades distintas no tienen una única significación posible. No hay una interpretación absoluta del pasado histórico, sino varias interpretaciones, todas ellas relativas.

Para concluir esta conferencia, permítanme una reflexión aún más aventurada. Incluso en lo que atañe al orden del mundo, la ciencia hoy pasa de una perspectiva intemporal a una perspectiva histórica…

Extracto de “La antropología frente a los problemas del mundo moderno”, citado por Revista Ñ N°442
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  • 27
  • feb
  • 2012

Elsa Punset no solo es la hija del conocido abogado, economista y divulgador científico Eduardo Punset, sino que es una licenciada en filosofía y letras graduada en Oxford y tiene una palabra con peso propio en el ámbito de las ideas, autora de “Brújula para Navegantes Emocionales¨ e “Inocencia Radical”

Ideas en discusión en tiempos abiertos al debate.

El periodista Jesús Quintero mantuvo una charla con Elsa Punset en su programa “El Loco Soy Yo” , vale la pena escuchar y reflexionar.


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  • 28
  • ene
  • 2012

El Premio Nobel de Economía Paul Krugman escribió una nota de opinión en el New York Times en el que cuestiona un par de ideas básicas de la nueva economía: primero que la economía del siglo XXI gira en torno a los “genios emprendedores”, y segundo que las grandes empresas son grandes creadoras de empleo.

Ni una cosa ni la otra.

Para Krugman la nueva economía sigue estando sustentada en la solidez de los conjuntos industriales productivos, no en los genios emprendedores como los casos de Jobs o Gates; y que la creación de empleo está ligada a estos conjuntos productivos, las redes de proveedores y la mano de obra calificada que esto requiere.

Por supuesto, Krugman desvela también que detrás de esta postura errónea que se repite insistentemente en el vocabulario político y los medios de comunicación, se esconde una ideología, de la derecha conservadora, que plantea la retirada del Estado en su compromiso de sostener con planes específicos de aportes a los conjuntos industriales estratégicos y a cambio propone el impulso del “emprendedor solitario y genial” reduciéndole la carga impositiva.

A continuación el texto completo del articulo de P. Krugman, que en su título original, Jobs, Jobs and Cars, juega con el nombre del último gran héroe emprendedor de la economía y la creación de empleos.

Jobs, empleos y automóviles.

Por Paul Krugman para NYT

Mitch Daniels, el ex director de presupuesto de Bush que ahora es gobernador de Indiana, contestó por los republicanos al Discurso del Estado de la Unión del Presidente Obama de la peor manera.
Para el Sr. Daniels trató de envolver el Partido Republicano en el manto del tardío Steve Jobs, a quien presentó como un gran creador de trabajo, que es una cosa que definitivamente no era Jobs .Y si nos preguntamos por qué Apple ha creado tan pocos empleos en Estados Unidos, tendremos una idea de lo que está mal con la ideología dominante la mayor parte de nuestra política.
El Sr. Daniels primero recriminó al presidente por su “desprecio constante de la gente de negocios”, que pasa a ser una completa mentira. Obama nunca ha hecho nada por el estilo. Continuó, “el difunto Steve Jobs -lo que es un nombre muy apropiado para él- ha creado más trabajo que todos los fondos de estímulo que el presidente ha establecido.”
Es evidente que el señor Daniels no tiene mucho futuro en el negocio de humor. Pero, más precisamente, cualquiera que lea el New York Times sabe que su afirmación acerca de la creación de empleo es completamente falsa: Apple emplea muy pocas personas en Estados Unidos.
Un gran artículo en The Times del domingo pasado expuso los hechos. Aunque Apple es ahora la más grande corporación de EE.UU., medida por el valor de mercado, sólo emplea a 43.000 personas en los Estados Unidos, un décimo de la cantidad de trabajadores que empleaba General Motors, cuando fue la empresa más grande de los EE.UU.
Apple, sin embargo, indirectamente emplea alrededor de 700.000 personas en sus diferentes proveedores. Por desgracia, casi ninguna de esas personas vive en los Estados Unidos.
¿Por qué Apple fabricación en el extranjero, y especialmente en China? Como explicaba el artículo, no se trata sólo de salarios bajos. China también ofrece grandes ventajas que se derivan del hecho de que gran parte de la cadena de suministro ya está ahí. Un ex ejecutivo de Apple explica: “¿Usted necesita un millar de sellos de goma? Esa es la fábrica de al lado. ¿Usted necesita un millón de tornillos? Es la fábrica que está a una cuadra.”
Esto es un territorio familiar para los estudiantes de geografía económica: las ventajas de los conjuntos industriales -en el que los productores, proveedores especializados, y trabajadores se amontonan en conjunto para beneficio mutuo- han sido un tema recurrente desde el siglo XIX.
Y la fabricación china no es el único ejemplo llamativo de estas ventajas en el mundo moderno. Alemania sigue siendo un exportador de gran éxito, incluso con los trabajadores cuyos salarios cuestan en promedio US$ 44 por hora,  mucho más que el costo promedio del salario de los trabajadores estadounidenses. Y este éxito tiene mucho que ver con el apoyo a sus empresas pequeñas y medianas -la famosa Mittelstand-  proveyéndose mutuamente a través de vías comunes y el mantenimiento de una fuerza de trabajo calificada.
El punto es que las empresas de éxito -o, en todo caso, las empresas que hacen una gran contribución a la economía de una nación- no existen en aislamiento. La prosperidad depende de la sinergia entre las empresas, en el conjunto,  no en el emprendedor individual.
Sin embargo, la actual visión del mundo de parte de los republicanos no tiene espacio para estas consideraciones. Desde la perspectiva del Partido Republicano, se trata de que el empresario heroico, como el personaje John Galt de la novela La Rebelión de Atlas, y al que vinculan con Steve Jobs, de tipo “creador de empleo” que muestran enormes beneficios y que, por supuesto, deberá ser recompensado con tasas impositivas inferiores a las pagadas por muchos trabajadores de clase media.
Y esta visión ayuda a explicar por qué los republicanos se oponen con tanta furia a la iniciativa política más exitosa de los últimos años: el rescate de la industria automotriz.
El caso de este plan de rescate -que el señor Daniels ha denunciado como “capitalismo de amigos”- descansaba fundamentalmente en la idea de que la supervivencia de cualquier empresa de la industria dependía de la supervivencia de la industria en general, “ecología” creada por el conjunto de productores y proveedores en el corazón industrial de Estados Unidos. Si General Motors y Chrysler se vienen abajo, probablemente gran parte de la cadena de suministro desbarrancará con ellos, y Ford seguirá el mismo camino.
Afortunadamente, el gobierno de Obama no dejó que eso suceda, y la tasa de desempleo en Michigan, que alcanzó un 14,1% cuando el rescate iba a entrar en efecto, se ha reducido a un porcentaje aún grande pero mucho más bajo, del 9.3%. Y detalles a un lado, gran parte del Discurso de Obama sobre el Estado de la Unión puede ser leído como un intento de aplicar las lecciones de ese éxito de manera más amplia.
Así que debemos estar agradecidos al señor Daniels por sus declaraciones del martes. Él incurrió en errores, pero al hacerlo, sin proponérselo, consiguió poner de relieve una importante diferencia filosófica entre las partes. Un lado cree que las economías de éxito se generan únicamente gracias a los empresarios heroicos, y el otro, que no tiene nada en contra de los empresarios, pero que cree que los empresarios necesitan un ambiente de apoyo, y que a veces el gobierno tiene que ayudar a crear o mantener ese ambiente de apoyo.
Y el escenario que se necesita es el de los héroes de negocios que encajen en los hechos.

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  • 25
  • ene
  • 2012

El 24 de enero en una conferencia en la ciudad de Berlín, Alemania, la directora gerente del FMI, Christine Lagarde hablando de la situación de los países de la Eurozona manifestó que los “recortes presupuestarios no hacen más que aumentar el riesgo de recesión” y aunque “algunos países no tienen alternativa y deben ajustar el gasto profunda y rápidamente, eso no vale para todos”. Aclaró posteriormente que “hay un buen número de países en los que el ajuste fiscal puede ser mucho más gradual”.
En el año 1979 la por entonces flamante Primer Ministra británica Margaret Thatcher pronunció en el lanzamiento de su plan de liberalización y ajuste de la economía su célebre frase “no hay alternativa” (There Is No Alternative), cuyo acróstico dará nombre a la doctrina neoliberal que reinará en casi todo el mundo de allí en adelante, la Doctrina TINA.
En 1980 Thatcher repitió reiteradas veces esa frase haciendo de ella el núcleo de su política y forjando aquella imagen de “Dama de Hierro” con la cual la recordará la historia.
La Doctrina TINA iniciada por Thatcher recorrió el mundo cual fantasma neoliberal en la década del 80 y especialmente en los 90.
En setiembre de 1993 el Secretario del Tesoro de Estados Unidos ; Paul O´Neil, expresó que, frente al fracaso del Estado intervencionista, “no hay alternativa viable” a las reformas de mercado, dato del cual había tomado nota Carlos Menem en Argentina cuando en octubre de 1991 incluyó en un discurso la frase “Sabemos que el camino es duro, pero sabemos que no hay otra alternativa”.
Tres décadas más tarde otra dama poderosa, viene a decir que sí hay otra alternativa al ajuste con recesión, al menos para algunos países.
Quizás Lagarde aún comandando el FMI siga teniendo algún recuerdo de su pasado en el Partido Socialista francés, o quizás finalmente se haya aprendido de que los pueblos buscan sus propias alternativas.
En esta misma Conferencia Christine Lagarde manifestó que los países de la Eurozona no crecerán en 2012, pero que sin embargo el mundo en su conjunto sí lo hará, y especialmente la región latinoamericana se caracterizará por ser una geografía en crecimiento.
Latinoamérica en el siglo XXI ha dejado en claro al mundo que hay otra alternativa al poder de los mercados y los ajustes neoliberales. La Directora Gerente del FMI tomó nota del cambio y corrigió la rígida Doctrina TINA, por ahora se trata solo de una modificación, quizás sea el comienzo de una rectificación.

 

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